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In The Flesh

Publicado: marzo 15, 2015 de LaSoPhi en Serie
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Me quito el sombrero ante esta serie británica del 2013, o miniserie, en la que en sólo con tres capítulos que dura la primera temporada, han sido capaces de trasmitir todo su argumento. En algunas reseñas que he leído, critican que el formato corto es debido al presupuesto que tiene la BBC para series, para mí, ha sido suficiente para comunicar la idea principal. La mayoría de las series que suelo ver, son de ocho capítulos mínimo, y además de una hora aproximada de duración, excesivo en la mayoría de las ocasiones en la que las series suelen irse por la tangente y dar demasiado rodeo, quizá para alargar la historia y con ello su beneficio, pero lo que suelen conseguir es que los tele-espectadores se descuelguen en la segunda temporada.

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– ¿Tío nos van a matar? – Pero si ya estamos muertos..

 El argumento de “In The Flesh” gira en torno a la integración. En este mundo ya nos cuesta compartir nuestro espacio con personas de otros “países”, como para compartirlos con seres con P.D.S. (Síndrome del Parcialmente Muerto). Si se encontrase una vacuna para los zombis, para que volviesen a un estado anterior, a un estado humano, habría que integrarles en la sociedad ¿cómo afectaría esto al resto de ciudadanos? ¿O cómo les afectaría a ellos mismos, después de recordar toda la violencia y todas las atrocidades que han cometido?

 Hasta ahora puede parecer incluso una serie cómica, pero todo lo contrario, me ha transmitido más pena y dolor, que cualquier película etiquetada como “drama”. El protagonista, Kieren Walker, es enviado de vuelta con su familia, después de pasar por un programa que el gobierno británico ha creado para la curación de los “no muertos”. El regreso no va a ser fácil, sobre todo si el entorno esta compuesto de vecinos intransigentes, cerrados y con una gran influencia de los HVF (Human Volunteer Force), grupo paramilitar que enfrentó a los zombis después de “su amanecer”.

 Os estaréis planteando, como me pasó a mí, que quizá el tema de la integración de los “no humanos” no es nada nuevo, ya que en True Blood por ejemplo, se intentó hacer con los vampiros. Entre ambas series hay una diferencia brutal, y es que los vecinos de Roarton (el pueblo de Kieren) son gente corriente, gente de “a pie”, podría ser el pueblo al que vas a veranear, sin embargo en Bon Temps (el pueblo de Sookie Stackhouse protagonista de True Blood), el que no es un hada, es un hombre lobo o sino un “cambiaforma”, el tema fantástico es mucho más acuciante. Aunque no te gusten las series de terror o fantásticas, “In The Flesh” merece la pena porque el tema “zombi” queda relegado a un segundo plano, primando las relaciones entre los protagonistas y los constantes choques de creencias entre ellos. Muy recomendable. In-the-flesh-bbc-critica-homosexual

Her

Publicado: mayo 19, 2014 de josemasaga en Película
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Tristón necesita un amiguito, un hogar y mucho amor

Tristón necesita un amiguito, un hogar y mucho amor

Lo sé, es una ñoñería indigna de mi gustos gore y ci-fi.

Que nadie se llame a engaño, o se haga líos: por muy bien “envuelta” que esté, no deja de ser un pastelón almibarado, una película romántica (aunque atípica), un ejercicio de cursilería en toda regla.
Dejando esto clarito, vayamos con el resto.

Her es un producto bastante insólito. Es la narración en pseudo-primera persona de las andanzas de un soltero cuarentón (no, cuarentañero; empecemos a reivindicar los cuarenta como los nuevos treinta [sí, lo habéis adivinado, estoy a puntico de cumplirlos]) en su inconsciente (tanto por la faceta no premeditada como por la descerebrada) búsqueda de pareja que se topa de bruces con una relación poco ortodoxa, pero en la cual se aplica con denuedo. Hablando en plata, se enamora del sistema operativo de su ordenador. No de un androide (ya fuera masculino o femenino o andrógino), o de un robot siquiera, pero de una pantalla de colores y una voz que surge de un altavoz.

Lo sé, es un ejercicio de “suspensión de la incredulidad” como mínimo.

Bueno, no seamos tan duros. ¿Cuántos romances se han fraguado a través de interminables conversaciones en chats? ¿O, en siglos pasados, a través de incendiarias misivas? ¿Cuántas parejas que se ven alejadas por motivos de toda índole no terminan comunicándose casi exclusivamente a través de video-conferencias y conversaciones telefónicas? Las relaciones no físicas no son algo exclusivo de la ciencia ficción, desde luego; en este caso, lo novedoso es el contexto y los miembros de dicha relación.

La película tiene lugar en un futuro cercano, curiosamente muy parecido a nuestro presente pero con suficientes diferencias como para sorprenderse. Y, oigan, este es el mayor y mejor acierto de este film. La sutileza con la que aborda los cambios sociales que las nuevas tecnologías pueden acarrear a la vuelta de la esquina (30 o 40 años) y lo magistral de su puesta en escena. Simplemente con observar la vestimenta de los supuestos habitantes de ese futuro uno se da cuenta del cuidado y la inteligencia con la que se diseñó el medio social del imaginario entorno (esos pantalones sobaqueros, esas camisas Mao, esos peinados y mostachones… totalmente creíbles en un futuro giro del veleidoso mundo de las tendencias y el diseño). No obstante, ese Los Ángeles del mañana peca de hippie y buenrollista, de buenista; todo limpio, bonito, armonioso y hipster. Pero oye, uno puede soñar con un futuro Apple, al fin y al cabo (que de futuros distópicos repletos de basura, robots enloquecidos y policía fascista ya tenemos unos miles de ejemplos).

A ver quién tiene ovarios/cojones de enamorarse de este SO

A ver quién tiene ovarios/cojones de enamorarse de este SO

La historia quiere reivindicar sin duda la realidad del varón heterosexual sensible. Nuestro prota trabaja en una empresa que fabrica cartas y mensajes a lo Cyrano de Bergerac para personas que suponemos no saben o no quieren saber expresar sus sentimientos a sus seres queridos; se da a entender por los diálogos que algunos de los clientes llevan años, si no décadas, usando sus servicios para comunicarse con sus novias/os, padre/madres, hijos/as… tan posible que da escalofríos. Nuestro dudoso héroe es laudado como el mejor de su oficina, el que pergeña las cartas más emotivas y mejor redactadas. Su mirada, entre cachorrito abandonado y cordero degollado, pretende aseverar la tesis de que el corazón no le cabe en el pecho. Si querían que le odiáramos, no lo podían haber hecho mejor. Aunque su anterior relación se fuera al garete, nos empujan a empellones a querer a este tipo, a empatizar con él, a desearle lo mejor. Por cierto, el fulano está interpretado por Joaquin Phoenix (con bigotón).

La segunda en discordia es una voz femenina (interpretada por Scarlett Johansson, como bien nos deja claro cada vez que habla en la versión original, parece que va a tener un orgasmo en cualquier momento) que pertenece al sistema operativo de su ordenador, y que supuestamente puede aprender y adaptarse al usuario (y tanto que si lo consigue, oye). Como podéis suponer, ahí queda la presencia del segundo personaje más importante de la cinta: en la banda sonora. Es una voz, un sonido ambiental. Nada de salvapantallas o caras a lo Max Headroom, o Emoticonos; es un aspecto muy minimalista de la película y de la historia, eso se lo tengo que reconocer.

¿Y a dónde nos lleva todo esto? A una historia de amor, nada más y nada menos. Da igual cómo lo adornes o maquilles, o lo rodees de canciones majetas, entornos futuristas, y una pretendida noción novedosa; es la eterna y manida película sobre “chico-encuentra-chica-chico-pierde-chica-chico-encuentra-software”. Porque el SO podría haber sido una señora anciana, o una adolescente, o una tetrapléjica; aquí la cuestión no es el qué. si no el cómo. Pero todo esto no es óbice para que sea un film entretenido, muy visible y con escenas y líneas de diálogo memorables, que lo cortés no quita lo valiente. Ni lo es tampoco para que sea carne de San Valentín.

Además, hay que ayudar a Joaquin a volver a la normalidad, pobrecito mío. Hacedlo por él.

La imagen del cartel ha sido obtenida de Allmovie.com; la de windows, la he pirateado

True detective

Publicado: marzo 10, 2014 de josemasaga en Serie
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No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

Calentito lo traigo, oiga. Acabo de ver el último capítulo de la primera temporada (y, mucho me temo, última) de esta serie, y jo-der. Qué putada que se hayan sacado de la manga esto al inicio del año, ahora ya todo lo que venga después nos parecerá un mojón.

He tenido la rara suerte de cazar una serie al vuelo, justico cuando la están emitiendo. Os diréis, ¿y esto es una ventaja? Pues sí, os digo. Permite apreciar el ritmo de una obra televisiva de forma pausada, reflexiva, con el justo componente de ganicas de ver el próximo episodio, dejando que se vaya creando un mono acorde con el nivel de expectación creado. Esto, como podéis imaginar es a todas luces imposible con series ya emitidas, en cuyo caso el visionado se convierte en una orgía-ágape romano, de esos en los que se provocaban el vómito para seguir comiendo más.

No sé si hace falta, pero allá va una pequeña sinopsis totalmente libre de calorías, azúcares y espoilers o destripes. Rust y Marty, interpretados que-te-cagas por Harrelson y McConaughey (que junto su papel en Dallas buyers’ club está haciendo penitencia por toda la mierda que antes protagonizó), son los típicos polis de homicidios que se encuentran con un caso con un alto componente psychokiller. Casi veinte años después, y mucha lluvia caída, se vuelven a encontrar para continuar con el caso.

No parece muy novedoso, ¿verdad? Pues exactamente, no lo es. Es la forma de enfocarlo y el carisma de sus personajes y del ambiente utilizado el que se lleva de calle la personalidad de esta serie. Como si de Don Quijote y Sancho Panza se trataran, los dos detectives son dos arquetipos diametralmente opuestos, con un Rust-McConaughey nihilista, negativo, obsesivo y fríamente inteligente frente a un Marty-Harrelson pasional, intuitivo, tradicional y demasiado humano. La Louisiana que sirve más que de telón de fondo, sopa en la que se zambullen los dos polis, se muestra como un estado atrasado, corrupto, y brillantemente oscuro, con esas ya míticas extensiones de bayou y bosques anegados de mosquitos, caimanes y paletos degenerados.

Los protas, en harina

Los protas, en harina

Como genial obra de arte del género negro o policíaco, nos encontramos con una historia que nos habla más y mejor de la naturaleza humana, de sus miserias y sus desgracias, de lo que ningún filósofo podrá nunca disertar. La negra visión vital que Rust escupe con parsimonia a lo largo de los ocho episodios resuena a sabiduría callejera, resaca de alcohol barato y ceniceros rebosantes de colillas, pero también a sesudos ensayos; la réplica de su compañero pone en más de una ocasión al atormentado poli con los pies en el suelo y otorga un contrapunto prosaico y de currito al que le gusta la pesca, el fútbol y unas cervezas con los amigotes.

Aunque he prometido no meter el cazo, sólo resaltaré con respecto a la trama del asesinato que tiene revolucionado al mundillo más gafapastil por las referencias a cierta literatura que el guionista se ha sacado de la chistera. Echando mano a la típica vertiente ritual y cuasi-satánica, el homicidio alrededor del que gira la investigación deriva después a una especie de culto que venera al Rey de amarillo, el cual supuestamente habita en Carcosa, la ciudad alienígena bajo estrellas negras junto al lago Hali. ¿Qué es este galimatías? Es uno de los mitos fundacionales del corpus creativo de H.P. Lovecraft, autor de terror sin par y para muchos el padre del horror contemporáneo. Lovecraft adoptó esta historia de Robert Chambers, el cual a su vez la desarrolló a partir de un cuento corto de Ambrose Bierce. Como se puede observar, es una idea que ha impactado a varios autores de renombre; el Rey de amarillo es de hecho, en las historias recopiladas y aumentadas, una obra de teatro que enloquece a quien la lee.

Ninguna reseña sin unas pocas puñaladas, claro. Por un lado, a mí me ha gustado más la primera mitad del serial, el correspondiente al prolongado flashback que nos transporta a los años noventa y al inicio del caso. Aunque el recurso del pasado tormentoso de Rust parece un poco bastante forzado en el episodio donde revive sus momentos de poli de incógnito, la primera mitad de la serie es un tour de force de revelaciones, confesiones a corazón abierto y momentazos televisivos. Por otro lado, el tema del lado más maloliente de los estados sureños empieza pues eso, a oler. Ya he visto en decenas de novelas, películas y cómics lo hediondos que son los pantanos y lo negro que tienen el corazón sus habitantes, los retorcidos retoños surgidos del incesto y el vudú que se resiste a desaparecer. Estados Unidos es muy grande, a ver si nos enseñan otros rincones, copón ya.

Veredicto: Muy pocas veces se puede recomendar una obra maestra; da mucho gustico hacerlo. Y como decía un buen amigo con respecto a una serie que me recomendó y él ya había disfrutado, “qué suerte tienes, todavía no la has visto”. Aprovechad.

Admito que tengo un problema de bulimia televisiva (y al decir televisiva no puedo evitar sonreírme, ya que ni recuerdo la última vez que vi una serie… en televisión), que engullo serie tras serie, muchas veces sin descanso entre una y otra, a menudo si darle un mínimo de tiempo a una que acaba de comenzar, y siempre pensando en lo que vendrá después. Me lo haré mirar. Como consecuencia de este desorden alimentario catódico, he empezado a ver seriales a cascoporro, muchos de ellos bodrios de alto octanaje; como con un libro, no me duelen prendas en mandar una serie a la papelera de reciclaje virtual. La vida es muy corta, y los torrents echan humo.

Desde que comenzó el año o así, me he encontrado con tres series que no han pasado el estricto control de calidad y los altos estándares que me he fijado: es decir, no aburrirme mientras las veo. Que den vergüencita ajena también es un factor decisivo, por cierto. Las agraciadas en este cuarto de año son…

Casi me engañáis, pero al final no

Casi me engañáis, pero al final no

Almost human. Casi buena, podría haber sido. De lo poco que sale de ci-fi en el mundo televisivo (sí, hay muy poco de este género, supongo que sobre todo por lo caro que debe salir comprar a un esclavo surcoreano para que haga los efectos especiales por ordenador), y resulta ser muy blandito. El supuesto no tenía mala pinta: en un futuro cercano con androides, implantes cibernéticos, pero sin coches voladores, un policía que casi la palma vuelve al cuerpo y se encuentra con que tiene que hacer la ronda con un pedazo de plástico con chips con forma de policía macizo (Michael Ealy de Sleeper cell, una serie que sí merece la pena ver). Lugares comunes, situaciones que prometen pero tratadas superficialmente, efectos especiales de baratillo, buenas intenciones pero malas ejecuciones, moralina… todo lo peor del mundo televisivo estadounidenese, resumido en esta serie. Lo que más jode es que intenten ponerse intensos al estilo Blade runner, con temas como aunque sea sintético, ¿puedo tener sentimientos? Con esto no se juega, fascistoides de la Fox. A Blade runner no me la toquéis que ma-to.

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

No hagáis caso al cartel, la serie no es así

Grimm. Grima me da. Un policía (qué fijación con los cuerpos del orden) descubre de pura chiripa que es el heredero de una saga familiar que se dedica a exterminar a los monstruos que viven entre nosotros (si no fuera porque son literalmente monstruicos, diría que habrían tenido trabajo pa’ rato). De nuevo, lo que de entrada es una buena idea (dar un giro a los cuentos clásicos ambientándolos en la actualidad, como Once upon a time pero con un poco más de redaños), degenera en una concatenación de escenas previsibles, acción de pacotilla, secundarios miérder, y efectos digitales de baratillo que sonrojarían al cine de Bollywood. Ya en los primeros episodios, se agota el tema al centrarlo en mostrarnos una sucesión de personas-bestezuela, desde el lógico hombre lobuno hasta el marciano y muy poco de cuento popular mujer abeja (¿?). Supongo que lo que buscaban aquí era un family show, al estilo de las series infumables españolas como Águila roja, pero esto puede aburrir a pequeños y mayores por igual. Tanto dinero tan mal aprovechado…

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas...

Yo si fuera vosotros cogería el paraguas…

Supernatural. Sobrenatural es el morro de los guionistas. Nos ponen la miel en los labios con un episodio piloto macarra, violento, y diría que hasta ocurrente y luego desgranan una sucesión de episodios muy petardos y sosunos. Lo de que tu hermano largamente olvidado regrese para que le acompañes en sus alegres cacerías de seres sobrenaturales malotes es una reinterpretación del género de delincuentes juveniles; de hecho, las hechuras de los hermanitos son calcadas del cine quinqui con más solera… combatir el mal no da dinero, amiguitos, hay que buscarlo de otras formas. Total, que en un flasback bastante heavy metal presenciamos cómo la madre de ambos muere achicharrada en el techo de su dormitorio (¿?) por obra y gracia de un demonio o un ser maligno al uso. El padre, y aquí todos podemos entenderlo, se pone en plan Sarah Connor y prepara a sus hijos para combatir al mal y al capital; el pequeño se harta de una vida repleta de emoción, exorcismos, y atracos a drug stores y decide estudiar derecho (¡¿?!). Hasta aquí todo bien; lo malo es lo que sigue. Al más puro estilo serial, los capítulos son una especie de un remake de Scooby Doo con su monstruo de la semana y repitiendo manidos esquemas uno tras otro, en vez de crear un hilo argumental sólido e interesante. Qué oportunidad más desaprovechada.

Algo me dice que habrá más entradas como esta en el futuro; si esta burbuja televisiva no estalla en algún momento, seguirán surgiendo infraproductos como estos. Permanezcan atentos a sus pantallas… bueno, o mejor no.

Banshee

Publicado: febrero 4, 2014 de josemasaga en Serie
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Un día normal en Banshee, Pennsylvania

Un día normal en Banshee, Pennsylvania

(Cuartel general de Cinemax, productora de televisión, durante la sesión de brainstorming de la que surgió la serie Banshee)

Guionista 1: Pues estaba ayer en el baño, y tuve una inspiración.
Productor: Ahórranos los detalles escatológicos.
G1: No, estaba en la ducha. La cuestión es que pensé “¿y si un ex-convicto, de turbio pasado, se hiciera pasar por el nuevo sheriff de un pequeño pueblo aprovechando que éste ha muerto sin que nadie le viera el jeto?”
Guionista 2: ¿Una serie del oeste, entonces? Porque el temita original no es demasiado, majo… es el arquetipo de sheriff, un tipo de dudoso pasado que decide ponerse al otro lado de la ley; y la línea es tan fina…
P: Tiene que ser en Pennsylvania. Mi primo es de allí. Hay amish e indios con casinos.
G1: Yo había pensado en Arizona… (cambia de idea al ver la mirada del productor). Pues nada, en Pennsylvania.
G2: Vamos a meter algo de la mafia, que viste mucho. Los rusos están muy sobados, los italoamericanos ni hablamos… propongo la mafia ucraniana, que tienen pinta de chungos y así podemos poner a gente con acentos fingidos espantosos.
P: Tiene que haber como mínimo, os lo digo desde ya, una escena de sexo explícito, otra de persecuciones y otra de hostias como panes con sangre salpicando en cada capítulo. Exigencias de la empresa.
G2: Fácil y muy novedoso: el prota es un cañón de tío que con sólo mirar a una tía se le caen las bragas. Ya me pilláis: entra en un bar y se tira a la camarera; mata al marido de una y luego se la beneficia; se enrolla con una amish díscola que no aparenta ni dieciocho… lo normal, vamos.
P: (Apuntando en una pizarra blanca). He puesto una lista de palabras que NO definirán la nueva serie: pudor, contención, humildad, templanza.
G1: (Suspirando). Venga, hagamos un brainstorming para sacar ideas. Vamos con los personajes.
G2: Un drag queen oriental experto en hackear sistemas informáticos.
P: Un mafioso local amish rechazado por su comunidad, dueño de un matadero y que asesina sin ningún tipo de problemillas.
G1: (Jurando por lo bajo). Bueno, yo tenía en mente a su ex-novia, por la que fue al trullo, la hija del jefazo mafioso. Una tiarrona que lo mismo te hace una tarta de manzana que igual te saca el bazo por la boca a hostiazos.
P: Vale, pero que tenga familia, que eso gana muchas simpatías de las madres: además, ¡qué pedazo de idea dramática! Su hijo pequeño tiene problemas pulmonares y parece el joven Darth Vader.

Marineeero... ¿es eso Brummel?

Marineeero… ¿es eso Brummel?

G2: Lo veo, lo veo: y su hija, una adolescente gilipollas que siempre se mete en movidas por ir de malota.
G1: Eh, sí, eh… bueno, pasemos por-favor-os-lo-digo al tema argumento, anda. Yo había pensado en que fuera un thriller psicológico, que el prota esquivara hábilmente la posibilidad de ser descubierto, que…
P: Me abuuurrooo… yo creo que el estilo que nos conviene es una mezcla de Charles Bronson y Harrry el sucio: ¿que un tiparraco viola a una camarera? Pues el sheriff le pega la paliza del siglo. ¿Rehenes en una escuela? El sheriff entra y les hace más agujeros que a la economía española. ¿Moteros macarras que aterrorizan Banshee? No hay nada que no pueda arreglar una palanqueta aplicada al cráneo.
G2: (Fingiendo emoción, mirando al productor). Claaaro, ¡y que el mafioso descubra dónde están los dos y mande a media Ucrania a cepillárselos!
G1: Oye, esto da para cinco temporadas, ¿por qué meter tanta mandanga en diez capítulos? ¿Se va a terminar el mundo, o algo? Además, os recuerdo que es un pueblucho en medio del campo, ¿no es estirar un poco la credibilidad?
P: Hay que hacer competencia a Starz, que con Espartaco dejaron el listón muy alto. Se nos olvida algo, joder, se nos olvida algo…
G1: (Temerosamente). Yo, así en plan parte emocional/sentimental, quería poner flashbacks jugosos… un poco de drama carcelario, la historia de amor con la hija del mafioso que sale mal, ya sabes… todos con una peluca y listos, que no tenemos presupuesto para maquillajes elaborados.
G2: ¿Pues sabes que tenía yo este personaje que me sobró de otra serie, una de cárceles? Un albino enorme, sádico, al que le va más la pluma que el pelo…
P: ¡Cojonudo! Y metemos escena de cuasi-violación en villa barrote; que el prota sufra algo, que le veo muy campechano y fresco, Y que se tire 15 añacos en el trullo.

Mira que quien lo prueba luego repite...

Venga, tonto, que quien lo prueba luego repite…

G1: (Casi llorando). Pues nada, muy bonito todo. El típico anti-héroe que parece el sueño húmedo de todo adolescente, que se toma la justicia por su mano, sigue chanchulleando si puede y hace como si estuviera en la guerra, donde todo agujero es trinchera.
P: ¡Por fin lo pillas! Chaval, tú tienes futuro en esto de la televisión. Me voy a hacer el casting: no quiero ni una sola cara conocida, que luego empiezan a pedir un millón por episodio como los impresentables de Dos hombres y medio.

Las imágenes son de imdb.com y de cinemax.com, la productora de la serie. No se ha maltratado a ningún guionista en la redacción de esta entrada

Antes del anochecer

Publicado: enero 22, 2014 de josemasaga en Película
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La primera mentira: Grecia en verano, ni un alma

¿Es posible estar hora y media contemplando cómo una pareja habla acerca de sus miedos, sus frustraciones, sus mutuos reproches, sus promesas rotas? ¿Sin zombis, invasiones alienígenas, asesinos en serie, violencia? Pues mira, he sido capaz, contra todo pronóstico. Si en el fondo tengo mi corazoncito de nouvelle vague, cahiers du cinéma, cine de autor y movimiento dogma. 

Antes del anochecer cierra la trilogía (qué obsesión con las trilogías fílmicas) que comenzó Antes de amanecer, en 1995 (¡al loro!). Lo que parecía una simpática historia de dos desconocidos que se encontraban en el interrail (en las buenas épocas, claro, ahora es más caro que ir en avión) y veían cómo surgía el amor (bueno, por lo menos un polvo echaban, lo del amor nos lo imaginamos) se prolongó contra todo pronóstico a Antes del atardecer (2004), en la cual los tortolitos se reencontraban en París.

Ah, qué tiempos aquellos, en los que tanto Ethan Hawke como Julie Delpy eran dos jóvenes promesas de la generación X, dos actores indie que se comían el mundo. Casi veinte años después, y hechos unos zorros, finiquitan (creo, quién sabe) esta historia de encuentros y desencuentros, y en cierto modo parece que también plasmen en la pantalla su carrera vital hasta la fecha. Ciertamente se les ve desanimados, ajados, cansados. Alguna que otra película de relumbrón han firmado ambos, pero está claro que sus carreras no despegaron como seguramente ellos esperaban. Ironías de la vida que se extienden a la historia que tenemos entre manos (de hecho, ambos protas escribieron el guión junto con el director).

La película tiene mimbres de obra teatral, como ya pasó como con las anteriores: dos escasos personajes que hablan y hablan y hablan. En esta última hay alguna que otra escena con más gente, pero nada que no pudiese obviarse, la verdad (parece más de relleno o contextual que algo que impacte en la historia). Como se puede pensar acertadamente, si la pareja principal no funciona, todo se va a la mierda. Y me temo que en esta entrega ya no se adivina la conexión entre ambos, y quizá venga bien, siendo una historia de decepción y crisis, pero la falta de magnetismo en pantalla de Hawke y Delpi pesa. No es creíble en ningún momento que haya atracción sexual o sentimental, y mira que se lo curran ambos en sus interpretaciones.

¿Y entonces? ¿Todo esto pa’ qué? Si bien la parejita no termina de convencer, por lo menos sus diálogos sí están repletos de verosimilitud, sabiduría y mala leche. Cualquiera con sangre en las venas se verá mínimamente reflejado en las inseguridades y meteduras de pata de ambos, y admitirá cuán fácil es equivocarse en el peliagudo tema de las relaciones sentimentales. Lo mejor de la cinta, la mutua filípica final, podría haber sido perfectamente un robado de una pareja real y es un acre revulsivo a las historietas de amor con final feliz que Hollywood lleva décadas intentando vendernos.

Lo que me dio vergüenza ajena y me hizo sonrojar es la escena central del film, en la que la (in)feliz pareja come con sus anfitriones (la historia tiene lugar en una isla griega donde el personaje de Hawke ha sido invitado). Es muy pretenciosa, con una retahíla de diálogos que no suenan en absoluto como algo que de verdad una persona o personas dirían espontáneamente sin morirse del bochorno; las parejas presentes, que ejemplifican las distintas etapas por las que pasan las relaciones (con unos jovenzuelos tontos del culo, unos cincuenteños que se están  dando caña continuamente, y un par de vejetes cuyas respectivas compañías amorosas han fallecido) sueltan por su boca líneas que huelen a columna de diario dominical y bromean desenfadadamente aunque se conocen de hace cuatro días. Sí, es verdad, señores de Hollywood, en el Mediterráneo se vive de vicio (bueno, en Grecia no tanto, ¿no?), pero no hacía falta exagerar tanto el tema, que al final parece un anuncio de yogurt griego.

¿Sinceramente? Recomiendo echar un vistazo a la primera de la serie. Si te parece mínimamente simpática, atrévete con las siguientes. Si te parece una cursilada, ni pienses (lógicamente, por otro lado) en seguir con el serial. Por lo menos no parecen en ningún momento un estrenos televisión, o un telefilme. Tienen ese punto de reflexión y lírica que diferencian a las películas que se hacen con un poco de cuidado e interés, y no para que se forren cuatro. Y, bueno, a veces hay que variar el menú, ¿no?

La imagen es de imdb.com

Prisioneros

Publicado: enero 4, 2014 de LaSoPhi en Película
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portadaEs la primera entrada del año y me hubiera gustado que hubiese sido de una película que os pudiese recomendar, pero no vais a tener esa suerte (a ver si el 2014 nos depara mejor cine). Por mucho que la haya protagonizado Hugh Jackman, no la salva de ser un telefilm de sobremesa sobre secuestro de niños.

Se desarrolla en pleno invierno en un pueblecito estadounidense de las montañas, por lo que da la sensación de que todas las escenas de la película están envueltas en un aura gris, y ya no solo por la climatología, sino por los quehaceres diarios de los vecinos, donde el ocio principal es la caza. La película empieza presentándonos a los Dover, cuyo cabeza de familia es de “rectas” convicciones, trabajador, cazador y un hombre de fe, pilares que se tambalearán cuando la tragedia aterrice en el hogar.

Jake Gillenhaal será nuestro salvador (hizo un papel muy parecido en la película “Zodiac“). El detective Loki  ha resuelto todos los casos de su carrera, debido seguramente a que es un solitario policía sin familia (todos sabemos que la familia no es compatible con el trabajo, o por lo menos con los trabajos de las fuerzas de seguridad), que ayudará a resolver el caso sin infringir la ley y siendo lo más justo en todos sus actos y con todos los implicados.

El hilo central de la película estalla cuando capturan a Alex como  sospechoso, un chaval con retraso mental al que  han visto deambular cerca de la zona donde se vió por última vez a las niñas. Como no hay pruebas concluyentes le tienen soltar, aunque el Sr. Dover esté convencido de su culpabilidad, y ¿qué no haría un padre por encontrar a su hija? (Que le pregunten a Albano). Llegados a este punto la película “chorrea” moralina e intenta empujarte al lado del “sufrido” padre para justificar cualquiera de sus acciones, ya que al más puro estilo “Charles Bronson” se tomará la justicia por su mano (y hasta aquí puedo leer).

"A mi me hablas con respeto"

“A mi me hablas con respeto”

Como empezamos nuevo año, voy a inaugurar una nueva sección dentro de cada entrada (si se da el caso), comentando los puntos menos realistas (vamos.. ” las cagadas”) del film. Aunque lo he repetido hasta la saciedad, y siempre dicen que la realidad supera la ficción, creo que no se pueden dejar pasar ciertos aspectos o puntos de una historia que podría ser verídica, y cuyo guión (supongo) ha sido contrastado con asesores sobre el tema que se plantea. No se me ocurría cómo denominarlo, pero voy a adoptar un término muy televisivo, “Pifias”.

Pifia 1) Resulta que al pobre chico “diferente” arrestado como sospechoso (el cual sufre la frustración de un padre desesperado y es torturado al más estilo “Hostel”), tiene un pasado distinto al que su tía cuenta en la investigación. ¿Por qué no se corrobora el pasado de una posible culpable?

Pifia 2) De repente descubres dónde puede estar tu hija, y jugándote su vida y la tuya decides ir tú solo a rescatarla corriendo el riesgo de acabar enterrado vivo, ¿por qué?

Pifia 3) Por fin encuentras al rehén de un secuestro, que ha estado 6 días desaparecido sin saber qué tipo de alimentación o sustancias ha podido ingerir, que además el secuestrador acaba de inyectarle algo que puede ser mortal y después te ha pegado un tiro en la cabeza, ¿por qué no llamas al Samur? ¿o pides refuerzos? Mejor coges el coche medio ciego por la sangre que corre por tu cara y casi a punto de perder la consciencia, y atraviesas media ciudad por la autopista para llegar a un hospital.

¿Heroísmo o estupidez? ¿Dónde esta la delgada línea que separa lo uno de lo otro? Quizá deberíamos vernos al frente de este tipo de situaciones, pero está visto que los protagonistas de las pelis tienen “madera de Héroes”. 

Dejadme, no sabéis a quién estáis cabreando ¡soy lobezno!

De la trastienda: Old boy

Publicado: diciembre 27, 2013 de josemasaga en De la trastienda, Película
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Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Un buen día te despiertas en una habitación de hotel muy sui generis, sin saber cómo has llegado allí, sin poder salir, sin contacto con ningún ser humano. Cada día te duermen con un gas soporífero, te dan comida, limpian y abastecen la habitación, te cortan el pelo. No, no es una temporada en un spa, es el punto de arranque de Old boy, cinta Surcoreana del 2004 y que ha alcanzado el etéreo y dudoso estatus de peli de culto.

No nos engañemos, el cine asiático (así, a cascoporro, metiéndolo todo en el mismo saco) no es muy popular en Europa en general y España en particular. Las películas que nos llegan del lejano oriente son las más occidentalizadas, las más similares a nuestros domados y anodinos gustos, y muchas veces están repletas de clichés y lugares comunes. Eso, si no las adaptan del todo haciendo el clásico remake del que tanto y tan bien se alimenta Hollywood. De hecho, esta misma peli cuenta con uno, aunque no tengo ni idea de qué tipo de engendro será.

Volviendo al argumento: Oh Dae-Su (que dudo que sea algo así como Juan o Miguel en castellano, la verdad) se pasa 15 añacos encerrado en una extraña prisión, sin ton ni son, y cuando está a puntito de escapar a través de un túnel penosamente horadado con un palillo (de los de comer, no de los de hurgarse la piñata) es liberado; por si no fuera suficiente, queridos sádicos, se entera de que su mujer ha sido asesinada y de que le han cargado el mochuelo a él. Os reto a encontrar un comienzo de película más intrigante, peregrino y cruel, todo en un cómodo pack. Como podéis imaginar, no corre presto a su oficina del paro más cercana a reinsertarse en la sociedad, si no que sale más bien cabreado y con ganas de decirle un par de cositas al que le ha enviado de vacaciones forzosas una temporada.

"¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!"

“¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!”

Y es que, oiga, quince años dan para mucho si los gestionas bien, y Oh Dae-Su (¿no sería genial tener un amigo con este nombre?) se aplica con tesón a auto-entrenarse y ponerse como un toro para el día en que pueda vengarse. Sí, lo habéis adivinado: la violencia ocupa la mayor parte del tiempo de esta historia, y desde ya os digo que no es la típica violencia a la que estamos acostumbrados por estos pagos. Las pocas películas Surcoreanas que he podido ver han sido las que, con diferencia, más me han impactado en este apartado; tanto la violencia física de chorretones de sangre y hostias como panes como la mental o verbal, de hechos o situaciones límite. No digo más al respecto, porque esta vez no quiero destripar uno de los momentos cumbre de la historia.

Sí puedo mencionar escenas brutales, visualmente perfectas y que dan mil vueltas a supuestos maestros del género occidentales: la pelea al más puro estilo arcade (vista lateral, scroll de izquierda a derecha) de los ’80 en la que el prota se enfrenta en un estrecho pasillo, martillo en ristre, a chorrocientos enemigos armados con palos; el festín de sushi en el restaurante de Mi-Do (la otra prota) con ingestión de pulpo vivito y coleando incluida; la rutina diaria de Oh en esa Lynchiana habitación de hotel durante tres lustros; el persuasivo método de interrogatorio, usando el arranca clavos de un martillo para una poco ortodoxa extracción dental…

Pero claro, lo que como espectador occidental llama poderosamente la atención por su originalidad o carácter atípico también puede llegar a extrañar o aburrir. El ritmo y cadencia del cine oriental son chocantes, con momentos de calma chicha en los que no dejas de mirar el reloj y en los que los minutos se convierten en horas, y otros de total confusión y un tropel de imágenes y situaciones a veces indescifrables. Además, está claro que hay un subtexto, un lenguaje corporal, un doble sentido que se nos escapa; un tratamiento del humor y el drama que a mis ojos parece infantil o forzado o marciano; y unos diálogos o ausencia de estos que en apariencia no tiene sentido. Hay una diferencia cultural, no se puede negar.

En definitiva, un film muy recomendable para ampliar fronteras y realidades cinéfilas, con un desarrollo y un desenlace completamente inesperados, con personajes complejos y oscuros, una estética dura, cruda, y muy poco común y una auténtica montaña rusa de sensaciones y emociones. Eso sí, tómate un café o un Red bull, porque son dos horas como dos soles; es lo que tiene el estándar occidental de la hora y media escasa, que nos ha malacostumbrado.

Imágenes obtenidas de allmovie.com y imdb.com

Defiance

Publicado: noviembre 25, 2013 de josemasaga en Serie
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Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Oeste+Mad Max+Star Trek=Defiance

Mira que he estado dándole vueltas a la cabeza durante esta semana para encontrar series o pelis que recomendar, tal y como proponía un reciente comentarista, pero chico, he de admitir que la cosa está muy malita. Si pienso en producciones a toro pasado, alguna más me sale, pero nuestro objetivo es hablar (bueno, escribir) sobre estrenos o por lo menos material actual; prometemos, de todas formas, sacarnos de la manga en un futuro no muy lejano una sección para hablar de films a recuperar.

Curioso lo de esta serie, en muchos aspectos. Lo primero a destacar es que se estrenó a la vez en todo el mundo mundial, y que además sacaron un videojuego el mismito día; se les llenó la boca al decir que era un producto transmedia, que más de uno puede pensar que tiene que ver con cambios de sexo online, pero en realidad significa eso, que te lo echan por la tele y que puedes echarte unas partidas. Majos, esto ya estaba inventado.

Otro aspecto destacable es el bombo que le dieron al serial; incluso yo, que por suerte tengo poca exposición a la publicidad (en general, de cualquier tipo) me enteré que empezaba. Además, el aspecto inicial era de gran producción de ci-fi, algo raro en televisión; es extraño, puesto que mira que echan duros en producir series dramáticas, de época, de la guerra, cómicas, y un largo etcétera (incluso alguna que otra fantástica, como Juego de tronos), pero del género ci-fi cuesta encontrar algo decente y con buen presupuesto (quitando Expediente X, Fringe y cuatro más).

¿Tanto pa’ qué? Pues pa’ ná. Así os lo digo. Ahora me extiendo, pero yo, gran fans de la ciencia-ficción, sigo esperando una serie que está a la altura de Los Soprano, The Wire o Breaking Bad, con guiones magistrales, personajes bien interpretados y definidos, y efectos especiales al menos dignos. No, lo siento, Battlestar Galactica no me sirve, y Firefly prometía pero se quedó a medias. Sigo huérfano.

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Cabezas raras I: pseudo-indios con mala hostia

Un eminente bloguero de otros lares decía en una entrada que mezclar más de dos géneros o subgéneros resulta en un espantoso desastre en el cual al final ninguno destaca y todos se estorban; he aquí el principal problema de Defiance. ¿Una serie que emula o se inspira en Deadwood (pedazo de serie que sí merece una reseña), es decir, sobre un pueblo en la frontera, no afiliado a ninguna nación, nido de víboras y gentes de mal vivir? Venga, vale. ¿Una serie que bebe de fuentes post-apocalípticas, al estilo de Mad Max o incluso de la reciente Revolution? No está mal la idea. Pero, ¿una serie que también echa a a la coctelera un puñado de especies alienígenas humanoides al estilo Star Trek (o sea, gente con la cabeza rara)? Mira, no, para.

Y es una lástima: el punto de partida es majo, atractivo, y tiene potencial. A la tierra llegan (cómo no, parecemos los únicos invadibles de todo el universo) ciento y la madre de alienígenas (los llamados Votans) procedentes de un sistema solar que se ha ido a tomar quasar, creyendo (sí, claro) que estaba vacía. Sí, como cuando vas a aparcar y es badén o alguna mierda similar. Total, que mientras negocian, que sí y que no, que si con calcetines blancos no pasáis, que vaya que sí que vamos a aterrizar y comernos hasta las piedras, alguien ataca al convoy extraterrestre y se arma la marimorena. Tortas, explosiones, tecnología que se va de madre, y al final tenemos al planeta hecho unos zorros, un montón de tíos con cabezas raras y los humanos que han sobrevivido desperdigados y mosqueados.

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Cabezas raras II: Suecos élficos endogámicos

Defiance, la antigua Sant Louis (Missouri, qué elección más extraña, supongo que el ayuntamiento les untó o algo), permanece ajena a las nuevas potencias, mientras alberga un mezcladillo de especies y de personajes a cada cual más repleto de secretos y maldades. Un encanto de sitio, para irse de vacaciones. A ella llega el típico más-chulo-que-un-ocho con su sidekick alienígena al lado, y al final, aunque son muy mercenarios y muy independientes pero en el fondo tienen buen corazón, se quedan a ejercer de sheriffes. La galería de protagonistas es muy de Bonanza: el dueño de la mina, padre viudo con hijos díscolos y un montón de matones mineros; el señor del crimen alienígena, que maneja con puño de hierro a su familia y a sus vasallos; la dueña del puticlú, puta pero/por lo tanto con un corazón de oro; la alcaldesa, una pobre pringá que no ve venir ni una; y la ex-alcaldesa, que como la Aguirre, supuestamente ha dejado el poder pero sigue dando por saco.

Aparte del popurrí infernal que al final no resulta en nada claro o tragable, los guiones y la estructura de la historia central, la que vertebra la primera temporada, es de pena. El resultado es una ficción deslavazada, con más agujeros que la nueva tierra, con situaciones poco emocionantes o mal hiladas, y con personajes que parecen un puñado de Doctores Jekyll y Mr Hides, repletos de cambios de humor, de opinión, de objetivos vitales… parecen participantes de Gran Hermano, más que seres de carne y hueso (sea esta extraterrestre o no). Además, para echar más sal a la herida, las especies alienígenas son un compendio de clichés sin ningún interés o creatividad. Unos son una especie de indios (de Norteamérica, no de la India) con todos los tópicos asociados; otros, una sociedad facha y patriarcal blanqueados con talco; y de lo poco que vemos de los demás (hay un colectivo que parecen orangutanes o Wookiees, y otro gente desdibujada y poco más), queda la impresión de que los fondos eran escasos y el maquillaje facial, la única opción.

Claro que mirando qué productora lo ha pergeñado lo entiendo un poco más: Universal Cable (¿?), que ha creado mediocridades como Eureka o Caprica. Flipas: en EEUU. se pueden permitir dirigir y emitir series de mediana calidad, ya que están boyantes, son ciento y la madre y antes o después se las venden a algún país de pobres desgraciados. Incluso el producto más cutre supera con creces cualquier infraserie que siquiera se nos ocurre aquí, por supuesto… pero estando el panorama (e internet, ejem, ejem) lleno de seriazas, no merece la pena tragarse ni un capítulo de seriales reguleros. Votans, go home.

Imágenes obtenidas de la página del canal que emite (o emitía) la serie, SyFy

Breaking Bad

Publicado: noviembre 10, 2013 de josemasaga en Serie
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Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo.

Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo

¿Por qué nos atrae tan poderosamente el mundo del crimen? ¿Por qué se han transformado en auténticas estrellas mediáticas mafiosos, ladrones de bancos, políticos corruptos, asesinos en serie, dictadores y gentuza similar? ¿Por qué seguimos fielmente sus andanzas, ya sea en forma de serie, película, novela o serial radiofónico? ¿Podría ayudarnos aquí un loquero, por favor?

Advertencia: aunque no pienso contar el final de esta serie, sí que voy a incurrir en lo que ya avisamos en la descripción de este blog: destripe puro y duro, charcutería de los entresijos de este serial. Como le encanta decir a mi madre, el que avisa no es traidor.

Porque en el fondo, todos querríamos romper. Porque queramos o no, seguimos siendo depredadores mantenidos a duras penas a raya mediante promesas de una vida tranquila, fácil, sin sobresaltos. Porque esa mentira no nos la creemos ni nosotros.

Antes de ponerme más intenso, recapitulemos: un profe de instituto, de esos que ni han hecho el CAP, que para complementar su mísero (en el estándar estadounidense) sueldo trabaja en un garito de lavacoches. Esta perfecta vida se ve interrumpida por la gran C: cáncer. A ti o a mí se nos hubiera ocurrido dejarlo todo y pirarnos de viaje, o acudir a un curandero de la tribu Calusa, o practicar esos deportes de riesgo que suelen terminar con alguien recogiéndote con un rascador y varias bolsas negras. La solución para Walter White es más original y propia de macho proveedor para su familia: sintetizar la mejor metanfetamina de la historia, acumular más pasta que Rato, y dejar a los suyos con el riñón bien forrado antes de cascarla. Todo ello con la inestimable ayuda de un antiguo alumno suyo, el bala perdida Jesse Pinkman, uno de los mejores ejemplos de white trash que he visto en mi vida como espectador, con su mimetismo con la cultura rapera y todo.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido

Imaginad que los Cohen escribieran y dirigieran una serie (ojalá): en esa realidad alternativa, este sería el resultado. Las andanzas de esta Quijotesca y Panzesca pareja, un dúo de criminales amateur a los cuales les crecen continuamente los enanos, bascula continuamente entre el patetismo, el drama, la tragicomedia y el horror. Creo firmemente que estrena un nuevo subgénero, con fuerza apabullante: el family noir. Me encanta el género negro, ya sea en literatura, cine, o televisión, y en este nuevo siglo está evolucionando de diversas y curiosas formas. En este caso, al submundo criminal y terrenos colindantes (policía, leguleyos, etc.) se le suma la también complicada realidad de la familia. Se puede argumentar que, por ejemplo, en la célebre Los Soprano esta también juega un papel fundamental, pero aquí la familia es la excusa, la razón, el vehículo, y el desenlace: los lazos familiares y de amistad, y qué suponen cuando alguien decide transformarse por completo, sin contar con ellos.

Los elementos son sencillos, casi de ideal minimalista, y acentúan la valía de un guión magistral, perfectamente engarzado y enhebrado, en el que nada sobra o falta. Un entorno desértico y parco (el sudoeste estadounidense, Nuevo México), los variados laboratorios ilegales (la autocaravana, la lavandería industrial, las casas en proceso de fumigación), un círculo limitado de familiares (esposa, hijo, hija recién nacida, cuñados), los aliados y enemigos criminales (el grandísimo abogado Saul, el arreglador Mike, el cártel mejicano, los colegas reclutados para ser camellos, el capo dueño de restaurantes de pollo frito, la banda neonazi), los agentes de la DEA (el cuñado, su compañero/mejor amigo). Casi se podría llevar al teatro. De verdad.

¿Cómo redondearlo todo? Con uno de los mejores repartos de la historia. Desde Bryan Cranston como Walter White, al que de verdad no se le puede llegar a odiar por muchas atrocidades que cometa, al que se le compadece tras cada decisión desastrosa o cada acto brutal, cuando su cara muestra la frustración, la incapacidad de compaginar su cara amable de buen padre y esposo y la de implacable drug lord de sobrenombre Heisenberg; siguiendo con Aaron Paul como Jesse Pinkman, escudero y socio de Walter, el auténtico damnificado de toda la historia, el que con todas sus fuerzas quería ser malo y descubre que es muy frágil, que se hace añicos una y otra vez; pasando por Bob Odenkirk como Saul Goodman, que se come al resto cuando aparece en pantalla, el epítome de abogado corrupto y carente de cualquier tipo de moral pero poseedor de una sabiduría casi sobrenatural; y mi favorito, sin lugar a dudas, Jonathan Banks como Mike, el personaje más creíble que jamás he visto de un posible arreglador de una organización criminal, que a fuerza de ser lo más anodino pero acojonantemente efectivo al mismo tiempo queda grabado a fuego en el imaginario colectivo de tipos desesperadamante cool.

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

En algún momento de nuestra historia colectiva dejamos de crear sagas y ciclos legendarios; parece ser que la pantalla mató esa expresión del sublime ideal que toda sociedad atesora, ese compendio de virtudes y defectos encarnados en una figura heroica, usualmente un guerrero cachas. Creo que, por fin, tenemos el medio heredero de las leyendas de antaño (las serie televisivas), y el gran sucesor de esos antihéroes de antaño: Heisenberg, el alter ego de Walter White. Él, más que nadie, muestra el viaje interno y externo del héroe, todo por lo que pasa para, a su juicio, alcanzar su personal Ítaca, su grial, su anillo de los nibelungos. Su transformación, su evolución como personaje ocurre como el crecimiento de las plantas: día a día, casi sin que te des cuenta; de repente, tienes delante de ti a un ser completo, crecido, que no tiene por qué ser bonito o lo que esperabas de él. Su historia es una auténtica epopeya que termina como tiene que terminar todo mito, y que nos deja algunas de las imágenes más evocadoras de los últimos años: los peregrinos en procesión a la capilla de la Santa Muerte; los restos del accidente aéreo en la piscina; la descomunal pila de dinero en un trastero de alquiler; las coreografías de Walter y Jesse cocinando la metanfetamina; la masacre de la banda neonazi; y un tan largo etcétera…

No creo que haya habido mejor publicidad en los últimos años para ninguna temporada final de una serie: rezaban los anuncios de la quinta Remember my name, Recuerda mi nombre. Creo que se recordará el alias elegido por Walter, Heisenberg (en honor a Werner Heisenberg, principal promotor de la teoría cuántica, la de la incertidumbre, y partícipe de experimentos para desarrollar la energía nuclear en la Alemania de la II guerra mundial), que como él cambió de alguna manera y de forma irreversible la forma que tenemos de entender una parte del mundo; en este caso, la ficción audiovisual. Y es que al fin a y al cabo, es bien cierto: todo es química.

Imágenes obtenidas de la página de la productora, amctv.com