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Da Vinci’s demons

Publicado: octubre 15, 2013 de josemasaga en Serie
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Soy un genio, por eso luzco palmito en la carátula

Soy un tipo con prejuicios, qué se le va a hacer. Y un poco envidiosillo, ya que me estoy sincerando. Cuando por motivos que no vienen a cuento comencé a ver esta serie, tenía una imagen muy clara del personaje histórico en el cual supuestamente (siendo muy, muy benévolos) está basada: el pesado de Da Vinci, un tipo al que se le daba todo bien. ¿Pintar y dibujar? Chachi. ¿Esculpir? Ya te digo. ¿Inventar maquinaria industrial? Vamos p’allá. ¿Cocinar? Banquetes para reyes. ¿Esgrima?. Sí, da grima. Dudo que haya una figura histórica más vanagloriada y admirada por sus conocimientos y sus talentos, y no por haber invadido media Europa o descubierto un continente en el que ya vivía gente hacía siglos.

¿Qué esperaba? La típica serie pseudo-histórica-medio-dramática donde intentan humanizar al pobrecito súper genio (porque según cuentan las leyendas tuvo una vida personal muy poco al uso de la época… prefería la compañía masculina, era vegetariano, liberaba animales enjaulados… ¡a mediados del siglo XV, con el catolicismo viento en popa!), pero amigos, cuán equivocado estaba. Cualquier atisbo de bodrio al estilo Los Tudor o Los Borgia (¡o la infumable Isabel!) se desvanece a partir del tercer episodio. Y yo que me alegro, oiga.

La serie nos muestra la juventud de Leonardo, justo cuando empezaba a descollar como el gran artista que prometía ser. Como buen bohemio, el bueno de Leo busca encontrar un buen mecenas que le permita vivir del arte (chiste fácil, lo sé) mientras se dedica a lo que de verdad le mola, que es zorrear e inventar gadgets para James Bond. De fondo, una Florencia renacentista bastante idealizada para mi gusto, gobernada por los Medici, una especie de mezcla entre mafiosos, dueños de multinacional y presidentes de equipo de fútbol (personas que, curiosamente, hoy en día suelen simultanear los tres cargos).

Aunque el argumento se basa libremente en los hechos que de verdad acaecieron, los guionistas no tuvieron ningún rubor en “llenar los huecos” para construir un relato lo más lisérgico posible. Aparentemente, no era suficiente con las tramas políticas y religiosas que sacudían los estados itálicos a finales del siglo XV, y la vida de un hombre a todas luces muy por delante de su época: metieron con calzador una trama fantástica que ríete tú de la última película de los tres mosqueteros (sí, esa de los barcos voladores y los ninjas). Y aquí es donde he de decir que a mí, me ganaron por completo. Porque si bien es cierto que me gusta el estudio de la historia, se me hacía muy cuesta arriba aguantar los líos de la corte Florentina, quién se acuesta con quién, o si el Papa tenía muy poquito de cristiano. En su lugar, contemplamos a un Da Vinci metido hasta las cejas en una conspiración mística (que le cae en el regazo sin ton ni son), en búsqueda de un artefacto y luchando contra las fuerzas de la ignorancia y el oscurantismo (sí, el vaticano).

"Hola pajarito, ¿quieres ser mi amigo?"

“Hola pajarito, ¿quieres ser mi amigo?”

Espera, espera, ¿quién produce este extraño batiburrillo? Nada más y nada menos que la productora Starz, más conocida por sus series con alto contenido en sangre y otros líquidos humanos más blanquecinos: Spartacus y Camelot, nada más y nada menos. No se caracteriza precisamente por la contención en sus productos, o en tramas elaboradísimas; el sexo, la violencia, los personajes atormentados, y los contextos casi-históricos son sus señas de identidad. El creador de la trama y guionista de la que nos ocupa hoy es el mismito que ha escrito las tres últimas (y aclamadas) de Batman y de otros súper-héroes; se nota que cansado de tipos en mallas de colores, se soltó de buena manera en esta.

Yendo al grano: en esta producción nos encontramos a un Leonardo obsesivo-compulsivo, que lo mismo te inventa un cañón de repetición o un traje de buzo o un ala delta, mientras intenta ligarse a la amante del cabeza de los Medici, y se bate el cobre como espadachín sin despeinarse. Al mismo tiempo, una “orden” de sabios que parecen los reyes magos le lían para que busque el libro de libros, la fuente definitiva de sabiduría que el Papa quiere encontrar antes para tenerlo de lectura de mesilla de noche. Por si todo no fuera follón suficiente, los Pazzi (otra familia de facinerosos adinerados Florentinos) quieren echar a los Medici del poder; en esto también se inmiscuye Da Vinci, posicionándose del lado de su mecenas. Añadid al lío generalizado encuentros y desencuentros amorosos, peleas y masacres varias, personajes secundarios de relumbrón (los reyes católicos y Vlad Tepes, por ejemplo), toques fantásticos, e interpretaciones muy desiguales.

¿Le hace justicia esta serie al bueno de Leonardo? Para nada. ¿Es divertida? Un rato largo. ¿Merece la pena? Si no esperas demasiado de ella, sí, desde luego. ¿Por qué los capítulos se llaman como cartas del tarot? Deben ser admiradores de la bruja Lola, Rappel, y profesionales de la adivinación; eso, y para hacerse los interesantes.

Las imágenes han sido obtenidas de la la página web de Starz y de imdb.com.

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Vikingos

Publicado: octubre 8, 2013 de LaSoPhi en Serie
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Te estoy vigilando…

Mucho canal historia, mucha ambientación, que si basado en hechos reales, y muy bien documentada, pero al final la serie que da título a esta entrada, cumple los requisitos típicos que suelen engancharte a las series de televisión, los “teje-manejes” de los protagonistas, los líos de faldas  y las luchas de poder. Y ya si ponen de protagonistas a un actor consagrado de Hollywood como Gabriel Byrne y al modelo, Travis Fimmel, nos enganchan del todo.

La serie gira en torno al personaje principal, Ragnar Lothbrok, que parece que fue un famoso héroe de la cultura nórdica, que a mí con ese azul intenso de ojos y esos dientes blancos  profidén, me parece más un chico de anuncio que un bárbaro conquistador. Todos (o por lo menos yo) nos habíamos imaginado a los vikingos entre una mezcla de “enano” del Señor de los Anillos y el padre de Vicky el Vikingo, pero de repente te presentan al protagonista, su hermano Rollo, y sus fieles amigos (altos, fibrosos, de pelo brillante a lo Bon Jovi en sus mejores tiempos), corriendo, gritando y saqueando monasterios y me parece estar delante de un video-clip de los 80, más que de una serie del History Channel.

El otro “torturado y ambicioso” protagonista, Conde Haraldson, está interpretado por Gabriel Byrne, (el cual sigue en activo pues le quedan dos años para jubilarse, bueno, en España sería cuatro), que se pasa la serie llorando a su hijos muertos, poniendo orden en su condado, repartiendo justicia entre sus ciudadanos, y guardando riquezas para cuando llegue “su hora”. Pero lo que le quita el sueño realmente es su rivalidad con Ragnar Lothbrok, ya que éste no se conforma con ir a saquear las tierras de siempre, está obsesionado con navegar y descubrir nuevos mundos, y al final tanto “erre que erre“, con la ayuda de su amigo Floki, llegará hasta la costa británica, donde después de hacer un par de incursiones, el rey de Inglaterra se verá obligado a negociar con ellos, para evitar más saqueos.

¡Al ataque!

¡Al ataque!

Al final la serie se resumen en <<Qué si este condado es mío y hacéis lo que yo diga. Pues yo me voy a descubrir nuevas tierras por mi cuenta. Pues eso que has saqueado a los del norte es mío que soy el conde. Pues te lo doy pero a la próxima me voy de extranjis. Qué si te voy a dejar ir, pero con una “hombre de mi confianza” que me va informar de todo lo que hagáis. Pues tu colaborador al final ha vuelto con los “pies por delante” por intentar violar a mi mujer. Pues voy a torturar a tu hermano para que te traicione. Pues no lo va a hacer porque es mi hermano y además está enamorado de mi mujer. Al final me has “hinchado las narices” y voy a incendiar todas tus posesiones y las de tus amigos…>> Así, hasta que al final el joven y guapo protagonista desafía al viejo y arcaico jefe, y el reto termina con el nombramiento del nuevo Conde Lothbrok.

Este es solo el principio de la serie creada por Michael Hirst, guionista de series como Los Tudor o los Borgia. En ella se muestra la vida y costumbres de las familias protagonistas, detalla cómo se organizaba la sociedad, sus tradiciones, como resolvían sus problemas, sus tácticas militares y su devoción a los dioses, con sacrificios humanos incluidos. También se ve el papel de la mujer (en la serie laguertha, es la esposa de Ragnar Lothbrok), jefa de la casa y al cargo de la granja cuando su marido estaba ausente por motivos guerreros o comerciales, y aunque no era habitual, se plantea a una mujer guerrera, entrenada y preparada para luchar en cualquier batalla.

Sólo reseñar al irlandés Gabriel Byrne, (que yo siempre recordaré por la película “Muerte entre las flores”), en su papel de Conde Haraldson,  el cual ha sido un acierto elegirle pues se nota su experiencia en el teatro, ya que se pasa todos los capítulos con el rostro “torturado” y el gesto “torcido” por toda la responsabilidad y todo el “dolor” que lleva dentro. Y por último destacar al australiano Travis Fimmel, que aunque cuesta quitarse su imagen, del anuncio de una famosa marca de calzoncillos,  de la cabeza, es bastante creíble en su actuación como bárbaro y sádico conquistador del norte de Escandinavia.

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¡Rápido! Que tenemos mucho que saquear.