Chappie

Publicado: marzo 24, 2015 de josemasaga en Película
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La mamá y el papá de Chappie... sí, es un robot muy afortunado

La mamá y el papá de Chappie… sí, es un robot muy afortunado

Si no fuera porque se llama Suráfrica, a más de uno nos costaría localizarla en el mapa. Aparte del infame apartheid, lo único que conozco de este país africano es a Nelson Mandela, a Charlize Theron, y al director y escritor de esta cinta, Neil Blomkamp.

Neil se hizo un hueco bien gordo en el panorama cinematográfico tras escribir y dirigir Distrito 9, en la que ya empezaban a despuntar las obsesiones que ha arrastrado por las dos siguientes películas (la segunda es Elysium, que reseñó hábilmente LaSophi): las armas y la crisis de identidad. No quiero adelantar acontecimientos, pero dicho film sigue siendo la mejor muestra de lo que puede hacer este buen hombre. En esto del cine soy como un yonqui, siempre buscando en sucesivas dosis lo que conseguí de manera irrepetible con la primera; en este caso su nuevo trabajo se llama Chappie.

Ya que el argumento de esta cinta podría ocupar una línea y todavía nos sobraría un par de toques al tabulador, procedo a partir de ahora a, más que destriparla, desguazarla (en honor al prota, un robot rescatado del contenedor de reciclaje).

Chappie es una película muy mestiza, que hace referencia a tantos films que no llegaré ni a acordarme de todos. Propone la ya antigua historia del hombre que quiere ser dios creando un ser inteligente de cero, esta vez por suerte no a imagen y semejanza suya (eso, con una pareja del sexo opuesto y paciencia, cualquiera lo logra). Este Frankenstein ingeniero programa una inteligencia artificial, y en vez de meterla en un ordenador conectado a internet, la enchufa en un robot desahuciado, antiguo miembro de la fuerza policial de Johannesburgo. Pero en un inesperado giro del guión (léase con ironía), el inteligente robot cae en manos de una banda criminal, que intentará usarlo para sus criminales fines. Que para eso son criminales.

Chappie, entre el petardo de Jar-jar bins y...

Chappie, entre el petardo de Jar-jar bins y…

Ya en los primeros quince minutos se pueden advertir los homenajes (de nuevo, sarcasmo) de Blomkamp a otros clásicos del séptimo arte. El supuesto protagonista es un trasunto de Cortocircuito, ya que como él tiene que aprender a marchas forzadas cómo funciona un mundo hostil y ajeno a él. La empresa de armas de la que surje y donde trabaja su creador provee al gobierno de policías robóticos, como en Robocop, y como en dicho film, hay un prototipo más brutal y destroyer que compite con el modelo al que pertenece Chappie. El citado creador de nuestro metálico amiguito copia a J.F. Sebastian de Blade Runner tanto en sus ínfulas creadoras como en sus asistentes hogareños. Y así hasta el infinito.

El reparto es de categoría, pero está muy desaprovechado: empezando por la Weaver, que amenaza con ser la próxima Samuel L. Jackson en su papel de omnipresente actriz de cameos; siguiendo por el Jackman, con su peinado mullet, en pantalones cortos y con pistola en la oficina; continuando con Patel, el inventor del siglo y que ni siquiera tiene despacho propio; y terminando con el que hace de Chappie, Sharlto Copley, que seguro que se pasó todo el rodaje dentro de un traje con luces (no de torero, el de captar los movimientos). Este personaje, que debería ser el centro de atención de toda la narración, y que recuerda por momentos a Yar-yar bins y por momentos a Briareos, de Appleseed por las antenas a guisa de orejas conejiles, termina poniendo de los nervios por la torpe elección de sus diálogos y la improbable forma de evolucionar a lo largo del film.

Sin embargo, no es así con los macarrónicos protagonistas, que le roban la merienda y el protagonismo a Chappie. Hablo, claro, de Ninja y Yo-Landi ViSSer, los integrantes de Die Antwoord, gentecilla difícil de encasillar (son, en teoría, artistas multidisciplinares), creadores de un estilo musical al que han llamado “Zef”. Cualquiera de sus videos merece la pena; casi más que esta película, me temo. En el film son dos malotes muy malotes (aunque ella luego se ablanda debido a la maternidad… machismo hasta en la ciencia ficción), que por arte de birlibirloque se hacen con Chappie (se lo guindan a su creador, un tío que va sin escolta ni protección ni vigilancia en una ciudad ultraviolenta).

...Briareos, pero con 50 kilos de chapa menos

…Briareos, pero con 50 kilos de chapa menos

La peli, por desgracia, tiene más agujeros que el centro de Johannesburgo. La línea argumental es difusa y le pasa como al Guadiana, que aparece y desaparece; la historia principal llega a convertirse en secundaria cuando entra en escena la citada pareja atómica. Otras historias están ahí como de pegote, como la del mismísimo creador de Chappie, o la del compañero (por decir algo) de trabajo que encarna Jackman, que protagoniza momentos delirantes. Por si no fuera poco, hay detalles que echan por tierra una película, como las idas y venidas de Patel sustrayendo material ultrasecreto (algunos nos conformamos con llevarnos los clips del curro), el capo mafioso enemigo de la pareja (muy de peli B de los 80), el casco neuronal para controlar al robot enemigo (no nos engañáis, es un casco de bici con cuatro cables pegados), que Chappie guarde la mente de su mami en un usb (que fallan más que una escopeta de feria), y un eterno etc.

Y, joder, es una pena. La idea, aunque no es nueva, tenía posibilidades, sobre todo por el estilo tan personal e irrepetible del director: su ciencia ficción sucia y fea, ultraviolenta, que resalta aspectos que los medio nenas de Hollywood se apresuran siempre a tapar. Lo que sí le puedo decir a Neil es que se dedique más a dirigir y menos a escribir; chico, si tienes una buena idea, pasásela a Stephen King y que te haga un guión.

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comentarios
  1. LaSoPhi dice:

    Totalmente de acuerdo con la reseña, al final la peli se convierte en un melodrama con un protagonista de “aluminio”.

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