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Abran paso, que traigo una crítica

Abran paso, que traigo una crítica

No sé si es época de rebajas, pero del atracón que me di de pelis churretosas algo tenía que salir. Dos actuales (Snowpiercer, que ni siquiera se ha estrenado en España, y The machine, que tampoco), y una antigua, Priest. Como comentábamos en una entrada pasada, la referida a Defiance, el tema cóctel de géneros no suele dar buenos resultados, y es de hecho la tónica general de este trío de films. A falta de ideas, pues mejor metemos a un grupo de monos borrachos en una habitación con máquinas de escribir y a ver qué sale, debieron decidir las mentes pensantes del cine. Y salió esto.

Snowpiercer podría ser la pesadilla perfecta de cualquier aficionado al chiquitren, y la confirmación de los conspiranoicos que sostienen la tontá de los chemtrails: una cagada monumental para hacer descender la temperatura mundial convierte al globo en un cubito de hielo desproporcionado, cuyos únicos supervivientes son aquellos que tuvieron la dudosa suerte de subir a un tren que se dedica a dar la vuelta al mundo una y otra vez por obra y gracia de un motor de movimiento continuo. Empezamos conociendo a los pasajeros de los vagones de cola, en un ambiente muy Dickensiano y prerrevolucionario, y con un innegable tinte a La ciudad de los niños perdidos. Como aquellos juegos de los ’80 que nadie echa de menos, la acción transcurre a pantallazos de vagón a vagón, con una panorámica lateral que va mostrando el micro-mundo que contiene el tren. Es todo muy metafórico y aunque no lo parezca, profundo (quitando las escenas de carnicería pura y dura): toda la humanidad y sus miserias, sus desigualdades, sus conflictos en una especie de infierno Dantesco con sus diferentes círculos o estadios, comprimido en un ferrocarril que ríete tú del ave.

Ambiente post-apocalíptico, historia con moralina, estética en ocasiones surrealista y oscurantista, final con sorpresa… muchas veces uno no sabe por dónde coger esto. Pero es entretenida y estrambótica, dos cualidades que a mí al menos me han ganado. Creo que hay reparto de medio relumbrón (las caras de tres o cuatro actores me suenan), pero soy demasiado vago para comprobarlo.

¿Ninja? ¿Águila roja? No, cura

¿Ninja? ¿Águila roja? No, cura

Priest es el típico producto para la chavalada que frecuenta los centros comerciales, que lleva un coche tuneado y que necesita más de una mano para contar los tatuajes que ostenta. Aquí el mezcladillo de géneros llega al paroxismo: en un mundo hecho unos zorros por los continuos enfrentamientos entre humanos y vampiros (ojito, que no son al estilo True blood o Crepúsculo, aquí por fin son seres bestiales y monstruosos), la iglesia se erige como la principal defensora de la humanidad al entrenar a una secta de curas-ninja (lo juro, literalmente) que en el ya eterno y sobado chascarrillo lo mismo te sueltan una hostia que te aplican la extrema unción con cruces-shuriken. Pero, ay qué desagradecidos, cuando la victoria se inclina del lado de los humanos la santa madre iglesia decide desbandar la orden de las tollinas y mandarles a fregar váteres (de nuevo, es literal). Un díscolo miembro decide desobedecer a la pía jerarquía para rescatar a su sobrina, y se dedica a recorrer los desérticos paisajes (sacados directamente de un spaghetti western) en una moto con reminiscencias a Tron, y a difundir el amor severo del Señor.

La lista de homenajes (por no decir calcos) de otras películas, cómics o videojuegos es interminable. Matrix, Aliens, La torre oscura, Legacy of Kain… y curiosamente, una escena en un tren a toda pastilla (ya es casualidad, el segundo en esta entrada). El resultado es un bodrio de proporciones épicas, con batallitas slow-motion, personajes de cartón piedra (o de píxeles, hay que modernizar los vocablos), resultados totalmente predecibles (bueno, un pequeño giro sí que hay, pero no lo destripo) y la amenaza de una secuela. Eso sí que me produce horror.

The machine es la rara en esta compilación, por ser de factura británica, y tener un tufo a B-movie que lo flipas. En un cercano futuro distópico (no llega a ser post-apocalíptico como en las otras dos), una posible guerra mundial entre el Reino Unido y China pende de un hilo. ¿Y qué va a hacer el país atlántico para evitarlo? ¿Diplomacia? ¿Tratados de paz? Nooo, va a desarrollar el androide de combate perfecto. Así que un genio en robótica e implantes (atormentadísimo por la rara enfermedad de su hija, eso sí) ficha a una yogurina que presuntamente ha inventado la IA definitiva. Por desgracia, esta se empeña en tener sentimientos y querer ser mejor persona de lo que son los humanos, así que el conflicto ya está servido, teniendo en cuenta el uso que tenían en mente para ella.

"Y mira que puse el anto-ojos rojos en la cámara para hacer la foto..."

“Y mira que puse el anti-ojos rojos en la cámara para hacer la foto…”

Creo que el principal problema de esta película es que ni el guionista tenía claro lo que quería pergeñar. A ratos parece Metrópolis, a ratos parece Frankenstein, y a ratos parece 2001 (la escena en la que el protagonista opera a la androide está literalmente calcado del momento en que desconectan a HAL), y aderezado con una banda sonora de reminiscencias a lo Blade runner. Todo ello con una subtrama de veteranos a lo Nacido el 4 de julio que parece metida con calzador y que no llega a cuajar ni a resolverse satisfactoriamente, y un final que no se creen ni ellos, con carreritas, tiros y explosiones. Por lo menos no se ponen profundos en ningún momento, lo cual es de agradecer. De todas formas, esta es la típica peli que hubiera ido directamente a las estanterías de los videoclubs de antaño.

Imágenes obtenidas de allmovie.com

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Admito que tengo un problema de bulimia televisiva (y al decir televisiva no puedo evitar sonreírme, ya que ni recuerdo la última vez que vi una serie… en televisión), que engullo serie tras serie, muchas veces sin descanso entre una y otra, a menudo si darle un mínimo de tiempo a una que acaba de comenzar, y siempre pensando en lo que vendrá después. Me lo haré mirar. Como consecuencia de este desorden alimentario catódico, he empezado a ver seriales a cascoporro, muchos de ellos bodrios de alto octanaje; como con un libro, no me duelen prendas en mandar una serie a la papelera de reciclaje virtual. La vida es muy corta, y los torrents echan humo.

Desde que comenzó el año o así, me he encontrado con tres series que no han pasado el estricto control de calidad y los altos estándares que me he fijado: es decir, no aburrirme mientras las veo. Que den vergüencita ajena también es un factor decisivo, por cierto. Las agraciadas en este cuarto de año son…

Casi me engañáis, pero al final no

Casi me engañáis, pero al final no

Almost human. Casi buena, podría haber sido. De lo poco que sale de ci-fi en el mundo televisivo (sí, hay muy poco de este género, supongo que sobre todo por lo caro que debe salir comprar a un esclavo surcoreano para que haga los efectos especiales por ordenador), y resulta ser muy blandito. El supuesto no tenía mala pinta: en un futuro cercano con androides, implantes cibernéticos, pero sin coches voladores, un policía que casi la palma vuelve al cuerpo y se encuentra con que tiene que hacer la ronda con un pedazo de plástico con chips con forma de policía macizo (Michael Ealy de Sleeper cell, una serie que sí merece la pena ver). Lugares comunes, situaciones que prometen pero tratadas superficialmente, efectos especiales de baratillo, buenas intenciones pero malas ejecuciones, moralina… todo lo peor del mundo televisivo estadounidenese, resumido en esta serie. Lo que más jode es que intenten ponerse intensos al estilo Blade runner, con temas como aunque sea sintético, ¿puedo tener sentimientos? Con esto no se juega, fascistoides de la Fox. A Blade runner no me la toquéis que ma-to.

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

Grimm. Grima me da. Un policía (qué fijación con los cuerpos del orden) descubre de pura chiripa que es el heredero de una saga familiar que se dedica a exterminar a los monstruos que viven entre nosotros (si no fuera porque son literalmente monstruicos, diría que habrían tenido trabajo pa’ rato). De nuevo, lo que de entrada es una buena idea (dar un giro a los cuentos clásicos ambientándolos en la actualidad, como Once upon a time pero con un poco más de redaños), degenera en una concatenación de escenas previsibles, acción de pacotilla, secundarios miérder, y efectos digitales de baratillo que sonrojarían al cine de Bollywood. Ya en los primeros episodios, se agota el tema al centrarlo en mostrarnos una sucesión de personas-bestezuela, desde el lógico hombre lobuno hasta el marciano y muy poco de cuento popular mujer abeja (¿?). Supongo que lo que buscaban aquí era un family show, al estilo de las series infumables españolas como Águila roja, pero esto puede aburrir a pequeños y mayores por igual. Tanto dinero tan mal aprovechado…

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas...

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas…

Supernatural. Sobrenatural es el morro de los guionistas. Nos ponen la miel en los labios con un episodio piloto macarra, violento, y diría que hasta ocurrente y luego desgranan una sucesión de episodios muy petardos y sosunos. Lo de que tu hermano largamente olvidado regrese para que le acompañes en sus alegres cacerías de seres sobrenaturales malotes es una reinterpretación del género de delincuentes juveniles; de hecho, las hechuras de los hermanitos son calcadas del cine quinqui con más solera… combatir el mal no da dinero, amiguitos, hay que buscarlo de otras formas. Total, que en un flasback bastante heavy metal presenciamos cómo la madre de ambos muere achicharrada en el techo de su dormitorio (¿?) por obra y gracia de un demonio o un ser maligno al uso. El padre, y aquí todos podemos entenderlo, se pone en plan Sarah Connor y prepara a sus hijos para combatir al mal y al capital; el pequeño se harta de una vida repleta de emoción, exorcismos, y atracos a drug stores y decide estudiar derecho (¡¿?!). Hasta aquí todo bien; lo malo es lo que sigue. Al más puro estilo serial, los capítulos son una especie de un remake de Scooby Doo con su monstruo de la semana y repitiendo manidos esquemas uno tras otro, en vez de crear un hilo argumental sólido e interesante. Qué oportunidad más desaprovechada.

Algo me dice que habrá más entradas como esta en el futuro; si esta burbuja televisiva no estalla en algún momento, seguirán surgiendo infraproductos como estos. Permanezcan atentos a sus pantallas… bueno, o mejor no.

De la trastienda: Old boy

Publicado: diciembre 27, 2013 de josemasaga en De la trastienda, Película
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Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Un buen día te despiertas en una habitación de hotel muy sui generis, sin saber cómo has llegado allí, sin poder salir, sin contacto con ningún ser humano. Cada día te duermen con un gas soporífero, te dan comida, limpian y abastecen la habitación, te cortan el pelo. No, no es una temporada en un spa, es el punto de arranque de Old boy, cinta Surcoreana del 2004 y que ha alcanzado el etéreo y dudoso estatus de peli de culto.

No nos engañemos, el cine asiático (así, a cascoporro, metiéndolo todo en el mismo saco) no es muy popular en Europa en general y España en particular. Las películas que nos llegan del lejano oriente son las más occidentalizadas, las más similares a nuestros domados y anodinos gustos, y muchas veces están repletas de clichés y lugares comunes. Eso, si no las adaptan del todo haciendo el clásico remake del que tanto y tan bien se alimenta Hollywood. De hecho, esta misma peli cuenta con uno, aunque no tengo ni idea de qué tipo de engendro será.

Volviendo al argumento: Oh Dae-Su (que dudo que sea algo así como Juan o Miguel en castellano, la verdad) se pasa 15 añacos encerrado en una extraña prisión, sin ton ni son, y cuando está a puntito de escapar a través de un túnel penosamente horadado con un palillo (de los de comer, no de los de hurgarse la piñata) es liberado; por si no fuera suficiente, queridos sádicos, se entera de que su mujer ha sido asesinada y de que le han cargado el mochuelo a él. Os reto a encontrar un comienzo de película más intrigante, peregrino y cruel, todo en un cómodo pack. Como podéis imaginar, no corre presto a su oficina del paro más cercana a reinsertarse en la sociedad, si no que sale más bien cabreado y con ganas de decirle un par de cositas al que le ha enviado de vacaciones forzosas una temporada.

"¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!"

“¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!”

Y es que, oiga, quince años dan para mucho si los gestionas bien, y Oh Dae-Su (¿no sería genial tener un amigo con este nombre?) se aplica con tesón a auto-entrenarse y ponerse como un toro para el día en que pueda vengarse. Sí, lo habéis adivinado: la violencia ocupa la mayor parte del tiempo de esta historia, y desde ya os digo que no es la típica violencia a la que estamos acostumbrados por estos pagos. Las pocas películas Surcoreanas que he podido ver han sido las que, con diferencia, más me han impactado en este apartado; tanto la violencia física de chorretones de sangre y hostias como panes como la mental o verbal, de hechos o situaciones límite. No digo más al respecto, porque esta vez no quiero destripar uno de los momentos cumbre de la historia.

Sí puedo mencionar escenas brutales, visualmente perfectas y que dan mil vueltas a supuestos maestros del género occidentales: la pelea al más puro estilo arcade (vista lateral, scroll de izquierda a derecha) de los ’80 en la que el prota se enfrenta en un estrecho pasillo, martillo en ristre, a chorrocientos enemigos armados con palos; el festín de sushi en el restaurante de Mi-Do (la otra prota) con ingestión de pulpo vivito y coleando incluida; la rutina diaria de Oh en esa Lynchiana habitación de hotel durante tres lustros; el persuasivo método de interrogatorio, usando el arranca clavos de un martillo para una poco ortodoxa extracción dental…

Pero claro, lo que como espectador occidental llama poderosamente la atención por su originalidad o carácter atípico también puede llegar a extrañar o aburrir. El ritmo y cadencia del cine oriental son chocantes, con momentos de calma chicha en los que no dejas de mirar el reloj y en los que los minutos se convierten en horas, y otros de total confusión y un tropel de imágenes y situaciones a veces indescifrables. Además, está claro que hay un subtexto, un lenguaje corporal, un doble sentido que se nos escapa; un tratamiento del humor y el drama que a mis ojos parece infantil o forzado o marciano; y unos diálogos o ausencia de estos que en apariencia no tiene sentido. Hay una diferencia cultural, no se puede negar.

En definitiva, un film muy recomendable para ampliar fronteras y realidades cinéfilas, con un desarrollo y un desenlace completamente inesperados, con personajes complejos y oscuros, una estética dura, cruda, y muy poco común y una auténtica montaña rusa de sensaciones y emociones. Eso sí, tómate un café o un Red bull, porque son dos horas como dos soles; es lo que tiene el estándar occidental de la hora y media escasa, que nos ha malacostumbrado.

Imágenes obtenidas de allmovie.com y imdb.com