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Chappie

Publicado: marzo 24, 2015 de josemasaga en Película
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La mamá y el papá de Chappie... sí, es un robot muy afortunado

La mamá y el papá de Chappie… sí, es un robot muy afortunado

Si no fuera porque se llama Suráfrica, a más de uno nos costaría localizarla en el mapa. Aparte del infame apartheid, lo único que conozco de este país africano es a Nelson Mandela, a Charlize Theron, y al director y escritor de esta cinta, Neil Blomkamp.

Neil se hizo un hueco bien gordo en el panorama cinematográfico tras escribir y dirigir Distrito 9, en la que ya empezaban a despuntar las obsesiones que ha arrastrado por las dos siguientes películas (la segunda es Elysium, que reseñó hábilmente LaSophi): las armas y la crisis de identidad. No quiero adelantar acontecimientos, pero dicho film sigue siendo la mejor muestra de lo que puede hacer este buen hombre. En esto del cine soy como un yonqui, siempre buscando en sucesivas dosis lo que conseguí de manera irrepetible con la primera; en este caso su nuevo trabajo se llama Chappie.

Ya que el argumento de esta cinta podría ocupar una línea y todavía nos sobraría un par de toques al tabulador, procedo a partir de ahora a, más que destriparla, desguazarla (en honor al prota, un robot rescatado del contenedor de reciclaje).

Chappie es una película muy mestiza, que hace referencia a tantos films que no llegaré ni a acordarme de todos. Propone la ya antigua historia del hombre que quiere ser dios creando un ser inteligente de cero, esta vez por suerte no a imagen y semejanza suya (eso, con una pareja del sexo opuesto y paciencia, cualquiera lo logra). Este Frankenstein ingeniero programa una inteligencia artificial, y en vez de meterla en un ordenador conectado a internet, la enchufa en un robot desahuciado, antiguo miembro de la fuerza policial de Johannesburgo. Pero en un inesperado giro del guión (léase con ironía), el inteligente robot cae en manos de una banda criminal, que intentará usarlo para sus criminales fines. Que para eso son criminales.

Chappie, entre el petardo de Jar-jar bins y...

Chappie, entre el petardo de Jar-jar bins y…

Ya en los primeros quince minutos se pueden advertir los homenajes (de nuevo, sarcasmo) de Blomkamp a otros clásicos del séptimo arte. El supuesto protagonista es un trasunto de Cortocircuito, ya que como él tiene que aprender a marchas forzadas cómo funciona un mundo hostil y ajeno a él. La empresa de armas de la que surje y donde trabaja su creador provee al gobierno de policías robóticos, como en Robocop, y como en dicho film, hay un prototipo más brutal y destroyer que compite con el modelo al que pertenece Chappie. El citado creador de nuestro metálico amiguito copia a J.F. Sebastian de Blade Runner tanto en sus ínfulas creadoras como en sus asistentes hogareños. Y así hasta el infinito.

El reparto es de categoría, pero está muy desaprovechado: empezando por la Weaver, que amenaza con ser la próxima Samuel L. Jackson en su papel de omnipresente actriz de cameos; siguiendo por el Jackman, con su peinado mullet, en pantalones cortos y con pistola en la oficina; continuando con Patel, el inventor del siglo y que ni siquiera tiene despacho propio; y terminando con el que hace de Chappie, Sharlto Copley, que seguro que se pasó todo el rodaje dentro de un traje con luces (no de torero, el de captar los movimientos). Este personaje, que debería ser el centro de atención de toda la narración, y que recuerda por momentos a Yar-yar bins y por momentos a Briareos, de Appleseed por las antenas a guisa de orejas conejiles, termina poniendo de los nervios por la torpe elección de sus diálogos y la improbable forma de evolucionar a lo largo del film.

Sin embargo, no es así con los macarrónicos protagonistas, que le roban la merienda y el protagonismo a Chappie. Hablo, claro, de Ninja y Yo-Landi ViSSer, los integrantes de Die Antwoord, gentecilla difícil de encasillar (son, en teoría, artistas multidisciplinares), creadores de un estilo musical al que han llamado “Zef”. Cualquiera de sus videos merece la pena; casi más que esta película, me temo. En el film son dos malotes muy malotes (aunque ella luego se ablanda debido a la maternidad… machismo hasta en la ciencia ficción), que por arte de birlibirloque se hacen con Chappie (se lo guindan a su creador, un tío que va sin escolta ni protección ni vigilancia en una ciudad ultraviolenta).

...Briareos, pero con 50 kilos de chapa menos

…Briareos, pero con 50 kilos de chapa menos

La peli, por desgracia, tiene más agujeros que el centro de Johannesburgo. La línea argumental es difusa y le pasa como al Guadiana, que aparece y desaparece; la historia principal llega a convertirse en secundaria cuando entra en escena la citada pareja atómica. Otras historias están ahí como de pegote, como la del mismísimo creador de Chappie, o la del compañero (por decir algo) de trabajo que encarna Jackman, que protagoniza momentos delirantes. Por si no fuera poco, hay detalles que echan por tierra una película, como las idas y venidas de Patel sustrayendo material ultrasecreto (algunos nos conformamos con llevarnos los clips del curro), el capo mafioso enemigo de la pareja (muy de peli B de los 80), el casco neuronal para controlar al robot enemigo (no nos engañáis, es un casco de bici con cuatro cables pegados), que Chappie guarde la mente de su mami en un usb (que fallan más que una escopeta de feria), y un eterno etc.

Y, joder, es una pena. La idea, aunque no es nueva, tenía posibilidades, sobre todo por el estilo tan personal e irrepetible del director: su ciencia ficción sucia y fea, ultraviolenta, que resalta aspectos que los medio nenas de Hollywood se apresuran siempre a tapar. Lo que sí le puedo decir a Neil es que se dedique más a dirigir y menos a escribir; chico, si tienes una buena idea, pasásela a Stephen King y que te haga un guión.

2 X 1: Trascendence y Lucy

Publicado: septiembre 11, 2014 de josemasaga en Película
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Te has Lucy-do (no me he podido resistir)

Te has Lucy-do (no me he podido resistir)

En menos de medio año han estrenado un par de películas que versan sobre la superación de los patéticos límites de lo humano, de alcanzar otro nivel de existencia. No, no hablo de ganar la primitiva o de que te surja de repente una herencia en Suiza; el tema es a la vez más filosófico y más concreto. Esta corriente, ya antigua, se llama transhumanismo y teoriza sobre la posibilidad en un futuro no muy lejano de superar las limitaciones biológicas con las que nacemos, con la capacidad para alterar nuestros cuerpos y mentes. Me da a mí que esto no sería especialmente complicado, teniendo en cuenta lo indeseables que somos los humanos; hay espacio para mucha mejora. oiga.

Trascendence lo aborda desde el género cyberpunk, ese que nos prometía tener internet en vivo aproximadamente en esta década (en lugar de ello, tenemos feisbuk y amazón). El protagonista, Jhonny Depp (que haga el papel que haga empieza a ser como Tom Cruise, es siempre él), un genio de la informática que busca junto a su novia la creación de una inteligencia artificial, es objetivo de un grupo terrorista (en un momento más sobre esto) y antes de palmarla se presta a ser el conejillo de indias del experimento del milenio: ser transferido mentalmente a un ordenador (sí, hola, El cortador de césped).

El móvil que sostiene (o algo) la película es endeble, por decir algo amable. Un grupo terrorista a lo The following, con gente en todos lados, más recursos que el JMJ, y métodos tan extraños como disparar con una bala de uranio empobrecido al famoso doctor Depp… ¿dónde ha quedado el útil cinturón de explosivos? Pero claro, había que dar una explicación para que el pobre hombre quisiese convertirse en software. Que visto lo visto, a ver quién tiene agallas para hacerlo, viendo que hasta el sistema operativo de un móvil se puede llegar a colgar.

Total, que como podéis imaginar lo consigue, y con su recién adquirida hiper-inteligencia y moviéndose por internet como un internauta chino, se forra y empieza sus supuestos planes de dominación mundial desde su base secreta en medio de la nada… eso, o la gente le malinterpreta. Porque lo que intentaban parar los terroristas es la creación de una inteligencia no humana, que según ellos borraría de la faz de la tierra al ser humano (y bien merecido). Casi llegados al final de la cinta, esta toma un cariz muy maniqueo y tramposo, forzándonos a creer algo para luego venir con el típico “que no, tontos, que era muy majo…”

Me jode que me engañen, supongo que como a todo el mundo. Total, un planteamiento interesante desaprovechado.

Más Max Headroom

Más Max Headroom

Lucy no parte de algo tan serio como IAs y peña fanática. Se limita a copiar literalmente el supuesto inicial de Limitless, un film del 2011 que dudo que siquiera llegara a España, retomando la gilipollez de lo de que no usamos el 100% del cerebro (que no, que es mentira) y que una droga te lo permite. Y es que sí, las drogas son buenas, te hacen más listo.

Este film de Luc Besson consigue hacerlo todo mal. Si esperabais una peli de acción, vais dados. Si veníais en busca de transcendentalismo, pues tampoco, porque en seguida entra en temas muy manidos como viajes en el tiempo y hasta tiene el morro de sajar a 2001, una odisea en el espacio, sacando a los famosos eslabones perdidos jugando con huesos.

Los malos son absurdamente violentos y malísimos, la protagonista pasa de no saber qué hacer por ser muy tonta (la pintan así, no es sexismo ni prejuicios por ser la Johansson) a ir medio empanada por ser demasiado lista. Y es que el llegar al supuesto 100% cerebral te permite manipular la gravedad, hablar por la tele (sin tener que follarte a ningún famosete de medio pelo) y como decía arriba, superar el espacio y el tiempo. Que mira, vendría de puta madre para ahorrarse uno el ver bodrios como este (echas un vistazo a tu futuro, ves que es una ful de peli, no la ves).

Hay algo que sí me inquietó de ambas pelis: Morgan Freeman. ¿Está impuesto por cláusula en todas las pelis de acción y ci-fi que hace Hollywood? ¿Es dios? ¿Por qué, al igual que Depp y Cruise, hace siempre de sí mismo? Esto sí que es trascender, y no lo que hicieron los protagonistas de los dos mojones estos.

Imágenes obtenidas de allmovie.com

Under the skin

Publicado: agosto 12, 2014 de josemasaga en Película
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Johansson y así como uin estarcido por encima

Johansson y así como un estarcido por encima

Aviso: los que seáis fans de Sacrlett Johansson, abandonad la sala. No os va a gustar lo que vais a leer, ahorraos el trago. ¿Ya? Venga, continúo.

Con esta película, se demuestra que escribir una buena sinopsis es un arte que no está valorado como se merece. Me explico. Cuando le conté a LaSophi que había visto esta película y la impresión que me había causado, respondió como con muchas otras que me he tragado en los últimos meses: “¿Quién te la recomendó? ¿Dónda la encontraste?”. Soy como un mendigo del cine de ciencia-ficción; arrastro mis cansados pies por páginas de relumbrón como Allmovie o IMDB, consulto listas de aficionados sobre las mejores del género, picoteo en blogs. Evito las críticas, me centro en las sinopsis, pero por supuesto son tan engañosas como las opiniones personales. Es decir, la de esta en particular rezaba (traducido a vuela pluma del inglés) Una alienígena con el aspecto de una atractiva mujer deambula por las calles y carreteras de Escocia para dar caza a hombres solitarios en esta surrealista adaptación de la novela de Michel Faber. Creo que lo único acertado es que es surrealista.

Y así es: la Johansson, a la que casi no le gusta lucirse, se aburría y entre los miles de guiones que deben llegarle descubrió este. Se dio cuenta de que siendo la protagonista acaparaba casi el 99% de presencia en pantalla (siendo conservador en la estimación), que salía desnuda o casi en el 70% de las escenas y que casi ni tenía que hablar. Ni mostrar cambios de expresión, por cierto. Una bicoca, vamos. Lo de que es una extraterrestre lo tenemos que intuir o imaginar, ya que nada menos el final de la cinta lo insinúa o muestra. Lo que no logro entender es cómo le encargan la misión de ir abduciendo a paletos escoceses sin enseñarle o descargarle o como lo hagan estos alienígenas el acento escocés. O que vaya en una furgoneta de esas de repartidor blancas y llena de bollos. O que tenga que llevar a los pobres desgraciados a una cochambrosa casa en las afueras, muy atrayente y sugestivo. Y dejad de babear, admiradores de la Johansson que seguís leyendo: os vais a llevar el mayor chasco de vuestra vida, porque o bien las fajas y el photoshop han creado un espejismo o bien esta chica se ha dejado mucho en los últimos años. Un desastre total.

Un apunte: el surrealismo no tiene por qué ser aburrido. Mirad a Lynch, mirad a Cuerda. El surrealismo no es contemplar cómo crece el césped en las Highlands (que sí, que muy bonitas) o cómo Scarlet mira con cara de boba el infinito. El surrealismo puede ser que no te enteres de qué coño está pasando, pero al menos que tengas la cabeza llena de hipótesis o no te puedas creer el locurón que estás contemplando. Y este film no cumple ninguno de los requisitos del buen cine surrealista (ya hablaré de Upstream color, ya). Lo que se nos tira a la cara es una historia deslabazada con, por lo menos, un final impactante y que logra dar grima (y que nos reafirma en que no hace falta que venga ningún extraterrestre para mostrarnos lo que es ser un hijoputa inhumano).

Expresando el frío escocés sin necesidad del método Stanislavski

Expresando el frío escocés sin necesidad del método Stanislavski

El director, Jonathan Glazer, un auténtico desconocido para mí, co-escribió la adaptación de la novela de Michel Faber, y se quedó bien a gusto. Tras leer otra sinopsis, esta mejor hecha, de la novela de origen, se acentúa mi falta de fe en las adaptaciones para la gran pantalla de obras literarias. No hace falta, en serio; son disciplinas distintas, casi antitéticas. Buscad la inspiración en otro lado, amigos productores y directores y magnates de Hollywood (bueno, esta es inglesa). Tú también, Jackson, deja en paz El Hobbit, vaya manera de ordeñar un clásico infantil.

Y aprovecho para reiterar mi extrañeza en la elección del, por otro lado, bello país (o provincia o región o lo que sea, y más con un referéndum en ciernes) escocés, ni siquiera teniendo en cuenta la excusa de la trama (buscar hombres solitarios, que no haya casi nadie que pueda ser testigo del hecho de la abducción, etc.). Aunque por otro lado le da un toque como de andar por casa, casi de documental falso o mockumentary, porque me apuesto el cuello a que la mayoría de los cahavalotes que se dejan engatusar por la Scarlett (y mira que visten y maquillan mal a la pobre, encima) son espontáneos o casi. Si siguieran existiendo los amados videoclubs, esto sería carne de estantería del fondo.

Al filo del mañana

Publicado: junio 15, 2014 de josemasaga en Película
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En Francés. Porque es en Francia, ojo

En Francés. Porque es en Francia, ojo

Como se supone que esta es una película con sorpresas o así, voy a decir desde ya que voy a realizar varios niveles de destripe… ¡pero no asustarse!, los iré anunciando antes de soltarlos. Pues nada, vamos p’allá.

Viendo que los Estadounidenses tienen pocas pelis sobre el día-D, Tom Cruise pensó que le molaría ser el prota en una nueva. Pero ya que el tema histórico no le atrae demasiado, sino más bien lo futurista, se lió la manta a la cabeza y se embarcó en este film sobre otra invasión extraterrestre (¿de verdad que no hay más planetas en el universo? ¿Qué hay aquí tan atractivo? ¿Sale la Tierra en la Guía Michelín intergaláctica?). Los bicharracos (lo menos claro de toda la película, se les ve como borrones tentaculares, creo que tienen hiperactividad diagnosticada) ocupan Europa, así que los nuevos aliados lanzan un mega desembarco en las playas normandas. Por asociación, estos bichos son unos nazis.

Cruise, ese chico tan humilde, interpreta a un Mayor del ejército Estadounidense con mucho morro y pocas agallas (“¡vaya!”, os diréis, “¡una en la que no hace de héroe!”… esperad, esperad), que tras palmarla ignominiosamente en el desembarco, regresa al pasado, a un punto determinado. Una y otra vez, al mismo momento, después de morir. “¡Coño!”, exclamaréis, “¡pero si esto es Atrapado en el tiempo!”; o Código fuente, ya que nos ponemos. Efectivamente; y no es la última idea que copian descaradamente, para nada. La estética militar cuasi futurista, de Aliens o Starship troopers; la imaginería armamentística, de Elysiun o Distrito 9; y esa espadaca que blande la chica cachas, es un pedazo de guiño al mundo manga (es una espada sin punta, y a todas luces, sin filo… un cacho hierro, vamos).

DESTRIPE DE NIVEL A

Seguimos con las ideas originales. Que los alienígenas sean colmeneros, que tengan su reina de enjambre/cerebro central está tan visto que da penica. Que el Cruise sea el elegido por arte de birlibirloque ya hiede, la verdad. Un buen amigo dice con razón que este hombre siempre hace de sí mismo en sus películas; ha creado un personaje estándar de cine de acción y lo repite de una a otra pantalla. Empiezo a pensar que Tom quiere ser como la figura inventada por el lisérgico escritor Michael Moorcock, el campeón eterno; ese guerrero especial, elegido, el único, que tiene presencia en todas las dimensiones y tiempos, encarnado en distintas personas pero siendo el mismo. Además, ¿hasta cuándo vas a poder hacerte pasar por un treintañero, chato? ¡Que ya no cumples los 50!

DESTRIPE DE NIVEL B

Si me llamas nena, te arranco la cabeza

Si me llamas nena, te arranco la cabeza

Ni una película de Tom sin un romance. Esa debe ser la directiva maestra de su representante artístico; y aquí de nuevo tenemos que sufrir uno. Vamos, que hasta la chica chunga, de armas tomar, cae al final rendida a sus pies… después de demostrar él, exactamente igual que Bill Murray, que puede cambiar y ser un buen hombre, un héroe y bla bla bla. Otra oportunidad perdida de mostrar a una mujer fuerte no como comparsa de su compañero masculino, o a un protagonista masculino como alguien débil o sin demasiadas virtudes.

DESTRIPE DE NIVEL C

Como en la principal inspiración de este film, Cruise va mejorando poco a poco sus habilidades, se aprende de memoria lo que ocurre, etc. Pero la peli no podía tener un final ordinario: quita, quita. Tenían que enchufar el colofón épico cuando el tontainas del Tom pierde su poder al recibir una transfusión (¿propaganda de los Testigos camuflada?). Y claro, la última intentona de cepillarse al bicho gordo es de verdad la última… ¡qué intriga! ¿Verdad?
Pues no. Claro que no.
Y es que la puntilla final de este blockbuster es que son todos totalmente predecibles, con finales de almíbar y cartón piedra, con el estallido final y la pirueta en el último momento. Esto roba por completo cualquier posibilidad de emoción o empatía por los personajes; unos seres que sabes que son indestructibles y predestinados a un final de perdices. Irónico, siendo como es una historia sobre cambiar la historia, ¿no?

Imágenes extraídas con muy poca vergüenza de Allmovie.com

Her

Publicado: mayo 19, 2014 de josemasaga en Película
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Tristón necesita un amiguito, un hogar y mucho amor

Tristón necesita un amiguito, un hogar y mucho amor

Lo sé, es una ñoñería indigna de mi gustos gore y ci-fi.

Que nadie se llame a engaño, o se haga líos: por muy bien “envuelta” que esté, no deja de ser un pastelón almibarado, una película romántica (aunque atípica), un ejercicio de cursilería en toda regla.
Dejando esto clarito, vayamos con el resto.

Her es un producto bastante insólito. Es la narración en pseudo-primera persona de las andanzas de un soltero cuarentón (no, cuarentañero; empecemos a reivindicar los cuarenta como los nuevos treinta [sí, lo habéis adivinado, estoy a puntico de cumplirlos]) en su inconsciente (tanto por la faceta no premeditada como por la descerebrada) búsqueda de pareja que se topa de bruces con una relación poco ortodoxa, pero en la cual se aplica con denuedo. Hablando en plata, se enamora del sistema operativo de su ordenador. No de un androide (ya fuera masculino o femenino o andrógino), o de un robot siquiera, pero de una pantalla de colores y una voz que surge de un altavoz.

Lo sé, es un ejercicio de “suspensión de la incredulidad” como mínimo.

Bueno, no seamos tan duros. ¿Cuántos romances se han fraguado a través de interminables conversaciones en chats? ¿O, en siglos pasados, a través de incendiarias misivas? ¿Cuántas parejas que se ven alejadas por motivos de toda índole no terminan comunicándose casi exclusivamente a través de video-conferencias y conversaciones telefónicas? Las relaciones no físicas no son algo exclusivo de la ciencia ficción, desde luego; en este caso, lo novedoso es el contexto y los miembros de dicha relación.

La película tiene lugar en un futuro cercano, curiosamente muy parecido a nuestro presente pero con suficientes diferencias como para sorprenderse. Y, oigan, este es el mayor y mejor acierto de este film. La sutileza con la que aborda los cambios sociales que las nuevas tecnologías pueden acarrear a la vuelta de la esquina (30 o 40 años) y lo magistral de su puesta en escena. Simplemente con observar la vestimenta de los supuestos habitantes de ese futuro uno se da cuenta del cuidado y la inteligencia con la que se diseñó el medio social del imaginario entorno (esos pantalones sobaqueros, esas camisas Mao, esos peinados y mostachones… totalmente creíbles en un futuro giro del veleidoso mundo de las tendencias y el diseño). No obstante, ese Los Ángeles del mañana peca de hippie y buenrollista, de buenista; todo limpio, bonito, armonioso y hipster. Pero oye, uno puede soñar con un futuro Apple, al fin y al cabo (que de futuros distópicos repletos de basura, robots enloquecidos y policía fascista ya tenemos unos miles de ejemplos).

A ver quién tiene ovarios/cojones de enamorarse de este SO

A ver quién tiene ovarios/cojones de enamorarse de este SO

La historia quiere reivindicar sin duda la realidad del varón heterosexual sensible. Nuestro prota trabaja en una empresa que fabrica cartas y mensajes a lo Cyrano de Bergerac para personas que suponemos no saben o no quieren saber expresar sus sentimientos a sus seres queridos; se da a entender por los diálogos que algunos de los clientes llevan años, si no décadas, usando sus servicios para comunicarse con sus novias/os, padre/madres, hijos/as… tan posible que da escalofríos. Nuestro dudoso héroe es laudado como el mejor de su oficina, el que pergeña las cartas más emotivas y mejor redactadas. Su mirada, entre cachorrito abandonado y cordero degollado, pretende aseverar la tesis de que el corazón no le cabe en el pecho. Si querían que le odiáramos, no lo podían haber hecho mejor. Aunque su anterior relación se fuera al garete, nos empujan a empellones a querer a este tipo, a empatizar con él, a desearle lo mejor. Por cierto, el fulano está interpretado por Joaquin Phoenix (con bigotón).

La segunda en discordia es una voz femenina (interpretada por Scarlett Johansson, como bien nos deja claro cada vez que habla en la versión original, parece que va a tener un orgasmo en cualquier momento) que pertenece al sistema operativo de su ordenador, y que supuestamente puede aprender y adaptarse al usuario (y tanto que si lo consigue, oye). Como podéis suponer, ahí queda la presencia del segundo personaje más importante de la cinta: en la banda sonora. Es una voz, un sonido ambiental. Nada de salvapantallas o caras a lo Max Headroom, o Emoticonos; es un aspecto muy minimalista de la película y de la historia, eso se lo tengo que reconocer.

¿Y a dónde nos lleva todo esto? A una historia de amor, nada más y nada menos. Da igual cómo lo adornes o maquilles, o lo rodees de canciones majetas, entornos futuristas, y una pretendida noción novedosa; es la eterna y manida película sobre “chico-encuentra-chica-chico-pierde-chica-chico-encuentra-software”. Porque el SO podría haber sido una señora anciana, o una adolescente, o una tetrapléjica; aquí la cuestión no es el qué. si no el cómo. Pero todo esto no es óbice para que sea un film entretenido, muy visible y con escenas y líneas de diálogo memorables, que lo cortés no quita lo valiente. Ni lo es tampoco para que sea carne de San Valentín.

Además, hay que ayudar a Joaquin a volver a la normalidad, pobrecito mío. Hacedlo por él.

La imagen del cartel ha sido obtenida de Allmovie.com; la de windows, la he pirateado

Abran paso, que traigo una crítica

Abran paso, que traigo una crítica

No sé si es época de rebajas, pero del atracón que me di de pelis churretosas algo tenía que salir. Dos actuales (Snowpiercer, que ni siquiera se ha estrenado en España, y The machine, que tampoco), y una antigua, Priest. Como comentábamos en una entrada pasada, la referida a Defiance, el tema cóctel de géneros no suele dar buenos resultados, y es de hecho la tónica general de este trío de films. A falta de ideas, pues mejor metemos a un grupo de monos borrachos en una habitación con máquinas de escribir y a ver qué sale, debieron decidir las mentes pensantes del cine. Y salió esto.

Snowpiercer podría ser la pesadilla perfecta de cualquier aficionado al chiquitren, y la confirmación de los conspiranoicos que sostienen la tontá de los chemtrails: una cagada monumental para hacer descender la temperatura mundial convierte al globo en un cubito de hielo desproporcionado, cuyos únicos supervivientes son aquellos que tuvieron la dudosa suerte de subir a un tren que se dedica a dar la vuelta al mundo una y otra vez por obra y gracia de un motor de movimiento continuo. Empezamos conociendo a los pasajeros de los vagones de cola, en un ambiente muy Dickensiano y prerrevolucionario, y con un innegable tinte a La ciudad de los niños perdidos. Como aquellos juegos de los ’80 que nadie echa de menos, la acción transcurre a pantallazos de vagón a vagón, con una panorámica lateral que va mostrando el micro-mundo que contiene el tren. Es todo muy metafórico y aunque no lo parezca, profundo (quitando las escenas de carnicería pura y dura): toda la humanidad y sus miserias, sus desigualdades, sus conflictos en una especie de infierno Dantesco con sus diferentes círculos o estadios, comprimido en un ferrocarril que ríete tú del ave.

Ambiente post-apocalíptico, historia con moralina, estética en ocasiones surrealista y oscurantista, final con sorpresa… muchas veces uno no sabe por dónde coger esto. Pero es entretenida y estrambótica, dos cualidades que a mí al menos me han ganado. Creo que hay reparto de medio relumbrón (las caras de tres o cuatro actores me suenan), pero soy demasiado vago para comprobarlo.

¿Ninja? ¿Águila roja? No, cura

¿Ninja? ¿Águila roja? No, cura

Priest es el típico producto para la chavalada que frecuenta los centros comerciales, que lleva un coche tuneado y que necesita más de una mano para contar los tatuajes que ostenta. Aquí el mezcladillo de géneros llega al paroxismo: en un mundo hecho unos zorros por los continuos enfrentamientos entre humanos y vampiros (ojito, que no son al estilo True blood o Crepúsculo, aquí por fin son seres bestiales y monstruosos), la iglesia se erige como la principal defensora de la humanidad al entrenar a una secta de curas-ninja (lo juro, literalmente) que en el ya eterno y sobado chascarrillo lo mismo te sueltan una hostia que te aplican la extrema unción con cruces-shuriken. Pero, ay qué desagradecidos, cuando la victoria se inclina del lado de los humanos la santa madre iglesia decide desbandar la orden de las tollinas y mandarles a fregar váteres (de nuevo, es literal). Un díscolo miembro decide desobedecer a la pía jerarquía para rescatar a su sobrina, y se dedica a recorrer los desérticos paisajes (sacados directamente de un spaghetti western) en una moto con reminiscencias a Tron, y a difundir el amor severo del Señor.

La lista de homenajes (por no decir calcos) de otras películas, cómics o videojuegos es interminable. Matrix, Aliens, La torre oscura, Legacy of Kain… y curiosamente, una escena en un tren a toda pastilla (ya es casualidad, el segundo en esta entrada). El resultado es un bodrio de proporciones épicas, con batallitas slow-motion, personajes de cartón piedra (o de píxeles, hay que modernizar los vocablos), resultados totalmente predecibles (bueno, un pequeño giro sí que hay, pero no lo destripo) y la amenaza de una secuela. Eso sí que me produce horror.

The machine es la rara en esta compilación, por ser de factura británica, y tener un tufo a B-movie que lo flipas. En un cercano futuro distópico (no llega a ser post-apocalíptico como en las otras dos), una posible guerra mundial entre el Reino Unido y China pende de un hilo. ¿Y qué va a hacer el país atlántico para evitarlo? ¿Diplomacia? ¿Tratados de paz? Nooo, va a desarrollar el androide de combate perfecto. Así que un genio en robótica e implantes (atormentadísimo por la rara enfermedad de su hija, eso sí) ficha a una yogurina que presuntamente ha inventado la IA definitiva. Por desgracia, esta se empeña en tener sentimientos y querer ser mejor persona de lo que son los humanos, así que el conflicto ya está servido, teniendo en cuenta el uso que tenían en mente para ella.

"Y mira que puse el anto-ojos rojos en la cámara para hacer la foto..."

“Y mira que puse el anti-ojos rojos en la cámara para hacer la foto…”

Creo que el principal problema de esta película es que ni el guionista tenía claro lo que quería pergeñar. A ratos parece Metrópolis, a ratos parece Frankenstein, y a ratos parece 2001 (la escena en la que el protagonista opera a la androide está literalmente calcado del momento en que desconectan a HAL), y aderezado con una banda sonora de reminiscencias a lo Blade runner. Todo ello con una subtrama de veteranos a lo Nacido el 4 de julio que parece metida con calzador y que no llega a cuajar ni a resolverse satisfactoriamente, y un final que no se creen ni ellos, con carreritas, tiros y explosiones. Por lo menos no se ponen profundos en ningún momento, lo cual es de agradecer. De todas formas, esta es la típica peli que hubiera ido directamente a las estanterías de los videoclubs de antaño.

Imágenes obtenidas de allmovie.com

Divergent

Publicado: abril 10, 2014 de josemasaga en Película
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"¿Vienen los indios o no?"

“¿Vienen los indios de una vez o qué?”

Se aprovechan.

Se aprovechan de mi debilidad por el cine post-apocalíptico, de ciencia ficción. Por futuros distópicos, por sistemas sociales y políticos rarunos pero plausibles. Por ciudades estadounidenses en ruinas.

Es cierto que la publicidad funciona. Los muy mamones saben a quién dirigirla y cómo hacerlo; no en vano llevan décadas (véase Mad men) con el tema y billones gastados en ello. A mí me ha bastado ver un trailer y leer la sinopsis para tener ganas de ver la película; y mira que mi sentido crítico, ese pepito grillo con esteroides, no ha dejado de mofarse y darme collejas, pero nada. He caído y la he visto. Tó pa ná.

Este infraproducto estadounidense basado en la primera novela de (¡oh, sorpresa!) una trilogía de una tal Veronica Roth cuenta cómo, por enésima vez, Estados Unidos se va al garete (y el mundo a su alrededor, claro; si ellos caen, arrastran al resto… ¿quieren decirnos algo?) y en Chicago surge una nueva sociedad estratificada, organizada en torno a castas o maneras de ver la vida y ser útiles en el conjunto. No pienso ni de coña desgranar las pueriles facciones y sus funciones o motivaciones; cualquier adulto que se vista por los pies podría llegar a enumerarlas sin despeinarse, aun sin haber oído nada de este film.

La protagonista, una pan sin sal del quince, decide hacerse la guay y elegir en el día de su graduación una facción distinta a la de sus padres, en una escena calcada a la elección de casa mágica de Harry Potter. No es la primera influencia u homenaje que la autora fusila despiadadamente, ya que la mayor rémora de esto (se merece el neutro) es ser un puto pastiche hijo de mil perros y perras. El leit motiv de que los protagonistas de las historias tienen que ser los chosen ones, los elegidos, me da náuseas. El proceso de aceptación de la protagonista (he olvidado el nombre, de verdad) en su facción de adopción es previsible y aburrido, con romance con el macizo de turno incluido (muy atormentado y cariacontecido, por supuesto).

"Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original"

“Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original”

En efecto, este largometraje (sobre todo largo), y por ende la referencia escrita, roba ideas sin pudor de Los juegos del hambre (cojonuda fuente para fijarse, amiga) en cuanto al tono de reality show y via crucis de la prota, aparte de coquetear con la idea de una sociedad estadounidense nueva; The city of Ember y La fuga de Logan, obras que apuntan a la transitoriedad de enclaves creados para sobrevivir a una hecatombe también vienen a la mente; y The forest, puesto que a todo bicho viviente que vea la peli le queda claro que lo que queda más allá de la ciudad no es un infierno, si no una burda prohibición impuesta por los fundadores.

Hay miles, qué digo miles, millones de detalles con los que mofarse. El que más me ha llamado la atención siempre en películas como esta es el atrezzo y el maquillaje. Situémonos en un mundo devastado por una guerra de resultados genocidas: ¿cómo estaría el mobiliario, los edificios, la limpieza? Eso mismo, hecho todo unos zorros. En lugar de ello, nos encontramos con calles bien asfaltadas, limpicas, edificios sin una ventana rota (algún boquete tienen, pero queda hasta mono), y… ¡muebles estilo Bauhaus! No ya ikea, sino de factura reciente, innovadora e impecable. ‘Amos anda.

Lo mismo con el aspecto de las gentes que pueblan el Chicago de posguerra. La primera víctima de la guerra es la inocencia, pero no el rimmel. Todas ellas van maquilladas como puertas, todos ellos depilados y con las cejas perfiladas… y el pelo de la prota, amigos. Para alguien que va a dedicarse a la guerra, a aprender a liarse a piños con sus congéneres, es básico dejarse el pelo como un cepillo (o recogértelo). Pues no. La fiera guerrera lleva su sedosa y planchada melena (pese a que al comienzo nos muestran cómo son los cuartos de baño; mejores los de una estación de autobús) suelta, y se levanta cada mañana, pase lo que pase, con un look pantene.

En definitiva, un artificio pensado para adolescentes con picores (mi alma es joven), con su buena ración de canciones ñoñas que encuadran los momentos clave y que avisan a los incautos de cuándo deben emocionarse, o alegrarse, o enfurecerse, al estilo de las risas enlatadas; y con los típicos mensajes repetidos hasta la náusea de sé tú mismo, dalo todo por el amor verdadero (¿?), si sigues tus sueños el universo conspira para que logres lo que sea (¡!), la familia al final sí que mola. Pongamos la guinda de que, según parece, la autora es un cristiana conversa (cuidadín con los conversos) para darle la puntilla a un montón humeante de guano de murciélago y una pérdida de tiempo y paciencia. No lo miréis ni de reojo.

Imágenes obtenidas de imdb.com y allmovie.com

Admito que tengo un problema de bulimia televisiva (y al decir televisiva no puedo evitar sonreírme, ya que ni recuerdo la última vez que vi una serie… en televisión), que engullo serie tras serie, muchas veces sin descanso entre una y otra, a menudo si darle un mínimo de tiempo a una que acaba de comenzar, y siempre pensando en lo que vendrá después. Me lo haré mirar. Como consecuencia de este desorden alimentario catódico, he empezado a ver seriales a cascoporro, muchos de ellos bodrios de alto octanaje; como con un libro, no me duelen prendas en mandar una serie a la papelera de reciclaje virtual. La vida es muy corta, y los torrents echan humo.

Desde que comenzó el año o así, me he encontrado con tres series que no han pasado el estricto control de calidad y los altos estándares que me he fijado: es decir, no aburrirme mientras las veo. Que den vergüencita ajena también es un factor decisivo, por cierto. Las agraciadas en este cuarto de año son…

Casi me engañáis, pero al final no

Casi me engañáis, pero al final no

Almost human. Casi buena, podría haber sido. De lo poco que sale de ci-fi en el mundo televisivo (sí, hay muy poco de este género, supongo que sobre todo por lo caro que debe salir comprar a un esclavo surcoreano para que haga los efectos especiales por ordenador), y resulta ser muy blandito. El supuesto no tenía mala pinta: en un futuro cercano con androides, implantes cibernéticos, pero sin coches voladores, un policía que casi la palma vuelve al cuerpo y se encuentra con que tiene que hacer la ronda con un pedazo de plástico con chips con forma de policía macizo (Michael Ealy de Sleeper cell, una serie que sí merece la pena ver). Lugares comunes, situaciones que prometen pero tratadas superficialmente, efectos especiales de baratillo, buenas intenciones pero malas ejecuciones, moralina… todo lo peor del mundo televisivo estadounidenese, resumido en esta serie. Lo que más jode es que intenten ponerse intensos al estilo Blade runner, con temas como aunque sea sintético, ¿puedo tener sentimientos? Con esto no se juega, fascistoides de la Fox. A Blade runner no me la toquéis que ma-to.

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

Grimm. Grima me da. Un policía (qué fijación con los cuerpos del orden) descubre de pura chiripa que es el heredero de una saga familiar que se dedica a exterminar a los monstruos que viven entre nosotros (si no fuera porque son literalmente monstruicos, diría que habrían tenido trabajo pa’ rato). De nuevo, lo que de entrada es una buena idea (dar un giro a los cuentos clásicos ambientándolos en la actualidad, como Once upon a time pero con un poco más de redaños), degenera en una concatenación de escenas previsibles, acción de pacotilla, secundarios miérder, y efectos digitales de baratillo que sonrojarían al cine de Bollywood. Ya en los primeros episodios, se agota el tema al centrarlo en mostrarnos una sucesión de personas-bestezuela, desde el lógico hombre lobuno hasta el marciano y muy poco de cuento popular mujer abeja (¿?). Supongo que lo que buscaban aquí era un family show, al estilo de las series infumables españolas como Águila roja, pero esto puede aburrir a pequeños y mayores por igual. Tanto dinero tan mal aprovechado…

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas...

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas…

Supernatural. Sobrenatural es el morro de los guionistas. Nos ponen la miel en los labios con un episodio piloto macarra, violento, y diría que hasta ocurrente y luego desgranan una sucesión de episodios muy petardos y sosunos. Lo de que tu hermano largamente olvidado regrese para que le acompañes en sus alegres cacerías de seres sobrenaturales malotes es una reinterpretación del género de delincuentes juveniles; de hecho, las hechuras de los hermanitos son calcadas del cine quinqui con más solera… combatir el mal no da dinero, amiguitos, hay que buscarlo de otras formas. Total, que en un flasback bastante heavy metal presenciamos cómo la madre de ambos muere achicharrada en el techo de su dormitorio (¿?) por obra y gracia de un demonio o un ser maligno al uso. El padre, y aquí todos podemos entenderlo, se pone en plan Sarah Connor y prepara a sus hijos para combatir al mal y al capital; el pequeño se harta de una vida repleta de emoción, exorcismos, y atracos a drug stores y decide estudiar derecho (¡¿?!). Hasta aquí todo bien; lo malo es lo que sigue. Al más puro estilo serial, los capítulos son una especie de un remake de Scooby Doo con su monstruo de la semana y repitiendo manidos esquemas uno tras otro, en vez de crear un hilo argumental sólido e interesante. Qué oportunidad más desaprovechada.

Algo me dice que habrá más entradas como esta en el futuro; si esta burbuja televisiva no estalla en algún momento, seguirán surgiendo infraproductos como estos. Permanezcan atentos a sus pantallas… bueno, o mejor no.

Defiance

Publicado: noviembre 25, 2013 de josemasaga en Serie
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Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Mira que he estado dándole vueltas a la cabeza durante esta semana para encontrar series o pelis que recomendar, tal y como proponía un reciente comentarista, pero chico, he de admitir que la cosa está muy malita. Si pienso en producciones a toro pasado, alguna más me sale, pero nuestro objetivo es hablar (bueno, escribir) sobre estrenos o por lo menos material actual; prometemos, de todas formas, sacarnos de la manga en un futuro no muy lejano una sección para hablar de films a recuperar.

Curioso lo de esta serie, en muchos aspectos. Lo primero a destacar es que se estrenó a la vez en todo el mundo mundial, y que además sacaron un videojuego el mismito día; se les llenó la boca al decir que era un producto transmedia, que más de uno puede pensar que tiene que ver con cambios de sexo online, pero en realidad significa eso, que te lo echan por la tele y que puedes echarte unas partidas. Majos, esto ya estaba inventado.

Otro aspecto destacable es el bombo que le dieron al serial; incluso yo, que por suerte tengo poca exposición a la publicidad (en general, de cualquier tipo) me enteré que empezaba. Además, el aspecto inicial era de gran producción de ci-fi, algo raro en televisión; es extraño, puesto que mira que echan duros en producir series dramáticas, de época, de la guerra, cómicas, y un largo etcétera (incluso alguna que otra fantástica, como Juego de tronos), pero del género ci-fi cuesta encontrar algo decente y con buen presupuesto (quitando Expediente X, Fringe y cuatro más).

¿Tanto pa’ qué? Pues pa’ ná. Así os lo digo. Ahora me extiendo, pero yo, gran fans de la ciencia-ficción, sigo esperando una serie que está a la altura de Los Soprano, The Wire o Breaking Bad, con guiones magistrales, personajes bien interpretados y definidos, y efectos especiales al menos dignos. No, lo siento, Battlestar Galactica no me sirve, y Firefly prometía pero se quedó a medias. Sigo huérfano.

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Un eminente bloguero de otros lares decía en una entrada que mezclar más de dos géneros o subgéneros resulta en un espantoso desastre en el cual al final ninguno destaca y todos se estorban; he aquí el principal problema de Defiance. ¿Una serie que emula o se inspira en Deadwood (pedazo de serie que sí merece una reseña), es decir, sobre un pueblo en la frontera, no afiliado a ninguna nación, nido de víboras y gentes de mal vivir? Venga, vale. ¿Una serie que bebe de fuentes post-apocalípticas, al estilo de Mad Max o incluso de la reciente Revolution? No está mal la idea. Pero, ¿una serie que también echa a a la coctelera un puñado de especies alienígenas humanoides al estilo Star Trek (o sea, gente con la cabeza rara)? Mira, no, para.

Y es una lástima: el punto de partida es majo, atractivo, y tiene potencial. A la tierra llegan (cómo no, parecemos los únicos invadibles de todo el universo) ciento y la madre de alienígenas (los llamados Votans) procedentes de un sistema solar que se ha ido a tomar quasar, creyendo (sí, claro) que estaba vacía. Sí, como cuando vas a aparcar y es badén o alguna mierda similar. Total, que mientras negocian, que sí y que no, que si con calcetines blancos no pasáis, que vaya que sí que vamos a aterrizar y comernos hasta las piedras, alguien ataca al convoy extraterrestre y se arma la marimorena. Tortas, explosiones, tecnología que se va de madre, y al final tenemos al planeta hecho unos zorros, un montón de tíos con cabezas raras y los humanos que han sobrevivido desperdigados y mosqueados.

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Defiance, la antigua Sant Louis (Missouri, qué elección más extraña, supongo que el ayuntamiento les untó o algo), permanece ajena a las nuevas potencias, mientras alberga un mezcladillo de especies y de personajes a cada cual más repleto de secretos y maldades. Un encanto de sitio, para irse de vacaciones. A ella llega el típico más-chulo-que-un-ocho con su sidekick alienígena al lado, y al final, aunque son muy mercenarios y muy independientes pero en el fondo tienen buen corazón, se quedan a ejercer de sheriffes. La galería de protagonistas es muy de Bonanza: el dueño de la mina, padre viudo con hijos díscolos y un montón de matones mineros; el señor del crimen alienígena, que maneja con puño de hierro a su familia y a sus vasallos; la dueña del puticlú, puta pero/por lo tanto con un corazón de oro; la alcaldesa, una pobre pringá que no ve venir ni una; y la ex-alcaldesa, que como la Aguirre, supuestamente ha dejado el poder pero sigue dando por saco.

Aparte del popurrí infernal que al final no resulta en nada claro o tragable, los guiones y la estructura de la historia central, la que vertebra la primera temporada, es de pena. El resultado es una ficción deslavazada, con más agujeros que la nueva tierra, con situaciones poco emocionantes o mal hiladas, y con personajes que parecen un puñado de Doctores Jekyll y Mr Hides, repletos de cambios de humor, de opinión, de objetivos vitales… parecen participantes de Gran Hermano, más que seres de carne y hueso (sea esta extraterrestre o no). Además, para echar más sal a la herida, las especies alienígenas son un compendio de clichés sin ningún interés o creatividad. Unos son una especie de indios (de Norteamérica, no de la India) con todos los tópicos asociados; otros, una sociedad facha y patriarcal blanqueados con talco; y de lo poco que vemos de los demás (hay un colectivo que parecen orangutanes o Wookiees, y otro gente desdibujada y poco más), queda la impresión de que los fondos eran escasos y el maquillaje facial, la única opción.

Claro que mirando qué productora lo ha pergeñado lo entiendo un poco más: Universal Cable (¿?), que ha creado mediocridades como Eureka o Caprica. Flipas: en EEUU. se pueden permitir dirigir y emitir series de mediana calidad, ya que están boyantes, son ciento y la madre y antes o después se las venden a algún país de pobres desgraciados. Incluso el producto más cutre supera con creces cualquier infraserie que siquiera se nos ocurre aquí, por supuesto… pero estando el panorama (e internet, ejem, ejem) lleno de seriazas, no merece la pena tragarse ni un capítulo de seriales reguleros. Votans, go home.

Imágenes obtenidas de la página del canal que emite (o emitía) la serie, SyFy

La Cúpula

Publicado: noviembre 5, 2013 de LaSoPhi en Serie
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Levanta la patita…¡muy bien Toby!

La serie no empieza mal. Chester’s Mill es un pueblecito de los Estados Unidos (que como siempre, es donde todo ocurre… propagaciones zombies, invasiones extraterrestres, tiroteos, catástrofes naturales, ataques terroristas, y un sin fin de acontecimientos que a mi vivir allí me quitaría el sueño), que de repente se queda atrapado en una cúpula de cristal hecha de un material irrompible e infranqueable que ni siquiera el ejercito de los Estados Unidos con una bomba nuclear puede quebrantar. [Hagamos un inciso sobre el título del libro en el que está basado la serie, ya que quizá no sea el más adecuado, pues los pueblerinos no parecen estar atrapados en una bóveda, sino más bien en una esfera, ya que en uno de los capítulos intentan excavar pero no hay salida, el cristal no tiene fin… bueno, pero para entendernos vamos a seguir llamándola “cúpula”, como en la serie].

Esta cúpula además ha caído del cielo, por tanto, tiene que venir o de Dios o de los alienígenas, lo más probable es que venga de éstos últimos, más que nada porque casi al final de la temporada se da una mieja dilucidación, explicación que a mí no me convence, porque se supone que la cúpula está para protegerles, pero durante el transcurso y en los últimos capítulos de la serie, y después de comprobar la calaña que vive en ese pueblo, lo más probable es que el objetivo de esa cúpula sea proteger al resto del mundo de los habitantes de Chester’s Mill.

El que podría ser el  protagonista, Barbie (que nombre tan poco agraciado para ser un militar al estilo Rambo), acaba atrapado en el pueblo porque es una especie de matón que ha ido a extorsionar a un pobre médico lleno de deudas, y que curiosidades del destino, acabará liándose con su esposa, Julia Shumway, la cual parece pasarse toda la serie posando para un anuncio de Garnier, ya que no aparece en ninguna escena con un solo rizo despeinado, la deben haber puesto la suficiente laca en la melena pelirroja, como para acabar con la capa de ozono.

El coprotagonista es vendedor de coche y concejal del ayuntamiento, James “Big Jim” Rennie, que se pasa capítulo tras capítulo en una lucha incondicional para hacerse con el poder, por lo que se alía y enemista con todos y cada uno de los protagonistas, incluyendo a su propio hijo, <<“Ahora te necesito”, “ahora no te necesito”, “te voy a ayudar, “ahora no”, “fuera de mi casa”, “ahora te quiero”, “ya no te volveré a mentir”, “ahora te mato”>, en fin.. que este hombre se ha empeñado en dirigir a los habitantes de Chester’s Mill, aunque para ello tenga que mentir, robar, manipular y extorsionar a quien haga falta, y es que como le dice Barbie “tu mayor problema, es ser político” (el suyo y el de los que le rodean, vamos… como en la vida real).

Están los hermanos McAlister, Angie y Joe, que serán parte de la clave para desvelar el misterio e intentar darle solución. Angie además trae de cabeza a Junior Rennie, el hijo de “Big Jim” al que tiene perdidamente enamorado, y el cual intentará por todos los medios mantenerla a su lado, aunque para ello tenga que secuestrar o asesinar (“hay amores que matan”).

Tenemos a Carolyn Hill y Alice Calvert, pareja de lesbianas con una hija delincuente que casualmente pasaban por allí, para llevar a Norrie a un campamento de “jóvenes rebeldes”. Está la sheriff Linda Esquivel con menos autoridad que el Jefe Bigun, el cura del pueblo, que poco tiene de “Pájaro Espino” pues se dedica a traficar con propano y a robar los medicamentos a los ciudadanos. Phil Bushey, el Leny Kravitz de Chester’s Mill,  que dirige la emisora del pueblo junto con Dodee Weaver. El granjero Ollie, que no tiene escrúpulos en especular con el agua del pueblo, los hermanos Dundee, que cuando la serie llega al punto más álgido, intentan a robar, violar y matar a todo el que se pone por delante, y Maxine, que aprovechando la contingencia, abre un after en el que sirven alcohol y se puede apostar en peleas organizadas, a cambio de alimentos básicos para mantenerse con vida, (como veis, la supervivencia no está reñida con la diversión).

Mientras veía como se iban desarrollando los hechos, me iba recordando muchísimo a la serie Walking Dead, ya que no se trata tanto el misterio de la cúpula, sino que se muestran las relaciones, las motivaciones y las inquietudes que “esos problemas” originan en las personas,  al igual que les pasa a los protagonistas de Walking Dead, los zombies quedan relegados a un segundo plano. Si nos damos cuenta, casi todas las series versan de relaciones humanas, y en la que estamos comentando en esta entrada, se trata de cómo sale la gente a flote, como se las ingenia y quiénes al final toman el poder o se hacen cargo de la situación y quiénes son sus marionetas.

Se nos acabó el cristasol...¡estamos jodidos!

Se nos acabó el cristasol…¡estamos jodidos!

Os podéis imaginar la de situaciones que se crean con la mezcla de personajes anteriores atrapados en una cúpula, más que un experimento extraterrestre parece que Chester Mill’s ha sido levantado bajo los cimientos de algún cementerio indio. Si la habéis visto y os ha gustado, os daréis cuenta que no puede acabar así, ya que en la última escena uno de los protagonistas está con una soga en el cuello y cuando le van a colgar, “algo” hace detener la ejecución… nos da que pensar, que va a haber una segunda temporada.

Por último y no por ello menos importante, una pequeña reseña a uno de los productores, guionistas y escritor del libro en que se ha basado la serie, Stephen King. Escritor de 66 años, de Maine, con más de 50 novelas a sus espaldas y relatos cortos, de los cuales una gran mayoría ha sido adaptada a películas y series de televisión, lo que confirma el hecho de que ingenio y originalidad no le falta