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Daredevil

Publicado: mayo 20, 2015 de josemasaga en Serie
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Llegué tarde al mundo del cómic en general y de los súper-héroes en particular. Cuando lo descubrí, mi visión y entendimiento ya estaban contaminados por otros medios, así que nunca me calaron las extrañas historias de gente en pijama que soltaban parrafadas eternas mientras se zurraban la badana. Para agravarlo, me inicié a través de la Marvel y sus rocambolescas historias de mutantes, con las que a veces dudabas si estabas leyendo un Dallas o un Falcon crest hipervitaminado o la auténticas andanzas de una gente a la que le pasaba todo lo malo del uni(multi)verso. Para poner el último clavo en el ataúd, me encontré pronto con los comic-books pedantes estilo Sandman, que a mi yo del pasado no muy lejano le confirmaron en su infantil sospecha de que los súper-héroes eran para niños o gente con problemas de acumulación de papel.

Curiosamente, he tenido que convencerme de la seriedad y las bondades de este sub-género que está viviendo su segunda edad de oro, oh ironías del destino, en el cine y ahora en la televisión. Y si ya el Batman de Nolan nos enseñó a los incrédulos que esto de los súper-tipos no va realmente de vestir raro, hablar más raro aún y soltar galletas, la serie de la que hablo en esta entrada me lo ha confirmado.

Porque, y usando un recurso que ya es un cliché, os digo como conclusión desde el principio que esta serie es una hostia en los piños: impactante, sangrienta, y que deja secuelas.

Eso sí, no se libra de la pose "cuclillas". Aunque sea en unniforme del decartón

Eso sí, no se libra de la pose “cuclillas”. Aunque sea en uniforme del decartón

La capa…

Esta serie no se achanta. Es cruda y cruel, y no hace ascos a cepillarse a personajes que en otros seriales durarían la temporada entera (¿herencia de Juego de tronos?). Toca temas que otras historias de gente con capa no lo harían ni con un puntero láser, y muestra a la arquetípica Nueva York como un sumidero infecto tanto físico como mental. Que los dos protagonistas estén obsesionados con ella le otorga un toque psicótico a ambos y desdibuja la línea entre ellos y la legitimidad de lo que hacen, ya sea según las leyes institucionales o las de la moral o la ética.

Un héroe que se precie necesita un antagonista a su altura, o más. Un némesis que no sea una caricatura desdibujada, sino una personalidad bien construida y tan atrayente como el protagonista. O, qué hostias, que se convierta por méritos propios en un protagonista. El Kingpin de este Daredevil es todo esto y más: se hace con la pantalla por volumen físico y actoral. No solo es calcado al personaje del tebeo, además insufla vida en el típico rol que suele ser únicamente la comparsa del bueno de la historia. Nos muestra a un personaje atormentado, repleto de dudas, capaz de la más abyecta violencia pero al mismo tiempo de la pasión y la dedicación más encomiables.

¿Y nuestro amigo de la ONCE? Pocas veces he visto mostrar con tanta honestidad la duda, la debilidad, y la humanidad de un supuesto súper hombre. Hay una escena que lo suma y resume todo en meros segundos: Murdock se despierta tras sobrevivir a duras penas una de tantas palizas recibidas. El rostro de dolor, indefensión, y derrota que su rostro expresa da ganicas de llorar. El famoso abogado se tira gran parte de la serie sin saber una mierda, dando palos de ciego (festival del humor) y recibiendo como un punching ball. Sus poderes y habilidades, aunque claramente sobrehumanos, se integran a la perfección en su personaje, y nos son mostrados y explicados de una manera orgánica y realista, sin apresurarse. Que vista un disfraz del Decathlón durante toda la serie acentúa y subraya su condición de héroe dubitativo y amateur.

El elenco de malosos es inquietante y muy completo, desde los imprescindibles mafiosos rusos pasando por una especie de ninjas japoneses, hasta una tríada china que emplea peones ciegos. Pero lo más descorazonador y realista es que todos los estamentos y los poderes de la sociedad están completamente infiltrados y corrompidos: jueces, políticos, periodistas, policías, tenderos, paseadores de perros… Esto claramente no es casual, y aunque enlaza con la historia de Daredevil y su enfrentamiento con un Kingpin que tiene en su poder a media ciudad, también es elemento fundamental en las ínfulas noir y de historia de detectives y policías que esta serie pretende acaparar.

Y para todo esto no hacen falta unos efectos especiales de relumbrón; la mayoría de la pirotecnia se les va en peleas prefectamente coreografiadas y algún que otro tiroteo. Nada de pesadas persecuciones, combates eternos, o villanos con poderes ridículos.

…y la kriptonita

Los comic relief (que luego mutan, por suerte) y sus andanzas en la trastienda de la serie llegan a cansar. Hablo de la administrativa Karen y el amigo del alma y socio Foggy. Karen, la sidekick secretaria, me parece a menudo sobreactuada. Y al pobre Foggy le ha tocado una mierda de papel, así os lo digo.

La historia secundaria de estos dos, por cierto, y a la que se suma el personaje del reportero Ben, es muy floja y parece más de relleno que otra cosa. Está claro que pretende ser el contrapunto más humano y normal en un mundo con tipos que pueden dar patadas voladoras, pero es repetitiva y uno se descubre teniendo ganas de que pase lo más rápido posible. Además, destacar el detalle de la secundaria latinoamericana, que no da el pego: coño, ¿de verdad no podíais encontrar a una actriz de verdad hispanohablante? Muy cutre. Y mira que pretende reivindicar una comunidad, pero les sale el tiro por la culata.

60 minutazos (o casi) por capítulo son muchos minutazos. No hacen falta, muchas conversaciones y escenas huelen a pacotilla: ¿hacían falta? Yo digo que no, que se nos muestra más con lo que no vemos (festival de humor 2) que con lo que se empeñan en contarnos. Esta es definitivamente una historia que se podía haber contado con la mitad de tiempo sin ningún problema y sin que la coherencia de la trama se viera afectada.

En definitiva, una temporada (que se había planeado como única, por cierto) autoconclusiva que junto con otros contados ejemplos (de varios medios) trae el género de la capa y el antifaz al siglo XXI. Y no solo eso: se codea (u hostia) con otras series o creaciones supuestamente más serias o realistas.

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In The Flesh

Publicado: marzo 15, 2015 de LaSoPhi en Serie
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Me quito el sombrero ante esta serie británica del 2013, o miniserie, en la que en sólo con tres capítulos que dura la primera temporada, han sido capaces de trasmitir todo su argumento. En algunas reseñas que he leído, critican que el formato corto es debido al presupuesto que tiene la BBC para series, para mí, ha sido suficiente para comunicar la idea principal. La mayoría de las series que suelo ver, son de ocho capítulos mínimo, y además de una hora aproximada de duración, excesivo en la mayoría de las ocasiones en la que las series suelen irse por la tangente y dar demasiado rodeo, quizá para alargar la historia y con ello su beneficio, pero lo que suelen conseguir es que los tele-espectadores se descuelguen en la segunda temporada.

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– ¿Tío nos van a matar? – Pero si ya estamos muertos..

 El argumento de “In The Flesh” gira en torno a la integración. En este mundo ya nos cuesta compartir nuestro espacio con personas de otros “países”, como para compartirlos con seres con P.D.S. (Síndrome del Parcialmente Muerto). Si se encontrase una vacuna para los zombis, para que volviesen a un estado anterior, a un estado humano, habría que integrarles en la sociedad ¿cómo afectaría esto al resto de ciudadanos? ¿O cómo les afectaría a ellos mismos, después de recordar toda la violencia y todas las atrocidades que han cometido?

 Hasta ahora puede parecer incluso una serie cómica, pero todo lo contrario, me ha transmitido más pena y dolor, que cualquier película etiquetada como “drama”. El protagonista, Kieren Walker, es enviado de vuelta con su familia, después de pasar por un programa que el gobierno británico ha creado para la curación de los “no muertos”. El regreso no va a ser fácil, sobre todo si el entorno esta compuesto de vecinos intransigentes, cerrados y con una gran influencia de los HVF (Human Volunteer Force), grupo paramilitar que enfrentó a los zombis después de “su amanecer”.

 Os estaréis planteando, como me pasó a mí, que quizá el tema de la integración de los “no humanos” no es nada nuevo, ya que en True Blood por ejemplo, se intentó hacer con los vampiros. Entre ambas series hay una diferencia brutal, y es que los vecinos de Roarton (el pueblo de Kieren) son gente corriente, gente de “a pie”, podría ser el pueblo al que vas a veranear, sin embargo en Bon Temps (el pueblo de Sookie Stackhouse protagonista de True Blood), el que no es un hada, es un hombre lobo o sino un “cambiaforma”, el tema fantástico es mucho más acuciante. Aunque no te gusten las series de terror o fantásticas, “In The Flesh” merece la pena porque el tema “zombi” queda relegado a un segundo plano, primando las relaciones entre los protagonistas y los constantes choques de creencias entre ellos. Muy recomendable. In-the-flesh-bbc-critica-homosexual

The leftovers

Publicado: octubre 26, 2014 de josemasaga en Serie
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El macizo Justin Theroux cuando se enteró de quién era el creador de la nueva serie

El macizo Justin Theroux cuando se enteró de quién era el creador de la nueva serie

¿Estarías dispuestx a tragarte otra serie del creador de Lost? ¿Después de meternos en el mayor timo televisivo (o internetero, más bien) de la historia? ¿Esto es como en política, que nos gusta que nos chuleen ya que seguimos votando a los mismos?

Para que veáis que no soy un tipo vengativo, yo sí decidí darle otra oportunidad al bastardo que nos puso la miel en los labios para luego descubrir que era m**rda. No le guardo rencor, como veis. Y eso que me tragué hasta la última temporada de esa serie que se inventó un día que tenía dificultades para ir al baño.

Bueno, al turrón. La serie que nos ocupa se basa en un supuesto que (recalquemos esto, salido de los labios del creador) nunca será resuelto: de repente, en menos de lo que algunos pasan una tarjeta black, desaparecen del mundo millones de personas. Se desvanecen, sin destellos luminosos ni nubes de humo ni ná. Supuestamente no son más del 2% de la población, pero imagínate tú el movidón. Aunque nadie puede dar una explicación (ni científica ni metafísica ni de ningún tipo), mucha gente (¡vaya, qué sorpresa!) se decanta por el tema religioso.

Tres años más tarde, la acción se centra en Mapleton, en el estado de Nueva York. El jefe de la policía local se prepara para el tercer aniversario de la Partida repentina (los estadounidenses y sus términos políticamente correctos), un tipo atormentado, con cara de tener una úlcera y con una vida bastante desordenada, siendo generoso en la descripción del personaje (interpretado por Justin Theroux, un sex-symbol desconocido para mí).

"¿Nos montamos nuestra  propia secta?"

“¿Nos montamos nuestra propia secta?”

Y es que la Partida repentina dejó a la humanidad hecha un desastre. No en plan post-apocalíptico, pero sí hay constantes detalles en la serie que reflejan el malestar espiritual y personal de la peña. Miles de sectas surgen como setas, y en el simpático y cuasi perfecto Mapleton podemos ver cómo una de ellas, los Residuos Culpables, se multiplican y amenazan con sumir al pueblo en un caos total por sus acciones chungas. Estos sectarios se visten exclusivamente de blanco, fuman como carreteros y cumplen voto de silencio, y su objetivo es obligar a hacer recordar a los demás que son la piltrafa, la borra que quedó tras la desaparición de los otros. De guay, como podéis ver.

A Lindelof (el infame co-creador de Lost y artífice de esto) le apasiona el tema religioso, no hay que ser una lumbrera para darse cuenta de ello. Y esto es quizá lo que más me ha llegado a molestar, esa obsesión por meternos por donde nos pueda caber los mensajes píos casi sin que nos demos cuenta… un poquitito de proselitismo, vamos.

Es una serie raruna. A veces es lenta, a veces se desata y te deja loco; juega continuamente con la plausibilidad de que lo que ocurre (más sobre esto en un segundo) sea cierto y no chaladuras de los personajes. Tiene un aura surrealista, echando mano a saco de influencias como Twin peaks y Northern Exposure (Doctor en Alaska), pero con el tema del dramón personal como telón de fondo (TODOS los personajes están amargadísimos, sin excepción).

"¿Una serie? ¿No soy la prota? ¿Y no hablo durante varios episodios? ¿Estás loco o qué?"

“¿Una serie? ¿No soy la prota? ¿Y no hablo durante varios episodios? ¿Estás loco o qué?”

Para mí, lo más atrayente son las tramas sobre las sectas, he de admitirlo. Me fascina el personaje de Wayne, el supuesto grief eater, un carismático mesías que presuntamente elimina la tristeza de las personas a las que abraza y que ha creado una organización en torno suyo (el tío carota dice recargarse mediante el amor de jovencitas asiáticas). Me encandilan los Residuos Culpables, esos sectarios inquietantes tan entregados a su causa y con esos rasgos de comportamiento tan alienígenas. Pero también es encantador el personaje del masca tabaco asesino de perros, el del padre turuleta (o no…) del prota, o el pesado del pastor (ojalá lo fuera de ovejas) obsesionado por demostrar que muchas de las personas desaparecidas no eran precisamente santos.

Para terminar, un pero más: los dos últimos capítulos de la primera temporada rompen el esquema (sobre todo el penúltimo) y la cierran de una forma poco satisfactoria para mi gusto. No sé por qué se empeñan en acelerar tramas para que las temporadas queden en suspenso, aunque haya que cargarse lo hecho anteriormente. Yo, seguiré mi promesa personal de no ver más de una temporada y me quedaré con la buena impresión… sí, majos, he aprendido de Lost.

True detective

Publicado: marzo 10, 2014 de josemasaga en Serie
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No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

Calentito lo traigo, oiga. Acabo de ver el último capítulo de la primera temporada (y, mucho me temo, última) de esta serie, y jo-der. Qué putada que se hayan sacado de la manga esto al inicio del año, ahora ya todo lo que venga después nos parecerá un mojón.

He tenido la rara suerte de cazar una serie al vuelo, justico cuando la están emitiendo. Os diréis, ¿y esto es una ventaja? Pues sí, os digo. Permite apreciar el ritmo de una obra televisiva de forma pausada, reflexiva, con el justo componente de ganicas de ver el próximo episodio, dejando que se vaya creando un mono acorde con el nivel de expectación creado. Esto, como podéis imaginar es a todas luces imposible con series ya emitidas, en cuyo caso el visionado se convierte en una orgía-ágape romano, de esos en los que se provocaban el vómito para seguir comiendo más.

No sé si hace falta, pero allá va una pequeña sinopsis totalmente libre de calorías, azúcares y espoilers o destripes. Rust y Marty, interpretados que-te-cagas por Harrelson y McConaughey (que junto su papel en Dallas buyers’ club está haciendo penitencia por toda la mierda que antes protagonizó), son los típicos polis de homicidios que se encuentran con un caso con un alto componente psychokiller. Casi veinte años después, y mucha lluvia caída, se vuelven a encontrar para continuar con el caso.

No parece muy novedoso, ¿verdad? Pues exactamente, no lo es. Es la forma de enfocarlo y el carisma de sus personajes y del ambiente utilizado el que se lleva de calle la personalidad de esta serie. Como si de Don Quijote y Sancho Panza se trataran, los dos detectives son dos arquetipos diametralmente opuestos, con un Rust-McConaughey nihilista, negativo, obsesivo y fríamente inteligente frente a un Marty-Harrelson pasional, intuitivo, tradicional y demasiado humano. La Louisiana que sirve más que de telón de fondo, sopa en la que se zambullen los dos polis, se muestra como un estado atrasado, corrupto, y brillantemente oscuro, con esas ya míticas extensiones de bayou y bosques anegados de mosquitos, caimanes y paletos degenerados.

Los protas, en harina

Los protas, en harina

Como genial obra de arte del género negro o policíaco, nos encontramos con una historia que nos habla más y mejor de la naturaleza humana, de sus miserias y sus desgracias, de lo que ningún filósofo podrá nunca disertar. La negra visión vital que Rust escupe con parsimonia a lo largo de los ocho episodios resuena a sabiduría callejera, resaca de alcohol barato y ceniceros rebosantes de colillas, pero también a sesudos ensayos; la réplica de su compañero pone en más de una ocasión al atormentado poli con los pies en el suelo y otorga un contrapunto prosaico y de currito al que le gusta la pesca, el fútbol y unas cervezas con los amigotes.

Aunque he prometido no meter el cazo, sólo resaltaré con respecto a la trama del asesinato que tiene revolucionado al mundillo más gafapastil por las referencias a cierta literatura que el guionista se ha sacado de la chistera. Echando mano a la típica vertiente ritual y cuasi-satánica, el homicidio alrededor del que gira la investigación deriva después a una especie de culto que venera al Rey de amarillo, el cual supuestamente habita en Carcosa, la ciudad alienígena bajo estrellas negras junto al lago Hali. ¿Qué es este galimatías? Es uno de los mitos fundacionales del corpus creativo de H.P. Lovecraft, autor de terror sin par y para muchos el padre del horror contemporáneo. Lovecraft adoptó esta historia de Robert Chambers, el cual a su vez la desarrolló a partir de un cuento corto de Ambrose Bierce. Como se puede observar, es una idea que ha impactado a varios autores de renombre; el Rey de amarillo es de hecho, en las historias recopiladas y aumentadas, una obra de teatro que enloquece a quien la lee.

Ninguna reseña sin unas pocas puñaladas, claro. Por un lado, a mí me ha gustado más la primera mitad del serial, el correspondiente al prolongado flashback que nos transporta a los años noventa y al inicio del caso. Aunque el recurso del pasado tormentoso de Rust parece un poco bastante forzado en el episodio donde revive sus momentos de poli de incógnito, la primera mitad de la serie es un tour de force de revelaciones, confesiones a corazón abierto y momentazos televisivos. Por otro lado, el tema del lado más maloliente de los estados sureños empieza pues eso, a oler. Ya he visto en decenas de novelas, películas y cómics lo hediondos que son los pantanos y lo negro que tienen el corazón sus habitantes, los retorcidos retoños surgidos del incesto y el vudú que se resiste a desaparecer. Estados Unidos es muy grande, a ver si nos enseñan otros rincones, copón ya.

Veredicto: Muy pocas veces se puede recomendar una obra maestra; da mucho gustico hacerlo. Y como decía un buen amigo con respecto a una serie que me recomendó y él ya había disfrutado, “qué suerte tienes, todavía no la has visto”. Aprovechad.

American Dad

Publicado: marzo 2, 2014 de LaSoPhi en Serie
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Incanportadasable, imprevisible, caprichoso, divertido, mentiroso, embaucador, manipulador, faltón, juerguista, borde, mal educado, bebedor, drogadicto, desagradecido, vividor…y un sinfín de adjetivos que podría seguir enumerando y que todos ellos definen a Roger, el protagonista (o por lo menos para mí) y el “corazón” de la serie, American Dad.

Roger es un extraterrestre que recogió Stan, el cabeza de familia, en el área 51, y que desde entonces vive en el desván de su casa, donde tiene montado un bar, y donde guarda su interminable colección de pelucas. Aparte de que son dibujos animados y todo vale, lo bueno de utilizar un extrarrestre con miles de años en una serie, es que tiene un montón de anécdotas y situaciones que compartir, y ha vivido con diversidad de familias, parejas, amigos y compañeros de trabajo con los que ha compartido innumerables vidas.

Stan Smith trabaja en la C.I.A. Patriota de 42 años. Es egocéntrico y protector, xenófobo, ultraconservador, cristiano y machista. Está obsesionado por encontrar terroristas que pongan en peligro la seguridad del país, llegando a desconfiar hasta de sus vecinos y amigos. Hará cualquier cosa para proteger a su familia, su dignidad como padre y a su país, en un capítulo llegó a encerrar a toda la vecindad en su patio.

¿Quién soy?

¿Quién soy?

El papel de la mujer de Stan, Francine, es prácticamente el de mantener la casa, la unión de la familia y sobre todo el de la cordura de todos los miembros que la componen. Prácticamente desempeña el mismo rol que Marge en los Simpson o Louis en “Family Guy” (padre de familia).  Es curioso que estas tres series que son americanas, hayan creado básicamente el mismo papel para la esposa del cabeza de familia, el de mantener la casa, el orden y al final solucionar el caos que ocasionan el resto de miembros. Y digo lo de curioso porque EEUU alardea de ser el país de las oportunidades y de la igualdad, pero luego no es así, es un país lleno de contradicciones, y en la gran mayoría de protagonistas de  series y  películas creadas allí, son personajes estereotipados como el de Francine Smith, que aunque tiene un pasado “oscuro” de drogas y promiscuidad, es una devota cristiana y  mucho más sensata y liberal que su marido.

Los hijos del matrimonio Smith están compuestos por la hippy Hayley y el adolescente, Steve. Ella es universitaria, atea, liberal, demócrata, reivindicativa, y defensora de las causas perdidas. Novia y más tarde esposa de Jeff Fischer (el cual está enamorado de Francine), con el que mantiene una relación intermitente por el carácter demasiado dócil de éste.

Steve, es el hijo varón, va al colegio junto con sus tres mejores y único amigos,Snot”, es judío y el mejor amigo de Steve, Barry, obeso, aparenta ser un retrasado mental, pero si deja de tomar su medicina se revela como un sociópata en extremo inteligente, manipulador y peligroso y Toshi Yoshida, el amigo japonés que no habla inglés, aunque puede entender perfectamente el idioma. Por lo general suelen malinterpretar o distorsionar sus comentarios en japonés. Tiene una hermana, Akiko, que a veces traduce lo que dice, la cual parece sentir algún tipo de atracción por Steve.

Oh! Eres tan bella…

El personaje de Steve está planteado como el típico adolescente friqui, obsesionado por encontrar novia, y cuya diversión es jugar a juegos de rol (en uno de los capítulos esta afición de Steve ayudará a su padre a detener a un terrorista), videojuegos e ir a convecciones de comics, de Star Trek, el Señor de los Anillos o Star Wars, por lo que su padre intenta constantemente en transformarlo en lo que él considera el prototipo del joven estadounidense, jugador de futbol americano, de beisbol y boy scout, fracasando en todos sus intentos. Steve considera a Roger como su mejor amigo y suelen vivir numerosas aventuras y peripecias juntos, a pesar que en la mayoría de las veces, Roger lo maltrata y lo usa para su propio beneficio.

La mascota de la familia es Klaus, en los tiempos de la Alemanía Oriental Klaus era un saltador de esquí olímpico que fue secuestrado por laC.I.A., los cuales le remplazaron su cerebro por el de un pez para evitar que ganase la medalla de oro. Klaus vive dentro de una pecera, está enamorado de Francine y su propósito es ser un miembro más de la familia, lo cual le resulta imposible ya que el resto de miembros pasan de él.

La serie comenzó en el 2005 y ya lleva 8 temporadas, es del mismo creador que Family Guy, Seth MacFarlane, por lo que en humor, sarcasmo e ironía es bastante parecida a esta última, sólo que el factor “alienígena” le da un toque aún más surrealista si cabe. Si os gusta pasar un rato divertido, Roger y el resto de los Smith harán que durante 30 minutos, que es lo que suele durar un capítulo, os veáis en medio de una situación surrealista e incluso desagradable (ya que todo tiene cabida, incluso lo escatológico), que alguno de ellos ha creado, seguramente sea Roger, y cuyo desenlace hará que todo vuelva a la normalidad y que la familia siga unida (no olvidemos que es una serie americana). Para mí, a día de hoy es una de las más divertidas series de dibujos animados.

Admito que tengo un problema de bulimia televisiva (y al decir televisiva no puedo evitar sonreírme, ya que ni recuerdo la última vez que vi una serie… en televisión), que engullo serie tras serie, muchas veces sin descanso entre una y otra, a menudo si darle un mínimo de tiempo a una que acaba de comenzar, y siempre pensando en lo que vendrá después. Me lo haré mirar. Como consecuencia de este desorden alimentario catódico, he empezado a ver seriales a cascoporro, muchos de ellos bodrios de alto octanaje; como con un libro, no me duelen prendas en mandar una serie a la papelera de reciclaje virtual. La vida es muy corta, y los torrents echan humo.

Desde que comenzó el año o así, me he encontrado con tres series que no han pasado el estricto control de calidad y los altos estándares que me he fijado: es decir, no aburrirme mientras las veo. Que den vergüencita ajena también es un factor decisivo, por cierto. Las agraciadas en este cuarto de año son…

Casi me engañáis, pero al final no

Casi me engañáis, pero al final no

Almost human. Casi buena, podría haber sido. De lo poco que sale de ci-fi en el mundo televisivo (sí, hay muy poco de este género, supongo que sobre todo por lo caro que debe salir comprar a un esclavo surcoreano para que haga los efectos especiales por ordenador), y resulta ser muy blandito. El supuesto no tenía mala pinta: en un futuro cercano con androides, implantes cibernéticos, pero sin coches voladores, un policía que casi la palma vuelve al cuerpo y se encuentra con que tiene que hacer la ronda con un pedazo de plástico con chips con forma de policía macizo (Michael Ealy de Sleeper cell, una serie que sí merece la pena ver). Lugares comunes, situaciones que prometen pero tratadas superficialmente, efectos especiales de baratillo, buenas intenciones pero malas ejecuciones, moralina… todo lo peor del mundo televisivo estadounidenese, resumido en esta serie. Lo que más jode es que intenten ponerse intensos al estilo Blade runner, con temas como aunque sea sintético, ¿puedo tener sentimientos? Con esto no se juega, fascistoides de la Fox. A Blade runner no me la toquéis que ma-to.

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

Grimm. Grima me da. Un policía (qué fijación con los cuerpos del orden) descubre de pura chiripa que es el heredero de una saga familiar que se dedica a exterminar a los monstruos que viven entre nosotros (si no fuera porque son literalmente monstruicos, diría que habrían tenido trabajo pa’ rato). De nuevo, lo que de entrada es una buena idea (dar un giro a los cuentos clásicos ambientándolos en la actualidad, como Once upon a time pero con un poco más de redaños), degenera en una concatenación de escenas previsibles, acción de pacotilla, secundarios miérder, y efectos digitales de baratillo que sonrojarían al cine de Bollywood. Ya en los primeros episodios, se agota el tema al centrarlo en mostrarnos una sucesión de personas-bestezuela, desde el lógico hombre lobuno hasta el marciano y muy poco de cuento popular mujer abeja (¿?). Supongo que lo que buscaban aquí era un family show, al estilo de las series infumables españolas como Águila roja, pero esto puede aburrir a pequeños y mayores por igual. Tanto dinero tan mal aprovechado…

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas...

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas…

Supernatural. Sobrenatural es el morro de los guionistas. Nos ponen la miel en los labios con un episodio piloto macarra, violento, y diría que hasta ocurrente y luego desgranan una sucesión de episodios muy petardos y sosunos. Lo de que tu hermano largamente olvidado regrese para que le acompañes en sus alegres cacerías de seres sobrenaturales malotes es una reinterpretación del género de delincuentes juveniles; de hecho, las hechuras de los hermanitos son calcadas del cine quinqui con más solera… combatir el mal no da dinero, amiguitos, hay que buscarlo de otras formas. Total, que en un flasback bastante heavy metal presenciamos cómo la madre de ambos muere achicharrada en el techo de su dormitorio (¿?) por obra y gracia de un demonio o un ser maligno al uso. El padre, y aquí todos podemos entenderlo, se pone en plan Sarah Connor y prepara a sus hijos para combatir al mal y al capital; el pequeño se harta de una vida repleta de emoción, exorcismos, y atracos a drug stores y decide estudiar derecho (¡¿?!). Hasta aquí todo bien; lo malo es lo que sigue. Al más puro estilo serial, los capítulos son una especie de un remake de Scooby Doo con su monstruo de la semana y repitiendo manidos esquemas uno tras otro, en vez de crear un hilo argumental sólido e interesante. Qué oportunidad más desaprovechada.

Algo me dice que habrá más entradas como esta en el futuro; si esta burbuja televisiva no estalla en algún momento, seguirán surgiendo infraproductos como estos. Permanezcan atentos a sus pantallas… bueno, o mejor no.

Banshee

Publicado: febrero 4, 2014 de josemasaga en Serie
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Un día normal en Banshee, Pennsylvania

Un día normal en Banshee, Pennsylvania

(Cuartel general de Cinemax, productora de televisión, durante la sesión de brainstorming de la que surgió la serie Banshee)

Guionista 1: Pues estaba ayer en el baño, y tuve una inspiración.
Productor: Ahórranos los detalles escatológicos.
G1: No, estaba en la ducha. La cuestión es que pensé “¿y si un ex-convicto, de turbio pasado, se hiciera pasar por el nuevo sheriff de un pequeño pueblo aprovechando que éste ha muerto sin que nadie le viera el jeto?”
Guionista 2: ¿Una serie del oeste, entonces? Porque el temita original no es demasiado, majo… es el arquetipo de sheriff, un tipo de dudoso pasado que decide ponerse al otro lado de la ley; y la línea es tan fina…
P: Tiene que ser en Pennsylvania. Mi primo es de allí. Hay amish e indios con casinos.
G1: Yo había pensado en Arizona… (cambia de idea al ver la mirada del productor). Pues nada, en Pennsylvania.
G2: Vamos a meter algo de la mafia, que viste mucho. Los rusos están muy sobados, los italoamericanos ni hablamos… propongo la mafia ucraniana, que tienen pinta de chungos y así podemos poner a gente con acentos fingidos espantosos.
P: Tiene que haber como mínimo, os lo digo desde ya, una escena de sexo explícito, otra de persecuciones y otra de hostias como panes con sangre salpicando en cada capítulo. Exigencias de la empresa.
G2: Fácil y muy novedoso: el prota es un cañón de tío que con sólo mirar a una tía se le caen las bragas. Ya me pilláis: entra en un bar y se tira a la camarera; mata al marido de una y luego se la beneficia; se enrolla con una amish díscola que no aparenta ni dieciocho… lo normal, vamos.
P: (Apuntando en una pizarra blanca). He puesto una lista de palabras que NO definirán la nueva serie: pudor, contención, humildad, templanza.
G1: (Suspirando). Venga, hagamos un brainstorming para sacar ideas. Vamos con los personajes.
G2: Un drag queen oriental experto en hackear sistemas informáticos.
P: Un mafioso local amish rechazado por su comunidad, dueño de un matadero y que asesina sin ningún tipo de problemillas.
G1: (Jurando por lo bajo). Bueno, yo tenía en mente a su ex-novia, por la que fue al trullo, la hija del jefazo mafioso. Una tiarrona que lo mismo te hace una tarta de manzana que igual te saca el bazo por la boca a hostiazos.
P: Vale, pero que tenga familia, que eso gana muchas simpatías de las madres: además, ¡qué pedazo de idea dramática! Su hijo pequeño tiene problemas pulmonares y parece el joven Darth Vader.

Marineeero... ¿es eso Brummel?

Marineeero… ¿es eso Brummel?

G2: Lo veo, lo veo: y su hija, una adolescente gilipollas que siempre se mete en movidas por ir de malota.
G1: Eh, sí, eh… bueno, pasemos por-favor-os-lo-digo al tema argumento, anda. Yo había pensado en que fuera un thriller psicológico, que el prota esquivara hábilmente la posibilidad de ser descubierto, que…
P: Me abuuurrooo… yo creo que el estilo que nos conviene es una mezcla de Charles Bronson y Harrry el sucio: ¿que un tiparraco viola a una camarera? Pues el sheriff le pega la paliza del siglo. ¿Rehenes en una escuela? El sheriff entra y les hace más agujeros que a la economía española. ¿Moteros macarras que aterrorizan Banshee? No hay nada que no pueda arreglar una palanqueta aplicada al cráneo.
G2: (Fingiendo emoción, mirando al productor). Claaaro, ¡y que el mafioso descubra dónde están los dos y mande a media Ucrania a cepillárselos!
G1: Oye, esto da para cinco temporadas, ¿por qué meter tanta mandanga en diez capítulos? ¿Se va a terminar el mundo, o algo? Además, os recuerdo que es un pueblucho en medio del campo, ¿no es estirar un poco la credibilidad?
P: Hay que hacer competencia a Starz, que con Espartaco dejaron el listón muy alto. Se nos olvida algo, joder, se nos olvida algo…
G1: (Temerosamente). Yo, así en plan parte emocional/sentimental, quería poner flashbacks jugosos… un poco de drama carcelario, la historia de amor con la hija del mafioso que sale mal, ya sabes… todos con una peluca y listos, que no tenemos presupuesto para maquillajes elaborados.
G2: ¿Pues sabes que tenía yo este personaje que me sobró de otra serie, una de cárceles? Un albino enorme, sádico, al que le va más la pluma que el pelo…
P: ¡Cojonudo! Y metemos escena de cuasi-violación en villa barrote; que el prota sufra algo, que le veo muy campechano y fresco, Y que se tire 15 añacos en el trullo.

Mira que quien lo prueba luego repite...

Venga, tonto, que quien lo prueba luego repite…

G1: (Casi llorando). Pues nada, muy bonito todo. El típico anti-héroe que parece el sueño húmedo de todo adolescente, que se toma la justicia por su mano, sigue chanchulleando si puede y hace como si estuviera en la guerra, donde todo agujero es trinchera.
P: ¡Por fin lo pillas! Chaval, tú tienes futuro en esto de la televisión. Me voy a hacer el casting: no quiero ni una sola cara conocida, que luego empiezan a pedir un millón por episodio como los impresentables de Dos hombres y medio.

Las imágenes son de imdb.com y de cinemax.com, la productora de la serie. No se ha maltratado a ningún guionista en la redacción de esta entrada

Defiance

Publicado: noviembre 25, 2013 de josemasaga en Serie
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Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Mira que he estado dándole vueltas a la cabeza durante esta semana para encontrar series o pelis que recomendar, tal y como proponía un reciente comentarista, pero chico, he de admitir que la cosa está muy malita. Si pienso en producciones a toro pasado, alguna más me sale, pero nuestro objetivo es hablar (bueno, escribir) sobre estrenos o por lo menos material actual; prometemos, de todas formas, sacarnos de la manga en un futuro no muy lejano una sección para hablar de films a recuperar.

Curioso lo de esta serie, en muchos aspectos. Lo primero a destacar es que se estrenó a la vez en todo el mundo mundial, y que además sacaron un videojuego el mismito día; se les llenó la boca al decir que era un producto transmedia, que más de uno puede pensar que tiene que ver con cambios de sexo online, pero en realidad significa eso, que te lo echan por la tele y que puedes echarte unas partidas. Majos, esto ya estaba inventado.

Otro aspecto destacable es el bombo que le dieron al serial; incluso yo, que por suerte tengo poca exposición a la publicidad (en general, de cualquier tipo) me enteré que empezaba. Además, el aspecto inicial era de gran producción de ci-fi, algo raro en televisión; es extraño, puesto que mira que echan duros en producir series dramáticas, de época, de la guerra, cómicas, y un largo etcétera (incluso alguna que otra fantástica, como Juego de tronos), pero del género ci-fi cuesta encontrar algo decente y con buen presupuesto (quitando Expediente X, Fringe y cuatro más).

¿Tanto pa’ qué? Pues pa’ ná. Así os lo digo. Ahora me extiendo, pero yo, gran fans de la ciencia-ficción, sigo esperando una serie que está a la altura de Los Soprano, The Wire o Breaking Bad, con guiones magistrales, personajes bien interpretados y definidos, y efectos especiales al menos dignos. No, lo siento, Battlestar Galactica no me sirve, y Firefly prometía pero se quedó a medias. Sigo huérfano.

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Un eminente bloguero de otros lares decía en una entrada que mezclar más de dos géneros o subgéneros resulta en un espantoso desastre en el cual al final ninguno destaca y todos se estorban; he aquí el principal problema de Defiance. ¿Una serie que emula o se inspira en Deadwood (pedazo de serie que sí merece una reseña), es decir, sobre un pueblo en la frontera, no afiliado a ninguna nación, nido de víboras y gentes de mal vivir? Venga, vale. ¿Una serie que bebe de fuentes post-apocalípticas, al estilo de Mad Max o incluso de la reciente Revolution? No está mal la idea. Pero, ¿una serie que también echa a a la coctelera un puñado de especies alienígenas humanoides al estilo Star Trek (o sea, gente con la cabeza rara)? Mira, no, para.

Y es una lástima: el punto de partida es majo, atractivo, y tiene potencial. A la tierra llegan (cómo no, parecemos los únicos invadibles de todo el universo) ciento y la madre de alienígenas (los llamados Votans) procedentes de un sistema solar que se ha ido a tomar quasar, creyendo (sí, claro) que estaba vacía. Sí, como cuando vas a aparcar y es badén o alguna mierda similar. Total, que mientras negocian, que sí y que no, que si con calcetines blancos no pasáis, que vaya que sí que vamos a aterrizar y comernos hasta las piedras, alguien ataca al convoy extraterrestre y se arma la marimorena. Tortas, explosiones, tecnología que se va de madre, y al final tenemos al planeta hecho unos zorros, un montón de tíos con cabezas raras y los humanos que han sobrevivido desperdigados y mosqueados.

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Defiance, la antigua Sant Louis (Missouri, qué elección más extraña, supongo que el ayuntamiento les untó o algo), permanece ajena a las nuevas potencias, mientras alberga un mezcladillo de especies y de personajes a cada cual más repleto de secretos y maldades. Un encanto de sitio, para irse de vacaciones. A ella llega el típico más-chulo-que-un-ocho con su sidekick alienígena al lado, y al final, aunque son muy mercenarios y muy independientes pero en el fondo tienen buen corazón, se quedan a ejercer de sheriffes. La galería de protagonistas es muy de Bonanza: el dueño de la mina, padre viudo con hijos díscolos y un montón de matones mineros; el señor del crimen alienígena, que maneja con puño de hierro a su familia y a sus vasallos; la dueña del puticlú, puta pero/por lo tanto con un corazón de oro; la alcaldesa, una pobre pringá que no ve venir ni una; y la ex-alcaldesa, que como la Aguirre, supuestamente ha dejado el poder pero sigue dando por saco.

Aparte del popurrí infernal que al final no resulta en nada claro o tragable, los guiones y la estructura de la historia central, la que vertebra la primera temporada, es de pena. El resultado es una ficción deslavazada, con más agujeros que la nueva tierra, con situaciones poco emocionantes o mal hiladas, y con personajes que parecen un puñado de Doctores Jekyll y Mr Hides, repletos de cambios de humor, de opinión, de objetivos vitales… parecen participantes de Gran Hermano, más que seres de carne y hueso (sea esta extraterrestre o no). Además, para echar más sal a la herida, las especies alienígenas son un compendio de clichés sin ningún interés o creatividad. Unos son una especie de indios (de Norteamérica, no de la India) con todos los tópicos asociados; otros, una sociedad facha y patriarcal blanqueados con talco; y de lo poco que vemos de los demás (hay un colectivo que parecen orangutanes o Wookiees, y otro gente desdibujada y poco más), queda la impresión de que los fondos eran escasos y el maquillaje facial, la única opción.

Claro que mirando qué productora lo ha pergeñado lo entiendo un poco más: Universal Cable (¿?), que ha creado mediocridades como Eureka o Caprica. Flipas: en EEUU. se pueden permitir dirigir y emitir series de mediana calidad, ya que están boyantes, son ciento y la madre y antes o después se las venden a algún país de pobres desgraciados. Incluso el producto más cutre supera con creces cualquier infraserie que siquiera se nos ocurre aquí, por supuesto… pero estando el panorama (e internet, ejem, ejem) lleno de seriazas, no merece la pena tragarse ni un capítulo de seriales reguleros. Votans, go home.

Imágenes obtenidas de la página del canal que emite (o emitía) la serie, SyFy

Breaking Bad

Publicado: noviembre 10, 2013 de josemasaga en Serie
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Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo.

Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo

¿Por qué nos atrae tan poderosamente el mundo del crimen? ¿Por qué se han transformado en auténticas estrellas mediáticas mafiosos, ladrones de bancos, políticos corruptos, asesinos en serie, dictadores y gentuza similar? ¿Por qué seguimos fielmente sus andanzas, ya sea en forma de serie, película, novela o serial radiofónico? ¿Podría ayudarnos aquí un loquero, por favor?

Advertencia: aunque no pienso contar el final de esta serie, sí que voy a incurrir en lo que ya avisamos en la descripción de este blog: destripe puro y duro, charcutería de los entresijos de este serial. Como le encanta decir a mi madre, el que avisa no es traidor.

Porque en el fondo, todos querríamos romper. Porque queramos o no, seguimos siendo depredadores mantenidos a duras penas a raya mediante promesas de una vida tranquila, fácil, sin sobresaltos. Porque esa mentira no nos la creemos ni nosotros.

Antes de ponerme más intenso, recapitulemos: un profe de instituto, de esos que ni han hecho el CAP, que para complementar su mísero (en el estándar estadounidense) sueldo trabaja en un garito de lavacoches. Esta perfecta vida se ve interrumpida por la gran C: cáncer. A ti o a mí se nos hubiera ocurrido dejarlo todo y pirarnos de viaje, o acudir a un curandero de la tribu Calusa, o practicar esos deportes de riesgo que suelen terminar con alguien recogiéndote con un rascador y varias bolsas negras. La solución para Walter White es más original y propia de macho proveedor para su familia: sintetizar la mejor metanfetamina de la historia, acumular más pasta que Rato, y dejar a los suyos con el riñón bien forrado antes de cascarla. Todo ello con la inestimable ayuda de un antiguo alumno suyo, el bala perdida Jesse Pinkman, uno de los mejores ejemplos de white trash que he visto en mi vida como espectador, con su mimetismo con la cultura rapera y todo.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido

Imaginad que los Cohen escribieran y dirigieran una serie (ojalá): en esa realidad alternativa, este sería el resultado. Las andanzas de esta Quijotesca y Panzesca pareja, un dúo de criminales amateur a los cuales les crecen continuamente los enanos, bascula continuamente entre el patetismo, el drama, la tragicomedia y el horror. Creo firmemente que estrena un nuevo subgénero, con fuerza apabullante: el family noir. Me encanta el género negro, ya sea en literatura, cine, o televisión, y en este nuevo siglo está evolucionando de diversas y curiosas formas. En este caso, al submundo criminal y terrenos colindantes (policía, leguleyos, etc.) se le suma la también complicada realidad de la familia. Se puede argumentar que, por ejemplo, en la célebre Los Soprano esta también juega un papel fundamental, pero aquí la familia es la excusa, la razón, el vehículo, y el desenlace: los lazos familiares y de amistad, y qué suponen cuando alguien decide transformarse por completo, sin contar con ellos.

Los elementos son sencillos, casi de ideal minimalista, y acentúan la valía de un guión magistral, perfectamente engarzado y enhebrado, en el que nada sobra o falta. Un entorno desértico y parco (el sudoeste estadounidense, Nuevo México), los variados laboratorios ilegales (la autocaravana, la lavandería industrial, las casas en proceso de fumigación), un círculo limitado de familiares (esposa, hijo, hija recién nacida, cuñados), los aliados y enemigos criminales (el grandísimo abogado Saul, el arreglador Mike, el cártel mejicano, los colegas reclutados para ser camellos, el capo dueño de restaurantes de pollo frito, la banda neonazi), los agentes de la DEA (el cuñado, su compañero/mejor amigo). Casi se podría llevar al teatro. De verdad.

¿Cómo redondearlo todo? Con uno de los mejores repartos de la historia. Desde Bryan Cranston como Walter White, al que de verdad no se le puede llegar a odiar por muchas atrocidades que cometa, al que se le compadece tras cada decisión desastrosa o cada acto brutal, cuando su cara muestra la frustración, la incapacidad de compaginar su cara amable de buen padre y esposo y la de implacable drug lord de sobrenombre Heisenberg; siguiendo con Aaron Paul como Jesse Pinkman, escudero y socio de Walter, el auténtico damnificado de toda la historia, el que con todas sus fuerzas quería ser malo y descubre que es muy frágil, que se hace añicos una y otra vez; pasando por Bob Odenkirk como Saul Goodman, que se come al resto cuando aparece en pantalla, el epítome de abogado corrupto y carente de cualquier tipo de moral pero poseedor de una sabiduría casi sobrenatural; y mi favorito, sin lugar a dudas, Jonathan Banks como Mike, el personaje más creíble que jamás he visto de un posible arreglador de una organización criminal, que a fuerza de ser lo más anodino pero acojonantemente efectivo al mismo tiempo queda grabado a fuego en el imaginario colectivo de tipos desesperadamante cool.

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

En algún momento de nuestra historia colectiva dejamos de crear sagas y ciclos legendarios; parece ser que la pantalla mató esa expresión del sublime ideal que toda sociedad atesora, ese compendio de virtudes y defectos encarnados en una figura heroica, usualmente un guerrero cachas. Creo que, por fin, tenemos el medio heredero de las leyendas de antaño (las serie televisivas), y el gran sucesor de esos antihéroes de antaño: Heisenberg, el alter ego de Walter White. Él, más que nadie, muestra el viaje interno y externo del héroe, todo por lo que pasa para, a su juicio, alcanzar su personal Ítaca, su grial, su anillo de los nibelungos. Su transformación, su evolución como personaje ocurre como el crecimiento de las plantas: día a día, casi sin que te des cuenta; de repente, tienes delante de ti a un ser completo, crecido, que no tiene por qué ser bonito o lo que esperabas de él. Su historia es una auténtica epopeya que termina como tiene que terminar todo mito, y que nos deja algunas de las imágenes más evocadoras de los últimos años: los peregrinos en procesión a la capilla de la Santa Muerte; los restos del accidente aéreo en la piscina; la descomunal pila de dinero en un trastero de alquiler; las coreografías de Walter y Jesse cocinando la metanfetamina; la masacre de la banda neonazi; y un tan largo etcétera…

No creo que haya habido mejor publicidad en los últimos años para ninguna temporada final de una serie: rezaban los anuncios de la quinta Remember my name, Recuerda mi nombre. Creo que se recordará el alias elegido por Walter, Heisenberg (en honor a Werner Heisenberg, principal promotor de la teoría cuántica, la de la incertidumbre, y partícipe de experimentos para desarrollar la energía nuclear en la Alemania de la II guerra mundial), que como él cambió de alguna manera y de forma irreversible la forma que tenemos de entender una parte del mundo; en este caso, la ficción audiovisual. Y es que al fin a y al cabo, es bien cierto: todo es química.

Imágenes obtenidas de la página de la productora, amctv.com

La Cúpula

Publicado: noviembre 5, 2013 de LaSoPhi en Serie
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Levanta la patita…¡muy bien Toby!

La serie no empieza mal. Chester’s Mill es un pueblecito de los Estados Unidos (que como siempre, es donde todo ocurre… propagaciones zombies, invasiones extraterrestres, tiroteos, catástrofes naturales, ataques terroristas, y un sin fin de acontecimientos que a mi vivir allí me quitaría el sueño), que de repente se queda atrapado en una cúpula de cristal hecha de un material irrompible e infranqueable que ni siquiera el ejercito de los Estados Unidos con una bomba nuclear puede quebrantar. [Hagamos un inciso sobre el título del libro en el que está basado la serie, ya que quizá no sea el más adecuado, pues los pueblerinos no parecen estar atrapados en una bóveda, sino más bien en una esfera, ya que en uno de los capítulos intentan excavar pero no hay salida, el cristal no tiene fin… bueno, pero para entendernos vamos a seguir llamándola “cúpula”, como en la serie].

Esta cúpula además ha caído del cielo, por tanto, tiene que venir o de Dios o de los alienígenas, lo más probable es que venga de éstos últimos, más que nada porque casi al final de la temporada se da una mieja dilucidación, explicación que a mí no me convence, porque se supone que la cúpula está para protegerles, pero durante el transcurso y en los últimos capítulos de la serie, y después de comprobar la calaña que vive en ese pueblo, lo más probable es que el objetivo de esa cúpula sea proteger al resto del mundo de los habitantes de Chester’s Mill.

El que podría ser el  protagonista, Barbie (que nombre tan poco agraciado para ser un militar al estilo Rambo), acaba atrapado en el pueblo porque es una especie de matón que ha ido a extorsionar a un pobre médico lleno de deudas, y que curiosidades del destino, acabará liándose con su esposa, Julia Shumway, la cual parece pasarse toda la serie posando para un anuncio de Garnier, ya que no aparece en ninguna escena con un solo rizo despeinado, la deben haber puesto la suficiente laca en la melena pelirroja, como para acabar con la capa de ozono.

El coprotagonista es vendedor de coche y concejal del ayuntamiento, James “Big Jim” Rennie, que se pasa capítulo tras capítulo en una lucha incondicional para hacerse con el poder, por lo que se alía y enemista con todos y cada uno de los protagonistas, incluyendo a su propio hijo, <<“Ahora te necesito”, “ahora no te necesito”, “te voy a ayudar, “ahora no”, “fuera de mi casa”, “ahora te quiero”, “ya no te volveré a mentir”, “ahora te mato”>, en fin.. que este hombre se ha empeñado en dirigir a los habitantes de Chester’s Mill, aunque para ello tenga que mentir, robar, manipular y extorsionar a quien haga falta, y es que como le dice Barbie “tu mayor problema, es ser político” (el suyo y el de los que le rodean, vamos… como en la vida real).

Están los hermanos McAlister, Angie y Joe, que serán parte de la clave para desvelar el misterio e intentar darle solución. Angie además trae de cabeza a Junior Rennie, el hijo de “Big Jim” al que tiene perdidamente enamorado, y el cual intentará por todos los medios mantenerla a su lado, aunque para ello tenga que secuestrar o asesinar (“hay amores que matan”).

Tenemos a Carolyn Hill y Alice Calvert, pareja de lesbianas con una hija delincuente que casualmente pasaban por allí, para llevar a Norrie a un campamento de “jóvenes rebeldes”. Está la sheriff Linda Esquivel con menos autoridad que el Jefe Bigun, el cura del pueblo, que poco tiene de “Pájaro Espino” pues se dedica a traficar con propano y a robar los medicamentos a los ciudadanos. Phil Bushey, el Leny Kravitz de Chester’s Mill,  que dirige la emisora del pueblo junto con Dodee Weaver. El granjero Ollie, que no tiene escrúpulos en especular con el agua del pueblo, los hermanos Dundee, que cuando la serie llega al punto más álgido, intentan a robar, violar y matar a todo el que se pone por delante, y Maxine, que aprovechando la contingencia, abre un after en el que sirven alcohol y se puede apostar en peleas organizadas, a cambio de alimentos básicos para mantenerse con vida, (como veis, la supervivencia no está reñida con la diversión).

Mientras veía como se iban desarrollando los hechos, me iba recordando muchísimo a la serie Walking Dead, ya que no se trata tanto el misterio de la cúpula, sino que se muestran las relaciones, las motivaciones y las inquietudes que “esos problemas” originan en las personas,  al igual que les pasa a los protagonistas de Walking Dead, los zombies quedan relegados a un segundo plano. Si nos damos cuenta, casi todas las series versan de relaciones humanas, y en la que estamos comentando en esta entrada, se trata de cómo sale la gente a flote, como se las ingenia y quiénes al final toman el poder o se hacen cargo de la situación y quiénes son sus marionetas.

Se nos acabó el cristasol...¡estamos jodidos!

Se nos acabó el cristasol…¡estamos jodidos!

Os podéis imaginar la de situaciones que se crean con la mezcla de personajes anteriores atrapados en una cúpula, más que un experimento extraterrestre parece que Chester Mill’s ha sido levantado bajo los cimientos de algún cementerio indio. Si la habéis visto y os ha gustado, os daréis cuenta que no puede acabar así, ya que en la última escena uno de los protagonistas está con una soga en el cuello y cuando le van a colgar, “algo” hace detener la ejecución… nos da que pensar, que va a haber una segunda temporada.

Por último y no por ello menos importante, una pequeña reseña a uno de los productores, guionistas y escritor del libro en que se ha basado la serie, Stephen King. Escritor de 66 años, de Maine, con más de 50 novelas a sus espaldas y relatos cortos, de los cuales una gran mayoría ha sido adaptada a películas y series de televisión, lo que confirma el hecho de que ingenio y originalidad no le falta