Arrow

Publicado: octubre 30, 2013 de josemasaga en Serie
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Ya podéis verlo: la serie trata sobre Kant y la filosofía centroeuropea

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A veces pasa. Algo que debería repelerte, horrorizarte, aburrirte y causarte en general un enorme desinterés consigue, contra todo pronóstico, engancharte. Hablo de Arrow, una serie sobre un súper-héroe más bien sosainas de la factoría DC Cómics, que mientras escribo esto (¡qué ganas tenía de soltar esa frase!) comienza su segunda temporada. Todo un logro en un mercado (el estadounidense) copadísimo y más competitivo que las compañías telefónicas españolas. O algo.

CWTV es la productora de este bodrio, un canal que ha parido seriazas como Supernatural o Vampire diaries. Vamos, que tienen a los adolescentes dando botes de alegría. No voy a negar que me preocupa que mis gustos coincidan con el público estadounidense más joven, pero es que en el fondo soy un adulto con alma de joven. Eso, o que mi nivel de zombificación empieza a alcanzar cotas peligrosas.

Incluso aunque no hayáis leído un cómic en vuestra vida (de Green arrow o cualquier otro, da igual), la historia de Oliver Queen os va a sonar un poquito por lo menos. Que sí, ya veréis. Este insoportable niño pera naufraga en una isla supuestamente desierta, naufragio en el cual muere su amante y su padre, que resulta que era un hijo de puta importante (su padre, no su amante, que la pobre era simple como el asa de un cubo). Como bien nos enseñó Lost, ninguna isla es lo que parece; efectivamente, en este trozo de tierra en la costa del Mar de China hay más gente que en la guerra, y el patético Oliver se ve envuelto en sus tejemanejes.

La serie hace uso y abuso del manido recurso del flashback; sí, la acción transcurre en el presente, después de que Oliver Queen haya sido rescatado de la isla, pero los episodios nos retrotraen continuamente a sus infernales vacaciones involuntarias en la isla de marras. Esto es, con diferencia, lo más coñazo de la serie: las historietas repetitivas de cómo sobrevivió y se convirtió en una puta máquina de matar que habla mil idiomas y dispara el arco de tal manera que haría llorar a Antonio Rebollo, el señor que supuestamente encendió el pebetero en Barcelona 92. Señores de CWTV: no interesa a nadie. Si ya nos aburrió cómo la prota de Kill Bill aprendía Kung Fu, el cómo un pijo logra no convertirse en pasto de sanguijuelas durante 8 años es ya agua pasada que no mueve molino.

Hela aquí: la ex-novia sosainas

Hela aquí: la ex-novia sosainas

Total, que Oliver regresa, cariacontecido y contrito, con una misión: barrer su ciudad (Starling city, qué nombre más ñoño) de los colegas de su padre. Para no desentonar, simula seguir siendo un calavera, pero ahora se ha transformado en un chico bueno, que por las noches se toma la justicia por su mano (eso sí, muy al estilo Equipo A, intentando no matar a nadie). Al mismo tiempo, se tira a todo lo que se mueve, aunque sigue perdidamente enamorado de la sosa de su ex-novia, a la que puso los cuernos con su hermana (sí, la que murió en el naufragio… ¿empezáis a daros cuenta de lo que más pesa en esta serie, verdad?)

No voy a seguir desgranando el reparto, porque es a cada cual más tópico y triste. La madre que resulta ser también mala, la hermana que sigue los pasos de su hermano (en el aspecto de pija tonta, no de heroína reparte hostias), el sidekick negro del héroe (¡negro! ¿Tenía que ser negro, de verdad?), la cerebrito informática del grupo, el amigo de buen corazón que quiere estar a la altura pero no lo consigue, el malo malísimo que está convencido de la rectitud de su maldad… bueno, al final sí he hablado de los secundarios, cómo es el uso figurado del idioma, oye.

Los astutos productores de este canal se propusieron algo, y no sé en verdad si lo lograron, pero conociendo al público seguro que sí. Su insidioso plan era crear una serie que consiguiera sentar en el mismo sillón a ella y a él: para ella, la parte sensiblera, el tío bueno mostrando cachas a la menor oportunidad (sí, en serio, en cuanto puede se quita la camiseta), y la música de cantautora cuando hay escenas de llorar o de amor; para él, las fantasías masculinas de convertirse en un asesino letal aunque tengas treinta y pico años, las hostias como panes y las explosiones de baratillo, los escarceos sexuales del prota, y el puntito de entrega desinteresada y heroicidad. No me miréis mal, así son los estereotipos de pareja treintañera heterosexual actual, me limito a evidenciarlos.

¡Que no, que no soy caperucita, copón ya!

¡Que no, que no soy caperucita, copón ya!

Han parido 23 capítulos en la primera temporada. Sí, un dos y un tres: dos decenas y tres unidades. No hay serie que aguante actualmente ese ritmo, lo sé, y con más razón me fascina haberme tragado casi dos docenas de esta moñada. Mi psicólogo va a tener material para muchas sesiones. Lo increíble es que los planes pasan por volver a emitir otros veintitrés episodios en esta segunda temporada, y ahí es donde se termina mi imaginación y empieza mi asombro… de verdad, si ya me cuesta creer que hayan llenado esa carretada de emisiones de casi cuarenta y cinco minutos, no me cabe en la cabeza qué les queda por contar. Ya no queda nadie por morirse, o por ser traicionado por alguien, o por organizar una conspiración criminal y horrenda. Y de verdad, lo repito: no nos interesa cómo el súper-héroe encapuchado que se pinta la sombra de ojos para que no le conozcan aprendió a ser un boina verde. Y no, no pienso salir de dudas viendo la segunda temporada; soy masoquista, pero tengo remedio.

Veredicto: Con las miles de series interesantes, bien escritas y mejor interpretadas que hay por ver, no sé qué haces siquiera leyendo esta crítica. Aprende de mis errores, y no toques esta serie ni con un puntero láser. Ni una flecha.

Imágenes procedentes de la página web de la productora, CWTV. Favorazo que os hago, haciendo publicidad de esto.

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comentarios
  1. LaSoPhi dice:

    Por eso suelen poner protagonistas guapos…para mantener distraída a la audiencia, porque la mayoría de las series son un bodrio…:'(

  2. qué vida más triste tienes que tener dadas tus pobres palabras.

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