True detective

Publicado: marzo 10, 2014 de josemasaga en Serie
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No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

Calentito lo traigo, oiga. Acabo de ver el último capítulo de la primera temporada (y, mucho me temo, última) de esta serie, y jo-der. Qué putada que se hayan sacado de la manga esto al inicio del año, ahora ya todo lo que venga después nos parecerá un mojón.

He tenido la rara suerte de cazar una serie al vuelo, justico cuando la están emitiendo. Os diréis, ¿y esto es una ventaja? Pues sí, os digo. Permite apreciar el ritmo de una obra televisiva de forma pausada, reflexiva, con el justo componente de ganicas de ver el próximo episodio, dejando que se vaya creando un mono acorde con el nivel de expectación creado. Esto, como podéis imaginar es a todas luces imposible con series ya emitidas, en cuyo caso el visionado se convierte en una orgía-ágape romano, de esos en los que se provocaban el vómito para seguir comiendo más.

No sé si hace falta, pero allá va una pequeña sinopsis totalmente libre de calorías, azúcares y espoilers o destripes. Rust y Marty, interpretados que-te-cagas por Harrelson y McConaughey (que junto su papel en Dallas buyers’ club está haciendo penitencia por toda la mierda que antes protagonizó), son los típicos polis de homicidios que se encuentran con un caso con un alto componente psychokiller. Casi veinte años después, y mucha lluvia caída, se vuelven a encontrar para continuar con el caso.

No parece muy novedoso, ¿verdad? Pues exactamente, no lo es. Es la forma de enfocarlo y el carisma de sus personajes y del ambiente utilizado el que se lleva de calle la personalidad de esta serie. Como si de Don Quijote y Sancho Panza se trataran, los dos detectives son dos arquetipos diametralmente opuestos, con un Rust-McConaughey nihilista, negativo, obsesivo y fríamente inteligente frente a un Marty-Harrelson pasional, intuitivo, tradicional y demasiado humano. La Louisiana que sirve más que de telón de fondo, sopa en la que se zambullen los dos polis, se muestra como un estado atrasado, corrupto, y brillantemente oscuro, con esas ya míticas extensiones de bayou y bosques anegados de mosquitos, caimanes y paletos degenerados.

Los protas, en harina

Los protas, en harina

Como genial obra de arte del género negro o policíaco, nos encontramos con una historia que nos habla más y mejor de la naturaleza humana, de sus miserias y sus desgracias, de lo que ningún filósofo podrá nunca disertar. La negra visión vital que Rust escupe con parsimonia a lo largo de los ocho episodios resuena a sabiduría callejera, resaca de alcohol barato y ceniceros rebosantes de colillas, pero también a sesudos ensayos; la réplica de su compañero pone en más de una ocasión al atormentado poli con los pies en el suelo y otorga un contrapunto prosaico y de currito al que le gusta la pesca, el fútbol y unas cervezas con los amigotes.

Aunque he prometido no meter el cazo, sólo resaltaré con respecto a la trama del asesinato que tiene revolucionado al mundillo más gafapastil por las referencias a cierta literatura que el guionista se ha sacado de la chistera. Echando mano a la típica vertiente ritual y cuasi-satánica, el homicidio alrededor del que gira la investigación deriva después a una especie de culto que venera al Rey de amarillo, el cual supuestamente habita en Carcosa, la ciudad alienígena bajo estrellas negras junto al lago Hali. ¿Qué es este galimatías? Es uno de los mitos fundacionales del corpus creativo de H.P. Lovecraft, autor de terror sin par y para muchos el padre del horror contemporáneo. Lovecraft adoptó esta historia de Robert Chambers, el cual a su vez la desarrolló a partir de un cuento corto de Ambrose Bierce. Como se puede observar, es una idea que ha impactado a varios autores de renombre; el Rey de amarillo es de hecho, en las historias recopiladas y aumentadas, una obra de teatro que enloquece a quien la lee.

Ninguna reseña sin unas pocas puñaladas, claro. Por un lado, a mí me ha gustado más la primera mitad del serial, el correspondiente al prolongado flashback que nos transporta a los años noventa y al inicio del caso. Aunque el recurso del pasado tormentoso de Rust parece un poco bastante forzado en el episodio donde revive sus momentos de poli de incógnito, la primera mitad de la serie es un tour de force de revelaciones, confesiones a corazón abierto y momentazos televisivos. Por otro lado, el tema del lado más maloliente de los estados sureños empieza pues eso, a oler. Ya he visto en decenas de novelas, películas y cómics lo hediondos que son los pantanos y lo negro que tienen el corazón sus habitantes, los retorcidos retoños surgidos del incesto y el vudú que se resiste a desaparecer. Estados Unidos es muy grande, a ver si nos enseñan otros rincones, copón ya.

Veredicto: Muy pocas veces se puede recomendar una obra maestra; da mucho gustico hacerlo. Y como decía un buen amigo con respecto a una serie que me recomendó y él ya había disfrutado, “qué suerte tienes, todavía no la has visto”. Aprovechad.

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comentarios
  1. El Felón Ladino dice:

    mmm… evocativo ese “psychokiller”… uno no sabe lo mucho que adora a talking heads hasta que escucha “psycho killer qu’est que c’est” o, mucho mejor…. “This Must Be The Place (Naive Melody) ”

    Por lo demás… dientes largos…¡DIENTES LARGOS! (Slurp… slurp….slurp…. slp.. )

  2. josemasaga dice:

    ¿Pusieron ellos de moda ese concepto? Luego fue rápidamente sustituido por “serial killer”…

    Cuidado con los atracones, amigo Felón…

  3. cris dice:

    Qué será de estos dos… Creo que nuestro enigmático Rust merecía un final mejor. ¿O no?

    • josemasaga dice:

      Yo no veo continuación posible, la verdad. Me parece que la serie se apoya al 100% en la historia contada en esta temporada, otra supondría forzarlo demasiado…

  4. LaSoPhi dice:

    Otra serie más a la lista de las que preveo visionar en breve, 🙂

  5. Cris dice:

    Ahora estoy con Orange is the new black… No es obra maestra, pero se deja ver y, por supuesto, Masters of Sex, muy recomendable.

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