The leftovers

Publicado: octubre 26, 2014 de josemasaga en Serie
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El macizo Justin Theroux cuando se enteró de quién era el creador de la nueva serie

El macizo Justin Theroux cuando se enteró de quién era el creador de la nueva serie

¿Estarías dispuestx a tragarte otra serie del creador de Lost? ¿Después de meternos en el mayor timo televisivo (o internetero, más bien) de la historia? ¿Esto es como en política, que nos gusta que nos chuleen ya que seguimos votando a los mismos?

Para que veáis que no soy un tipo vengativo, yo sí decidí darle otra oportunidad al bastardo que nos puso la miel en los labios para luego descubrir que era m**rda. No le guardo rencor, como veis. Y eso que me tragué hasta la última temporada de esa serie que se inventó un día que tenía dificultades para ir al baño.

Bueno, al turrón. La serie que nos ocupa se basa en un supuesto que (recalquemos esto, salido de los labios del creador) nunca será resuelto: de repente, en menos de lo que algunos pasan una tarjeta black, desaparecen del mundo millones de personas. Se desvanecen, sin destellos luminosos ni nubes de humo ni ná. Supuestamente no son más del 2% de la población, pero imagínate tú el movidón. Aunque nadie puede dar una explicación (ni científica ni metafísica ni de ningún tipo), mucha gente (¡vaya, qué sorpresa!) se decanta por el tema religioso.

Tres años más tarde, la acción se centra en Mapleton, en el estado de Nueva York. El jefe de la policía local se prepara para el tercer aniversario de la Partida repentina (los estadounidenses y sus términos políticamente correctos), un tipo atormentado, con cara de tener una úlcera y con una vida bastante desordenada, siendo generoso en la descripción del personaje (interpretado por Justin Theroux, un sex-symbol desconocido para mí).

"¿Nos montamos nuestra  propia secta?"

“¿Nos montamos nuestra propia secta?”

Y es que la Partida repentina dejó a la humanidad hecha un desastre. No en plan post-apocalíptico, pero sí hay constantes detalles en la serie que reflejan el malestar espiritual y personal de la peña. Miles de sectas surgen como setas, y en el simpático y cuasi perfecto Mapleton podemos ver cómo una de ellas, los Residuos Culpables, se multiplican y amenazan con sumir al pueblo en un caos total por sus acciones chungas. Estos sectarios se visten exclusivamente de blanco, fuman como carreteros y cumplen voto de silencio, y su objetivo es obligar a hacer recordar a los demás que son la piltrafa, la borra que quedó tras la desaparición de los otros. De guay, como podéis ver.

A Lindelof (el infame co-creador de Lost y artífice de esto) le apasiona el tema religioso, no hay que ser una lumbrera para darse cuenta de ello. Y esto es quizá lo que más me ha llegado a molestar, esa obsesión por meternos por donde nos pueda caber los mensajes píos casi sin que nos demos cuenta… un poquitito de proselitismo, vamos.

Es una serie raruna. A veces es lenta, a veces se desata y te deja loco; juega continuamente con la plausibilidad de que lo que ocurre (más sobre esto en un segundo) sea cierto y no chaladuras de los personajes. Tiene un aura surrealista, echando mano a saco de influencias como Twin peaks y Northern Exposure (Doctor en Alaska), pero con el tema del dramón personal como telón de fondo (TODOS los personajes están amargadísimos, sin excepción).

"¿Una serie? ¿No soy la prota? ¿Y no hablo durante varios episodios? ¿Estás loco o qué?"

“¿Una serie? ¿No soy la prota? ¿Y no hablo durante varios episodios? ¿Estás loco o qué?”

Para mí, lo más atrayente son las tramas sobre las sectas, he de admitirlo. Me fascina el personaje de Wayne, el supuesto grief eater, un carismático mesías que presuntamente elimina la tristeza de las personas a las que abraza y que ha creado una organización en torno suyo (el tío carota dice recargarse mediante el amor de jovencitas asiáticas). Me encandilan los Residuos Culpables, esos sectarios inquietantes tan entregados a su causa y con esos rasgos de comportamiento tan alienígenas. Pero también es encantador el personaje del masca tabaco asesino de perros, el del padre turuleta (o no…) del prota, o el pesado del pastor (ojalá lo fuera de ovejas) obsesionado por demostrar que muchas de las personas desaparecidas no eran precisamente santos.

Para terminar, un pero más: los dos últimos capítulos de la primera temporada rompen el esquema (sobre todo el penúltimo) y la cierran de una forma poco satisfactoria para mi gusto. No sé por qué se empeñan en acelerar tramas para que las temporadas queden en suspenso, aunque haya que cargarse lo hecho anteriormente. Yo, seguiré mi promesa personal de no ver más de una temporada y me quedaré con la buena impresión… sí, majos, he aprendido de Lost.

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comentarios
  1. LaSoPhi dice:

    Pero los sectarios de esta serie son como los The Following?? Porque sino “ni de coña marinera” la vería! :-X

  2. […] de partida es totalmente directivo). En este caso, fue el súbito descubrimiento personal de que The leftovers tenía una posible lectura en el marco del imaginario de Unknown armies, el juego que venero por […]

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