Divergent

Publicado: abril 10, 2014 de josemasaga en Película
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"¿Vienen los indios o no?"

“¿Vienen los indios de una vez o qué?”

Se aprovechan.

Se aprovechan de mi debilidad por el cine post-apocalíptico, de ciencia ficción. Por futuros distópicos, por sistemas sociales y políticos rarunos pero plausibles. Por ciudades estadounidenses en ruinas.

Es cierto que la publicidad funciona. Los muy mamones saben a quién dirigirla y cómo hacerlo; no en vano llevan décadas (véase Mad men) con el tema y billones gastados en ello. A mí me ha bastado ver un trailer y leer la sinopsis para tener ganas de ver la película; y mira que mi sentido crítico, ese pepito grillo con esteroides, no ha dejado de mofarse y darme collejas, pero nada. He caído y la he visto. Tó pa ná.

Este infraproducto estadounidense basado en la primera novela de (¡oh, sorpresa!) una trilogía de una tal Veronica Roth cuenta cómo, por enésima vez, Estados Unidos se va al garete (y el mundo a su alrededor, claro; si ellos caen, arrastran al resto… ¿quieren decirnos algo?) y en Chicago surge una nueva sociedad estratificada, organizada en torno a castas o maneras de ver la vida y ser útiles en el conjunto. No pienso ni de coña desgranar las pueriles facciones y sus funciones o motivaciones; cualquier adulto que se vista por los pies podría llegar a enumerarlas sin despeinarse, aun sin haber oído nada de este film.

La protagonista, una pan sin sal del quince, decide hacerse la guay y elegir en el día de su graduación una facción distinta a la de sus padres, en una escena calcada a la elección de casa mágica de Harry Potter. No es la primera influencia u homenaje que la autora fusila despiadadamente, ya que la mayor rémora de esto (se merece el neutro) es ser un puto pastiche hijo de mil perros y perras. El leit motiv de que los protagonistas de las historias tienen que ser los chosen ones, los elegidos, me da náuseas. El proceso de aceptación de la protagonista (he olvidado el nombre, de verdad) en su facción de adopción es previsible y aburrido, con romance con el macizo de turno incluido (muy atormentado y cariacontecido, por supuesto).

"Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original"

“Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original”

En efecto, este largometraje (sobre todo largo), y por ende la referencia escrita, roba ideas sin pudor de Los juegos del hambre (cojonuda fuente para fijarse, amiga) en cuanto al tono de reality show y via crucis de la prota, aparte de coquetear con la idea de una sociedad estadounidense nueva; The city of Ember y La fuga de Logan, obras que apuntan a la transitoriedad de enclaves creados para sobrevivir a una hecatombe también vienen a la mente; y The forest, puesto que a todo bicho viviente que vea la peli le queda claro que lo que queda más allá de la ciudad no es un infierno, si no una burda prohibición impuesta por los fundadores.

Hay miles, qué digo miles, millones de detalles con los que mofarse. El que más me ha llamado la atención siempre en películas como esta es el atrezzo y el maquillaje. Situémonos en un mundo devastado por una guerra de resultados genocidas: ¿cómo estaría el mobiliario, los edificios, la limpieza? Eso mismo, hecho todo unos zorros. En lugar de ello, nos encontramos con calles bien asfaltadas, limpicas, edificios sin una ventana rota (algún boquete tienen, pero queda hasta mono), y… ¡muebles estilo Bauhaus! No ya ikea, sino de factura reciente, innovadora e impecable. ‘Amos anda.

Lo mismo con el aspecto de las gentes que pueblan el Chicago de posguerra. La primera víctima de la guerra es la inocencia, pero no el rimmel. Todas ellas van maquilladas como puertas, todos ellos depilados y con las cejas perfiladas… y el pelo de la prota, amigos. Para alguien que va a dedicarse a la guerra, a aprender a liarse a piños con sus congéneres, es básico dejarse el pelo como un cepillo (o recogértelo). Pues no. La fiera guerrera lleva su sedosa y planchada melena (pese a que al comienzo nos muestran cómo son los cuartos de baño; mejores los de una estación de autobús) suelta, y se levanta cada mañana, pase lo que pase, con un look pantene.

En definitiva, un artificio pensado para adolescentes con picores (mi alma es joven), con su buena ración de canciones ñoñas que encuadran los momentos clave y que avisan a los incautos de cuándo deben emocionarse, o alegrarse, o enfurecerse, al estilo de las risas enlatadas; y con los típicos mensajes repetidos hasta la náusea de sé tú mismo, dalo todo por el amor verdadero (¿?), si sigues tus sueños el universo conspira para que logres lo que sea (¡!), la familia al final sí que mola. Pongamos la guinda de que, según parece, la autora es un cristiana conversa (cuidadín con los conversos) para darle la puntilla a un montón humeante de guano de murciélago y una pérdida de tiempo y paciencia. No lo miréis ni de reojo.

Imágenes obtenidas de imdb.com y allmovie.com

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comentarios
  1. LaSoPhi dice:

    Lo del mundo post-apocalíptico da mucho juego, la pena es no saber como sería realmente porque como lo plantean en el cine no parece nada creíble.

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