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Daredevil

Publicado: mayo 20, 2015 de josemasaga en Serie
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Llegué tarde al mundo del cómic en general y de los súper-héroes en particular. Cuando lo descubrí, mi visión y entendimiento ya estaban contaminados por otros medios, así que nunca me calaron las extrañas historias de gente en pijama que soltaban parrafadas eternas mientras se zurraban la badana. Para agravarlo, me inicié a través de la Marvel y sus rocambolescas historias de mutantes, con las que a veces dudabas si estabas leyendo un Dallas o un Falcon crest hipervitaminado o la auténticas andanzas de una gente a la que le pasaba todo lo malo del uni(multi)verso. Para poner el último clavo en el ataúd, me encontré pronto con los comic-books pedantes estilo Sandman, que a mi yo del pasado no muy lejano le confirmaron en su infantil sospecha de que los súper-héroes eran para niños o gente con problemas de acumulación de papel.

Curiosamente, he tenido que convencerme de la seriedad y las bondades de este sub-género que está viviendo su segunda edad de oro, oh ironías del destino, en el cine y ahora en la televisión. Y si ya el Batman de Nolan nos enseñó a los incrédulos que esto de los súper-tipos no va realmente de vestir raro, hablar más raro aún y soltar galletas, la serie de la que hablo en esta entrada me lo ha confirmado.

Porque, y usando un recurso que ya es un cliché, os digo como conclusión desde el principio que esta serie es una hostia en los piños: impactante, sangrienta, y que deja secuelas.

Eso sí, no se libra de la pose "cuclillas". Aunque sea en unniforme del decartón

Eso sí, no se libra de la pose “cuclillas”. Aunque sea en uniforme del decartón

La capa…

Esta serie no se achanta. Es cruda y cruel, y no hace ascos a cepillarse a personajes que en otros seriales durarían la temporada entera (¿herencia de Juego de tronos?). Toca temas que otras historias de gente con capa no lo harían ni con un puntero láser, y muestra a la arquetípica Nueva York como un sumidero infecto tanto físico como mental. Que los dos protagonistas estén obsesionados con ella le otorga un toque psicótico a ambos y desdibuja la línea entre ellos y la legitimidad de lo que hacen, ya sea según las leyes institucionales o las de la moral o la ética.

Un héroe que se precie necesita un antagonista a su altura, o más. Un némesis que no sea una caricatura desdibujada, sino una personalidad bien construida y tan atrayente como el protagonista. O, qué hostias, que se convierta por méritos propios en un protagonista. El Kingpin de este Daredevil es todo esto y más: se hace con la pantalla por volumen físico y actoral. No solo es calcado al personaje del tebeo, además insufla vida en el típico rol que suele ser únicamente la comparsa del bueno de la historia. Nos muestra a un personaje atormentado, repleto de dudas, capaz de la más abyecta violencia pero al mismo tiempo de la pasión y la dedicación más encomiables.

¿Y nuestro amigo de la ONCE? Pocas veces he visto mostrar con tanta honestidad la duda, la debilidad, y la humanidad de un supuesto súper hombre. Hay una escena que lo suma y resume todo en meros segundos: Murdock se despierta tras sobrevivir a duras penas una de tantas palizas recibidas. El rostro de dolor, indefensión, y derrota que su rostro expresa da ganicas de llorar. El famoso abogado se tira gran parte de la serie sin saber una mierda, dando palos de ciego (festival del humor) y recibiendo como un punching ball. Sus poderes y habilidades, aunque claramente sobrehumanos, se integran a la perfección en su personaje, y nos son mostrados y explicados de una manera orgánica y realista, sin apresurarse. Que vista un disfraz del Decathlón durante toda la serie acentúa y subraya su condición de héroe dubitativo y amateur.

El elenco de malosos es inquietante y muy completo, desde los imprescindibles mafiosos rusos pasando por una especie de ninjas japoneses, hasta una tríada china que emplea peones ciegos. Pero lo más descorazonador y realista es que todos los estamentos y los poderes de la sociedad están completamente infiltrados y corrompidos: jueces, políticos, periodistas, policías, tenderos, paseadores de perros… Esto claramente no es casual, y aunque enlaza con la historia de Daredevil y su enfrentamiento con un Kingpin que tiene en su poder a media ciudad, también es elemento fundamental en las ínfulas noir y de historia de detectives y policías que esta serie pretende acaparar.

Y para todo esto no hacen falta unos efectos especiales de relumbrón; la mayoría de la pirotecnia se les va en peleas prefectamente coreografiadas y algún que otro tiroteo. Nada de pesadas persecuciones, combates eternos, o villanos con poderes ridículos.

…y la kriptonita

Los comic relief (que luego mutan, por suerte) y sus andanzas en la trastienda de la serie llegan a cansar. Hablo de la administrativa Karen y el amigo del alma y socio Foggy. Karen, la sidekick secretaria, me parece a menudo sobreactuada. Y al pobre Foggy le ha tocado una mierda de papel, así os lo digo.

La historia secundaria de estos dos, por cierto, y a la que se suma el personaje del reportero Ben, es muy floja y parece más de relleno que otra cosa. Está claro que pretende ser el contrapunto más humano y normal en un mundo con tipos que pueden dar patadas voladoras, pero es repetitiva y uno se descubre teniendo ganas de que pase lo más rápido posible. Además, destacar el detalle de la secundaria latinoamericana, que no da el pego: coño, ¿de verdad no podíais encontrar a una actriz de verdad hispanohablante? Muy cutre. Y mira que pretende reivindicar una comunidad, pero les sale el tiro por la culata.

60 minutazos (o casi) por capítulo son muchos minutazos. No hacen falta, muchas conversaciones y escenas huelen a pacotilla: ¿hacían falta? Yo digo que no, que se nos muestra más con lo que no vemos (festival de humor 2) que con lo que se empeñan en contarnos. Esta es definitivamente una historia que se podía haber contado con la mitad de tiempo sin ningún problema y sin que la coherencia de la trama se viera afectada.

En definitiva, una temporada (que se había planeado como única, por cierto) autoconclusiva que junto con otros contados ejemplos (de varios medios) trae el género de la capa y el antifaz al siglo XXI. Y no solo eso: se codea (u hostia) con otras series o creaciones supuestamente más serias o realistas.

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Líbranos del mal

Publicado: noviembre 23, 2014 de josemasaga en Película
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A dios rogando y con la pistola disparando

A dios rogando y con la pistola disparando

Mostrador del videoclub. La pequeña pantalla que cuelga justo encima y un poco detrás de este muestra los créditos finales de una película. Los tenderos del videoclub debaten acaloradamente, probablemente sobre lo que acaban de visionar.

– S: ¿Qué te ha parecido la idea? ¿Es original o estamos ante otra película más de terror?

– J: Que está más trillada que la liga BBVA… el hecho además de que vuelvan de Irak poseídos es como una especie de “venganza poética-demoniaca” ya que vuelven con lo “que se merecen”, son las armas de destrucción masiva más efectivas utilizadas por los iraquíes, de vuelta con un demonio de souvenir.

– S: ¿Qué destacarías de la película?

– J: Destacaría que está basado en un libro, pero no en uno cualquiera, sino en un libro autobiográfico. Y, oye, es la primera vez que veo de principio a fin un exorcismo, con sus pasos para “dummies”. Por cierto, ¿qué tiene que ver la madre desnaturalizada en la peli, la que tira el niño al foso? ¿Qué le pasa al niño al final, que no nos lo cuentan?

– S: ¿Dar susto? Parece ser que efectivamente, pueden infectar a otros y propagar las posesiones. Al final, ríete tú del Ébola. Y el niño es una pifia, un cabo suelto que sí deberían atar, ya que no sabes al final si se lo han comido los leones, si ha muerto o se ha quedado bajo la custodia de su abuela.

– J: Otra chorrada enorme que no entiendo es por qué el poseído se dedica a tapar los grafitis ¿No era el objetivo diseminar la infección demoníaca?

– S: ¿Quién había puesto esos grafitis antes? Mi teoría es que hay una fecha mundial de posesión y hasta entonces, nada de espóilers. Quizá hablamos de un demonio ordenado y hacendoso, que quería programar bien el fin del mundo, no a lo loco. Hasta el “caos” tiene que estar organizado.

– J: Y luego lo de los jesuitas, que con lo elitistas que son, ¿aceptarían en sus filas a un puto drogadicto?

– S: Es que está muy chungo, no hay “vocación” y ya no te digo para ser exorcista. Mucha demanda y poco oferta – si hay que hacer la vista gorda sobre el pasado, todo sea por la supervivencia de la iglesia católica, digo… de la raza humana (Mariano, aquí hay puestos de trabajo).

– J: Y un detalle que me carcome: ¿por qué crucifican gatos en las pelis satánicas? ¿Por qué no ratas o perros?

En nombre de "Hussein" abandona este cuerpo, yo te lo ordeno

En nombre de “Hussein” abandona este cuerpo, yo te lo ordeno

– S: Porque el gato siempre ha sido un animal místico, mágico, que incluso se veneraba en el antiguo Egipto… recuerda que tiene 7 vidas, un pobre perro ya estaría jodido. Y las brujas lo tenían de mascota. Y dan mala suerte. ¿Sigo? Digamos para resumir que siempre ha estado asociado a lo “sobrenatural”.

– J: ¿De verdad nos quieren hacer tragar que está basado en una historia real? ¿De verdad?

– S: Pues si te lo quieres creer, supongo que te lo creerás. Tan real como que Eric Bana es policía. Quizá es una forma de darle más publicidad, como The conjuring, Annabelle… mira los falsos “basados en hechos reales” como El proyecto de la bruja de Blair, Holocausto caníbal… ¿Ya está todo inventado en el cine de terror?

– J: En el cine de terror y en todos los géneros. Ya queda el envoltorio y la forma de contarlo. Desde hace siglos el ser humano se reunía para contar historias de terror, amor… ya está todo inventado.

– S: ¿No te da la impresión que hay mucho cine que como no te puede ofrecer una gran idea, te vende un actor famoso? ¿Quizá lo han intentado en este film con Eric Bana?

– J: Si de verdad hubieran ido a eso, hubieran escogido a Bruce Willis de protagonista y a Antonio Banderas de sacerdote, ha sido un “quiero y no puedo”, Eric Bana es un actor de segunda ¿no te parece?

– S:  ¿Tú qué novela o historia de terror  llevarías a la gran pantalla?

Pides que te rasquen el gotelé y mira lo que pasa

Pides que te rasquen el gotelé y mira lo que pasa

– J: Pues Edgar Allan Poe se adaptó en su tiempo a la gran pantalla, pero hoy en día quizá no se le presta la atención que debería, es uno de los “padres del terror” y se podrían hacer grandes adaptaciones. A Lovecraft también creo que no se le ha aprovechado lo suficiente, se ha hecho alguna película “amateur” pero poco más. Sin embargo Stephen King, por “activa y pasiva” series de televisión, películas…

– S: En el caso de Sthephen King, supongo que el volumen de venta de sus novelas, sea suficiente publicidad para cualquier film adaptado a una idea suya ¿no crees?

Un chiquillo se acerca tímidamente al mostrador, y carraspeando débilmente, se dirige a los tenderos.

– Pero entonces, ¿me la llevo o no?

True detective

Publicado: marzo 10, 2014 de josemasaga en Serie
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No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

Calentito lo traigo, oiga. Acabo de ver el último capítulo de la primera temporada (y, mucho me temo, última) de esta serie, y jo-der. Qué putada que se hayan sacado de la manga esto al inicio del año, ahora ya todo lo que venga después nos parecerá un mojón.

He tenido la rara suerte de cazar una serie al vuelo, justico cuando la están emitiendo. Os diréis, ¿y esto es una ventaja? Pues sí, os digo. Permite apreciar el ritmo de una obra televisiva de forma pausada, reflexiva, con el justo componente de ganicas de ver el próximo episodio, dejando que se vaya creando un mono acorde con el nivel de expectación creado. Esto, como podéis imaginar es a todas luces imposible con series ya emitidas, en cuyo caso el visionado se convierte en una orgía-ágape romano, de esos en los que se provocaban el vómito para seguir comiendo más.

No sé si hace falta, pero allá va una pequeña sinopsis totalmente libre de calorías, azúcares y espoilers o destripes. Rust y Marty, interpretados que-te-cagas por Harrelson y McConaughey (que junto su papel en Dallas buyers’ club está haciendo penitencia por toda la mierda que antes protagonizó), son los típicos polis de homicidios que se encuentran con un caso con un alto componente psychokiller. Casi veinte años después, y mucha lluvia caída, se vuelven a encontrar para continuar con el caso.

No parece muy novedoso, ¿verdad? Pues exactamente, no lo es. Es la forma de enfocarlo y el carisma de sus personajes y del ambiente utilizado el que se lleva de calle la personalidad de esta serie. Como si de Don Quijote y Sancho Panza se trataran, los dos detectives son dos arquetipos diametralmente opuestos, con un Rust-McConaughey nihilista, negativo, obsesivo y fríamente inteligente frente a un Marty-Harrelson pasional, intuitivo, tradicional y demasiado humano. La Louisiana que sirve más que de telón de fondo, sopa en la que se zambullen los dos polis, se muestra como un estado atrasado, corrupto, y brillantemente oscuro, con esas ya míticas extensiones de bayou y bosques anegados de mosquitos, caimanes y paletos degenerados.

Los protas, en harina

Los protas, en harina

Como genial obra de arte del género negro o policíaco, nos encontramos con una historia que nos habla más y mejor de la naturaleza humana, de sus miserias y sus desgracias, de lo que ningún filósofo podrá nunca disertar. La negra visión vital que Rust escupe con parsimonia a lo largo de los ocho episodios resuena a sabiduría callejera, resaca de alcohol barato y ceniceros rebosantes de colillas, pero también a sesudos ensayos; la réplica de su compañero pone en más de una ocasión al atormentado poli con los pies en el suelo y otorga un contrapunto prosaico y de currito al que le gusta la pesca, el fútbol y unas cervezas con los amigotes.

Aunque he prometido no meter el cazo, sólo resaltaré con respecto a la trama del asesinato que tiene revolucionado al mundillo más gafapastil por las referencias a cierta literatura que el guionista se ha sacado de la chistera. Echando mano a la típica vertiente ritual y cuasi-satánica, el homicidio alrededor del que gira la investigación deriva después a una especie de culto que venera al Rey de amarillo, el cual supuestamente habita en Carcosa, la ciudad alienígena bajo estrellas negras junto al lago Hali. ¿Qué es este galimatías? Es uno de los mitos fundacionales del corpus creativo de H.P. Lovecraft, autor de terror sin par y para muchos el padre del horror contemporáneo. Lovecraft adoptó esta historia de Robert Chambers, el cual a su vez la desarrolló a partir de un cuento corto de Ambrose Bierce. Como se puede observar, es una idea que ha impactado a varios autores de renombre; el Rey de amarillo es de hecho, en las historias recopiladas y aumentadas, una obra de teatro que enloquece a quien la lee.

Ninguna reseña sin unas pocas puñaladas, claro. Por un lado, a mí me ha gustado más la primera mitad del serial, el correspondiente al prolongado flashback que nos transporta a los años noventa y al inicio del caso. Aunque el recurso del pasado tormentoso de Rust parece un poco bastante forzado en el episodio donde revive sus momentos de poli de incógnito, la primera mitad de la serie es un tour de force de revelaciones, confesiones a corazón abierto y momentazos televisivos. Por otro lado, el tema del lado más maloliente de los estados sureños empieza pues eso, a oler. Ya he visto en decenas de novelas, películas y cómics lo hediondos que son los pantanos y lo negro que tienen el corazón sus habitantes, los retorcidos retoños surgidos del incesto y el vudú que se resiste a desaparecer. Estados Unidos es muy grande, a ver si nos enseñan otros rincones, copón ya.

Veredicto: Muy pocas veces se puede recomendar una obra maestra; da mucho gustico hacerlo. Y como decía un buen amigo con respecto a una serie que me recomendó y él ya había disfrutado, “qué suerte tienes, todavía no la has visto”. Aprovechad.

Sólo Dios perdona

Publicado: enero 8, 2014 de josemasaga en Película
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Ponedme en la portada, que soy el guapetón

Ponedme en la portada, que soy el guapetón

Drive, la anterior película del tándem director/actor protagonista de esta misma, me dejó bastante picueto. Cuánto se puede hacer con bien poquito, oye. Si no la conocéis, os conmino a que le echéis un vistazo, porque de verdad que merece la pena: género gangsteril actual con toques retro, repleto de cagadas monumentales de esas que Tarantino tan bien ha explotado. Veamos si puedo decir lo mismo de esta…

Parece ser que Ryan Gosling, el macizo protagonista (algo en lo que no estoy de acuerdo, por cierto… en lo de prota, no en lo de que esté de buen ver) se está encasillando, el chico. O eso o es que de verdad se pasó con el bótox y no puede sonreír sin que se le levanten los dedos del pie. Sus registros en la peli se limitan a mirar al infinito como si estuviera miope o le hubiera dado un aire, y ya. Algo que en Drive quedaba redondo, en Sólo Dios perdona (ahí, con mayúscula esa alusión a la suma deidad, qué respetuoso el productor y el traductor) pueda llevar a la exasperación, a ganas de darle una colleja a lo monja de colegio de la transición.

La cinta tiene lugar en un Bangkok poco creíble, con el silencio como telón de fondo; no es por tirarme el pliego (o sí), pero he estado allí y si creéis que un bar español es ruidoso, mejor no vayáis. Está claro que es un recurso del director para acentuar el malsano e inquietante ambiente que la permea, pero me rechina por completo. Gosling es el capo de una organización mafiosa que trafica con droga, y que mantiene una tapadera en un gimnasio-ring de Thai boxing. Su hermano es parte del cotarro, hasta que, sin que sepamos a cuenta de qué, le da por asesinar a una chiquilla y quedarse como un pasmarote hasta que le ajusticia el padre de la susodicha. Esto provoca la aparición de la madre de ambos angelitos, una Kristin Scott Thomas en un papel de madre hija de puta totalmente insólito en ella, y que la muy jodía borda. Al contrario de la fama que me he ganado, no desvelaré el final de la historia, pero por supuesto todo va de mal en peor y el baño de sangre resultante es épico.

Dale un besito a mamaíta

Dale un besito a mamaíta

No sé ni por dónde empezar. Por un lado, el papelón del pobre Gosling: vaya mierda de personaje, querido. El auténtico prota es el jefazo del detective Tailandés, que seguramente quería salir en una peli de samuráis pero se conformó con pasear la mini-katana por esta producción. Haciendo alarde de una frialdad brutal, se pasa el exiguo metraje seccionando miembros y torturando a placer, mientras que en escenas aparte se le muestra dándolo todo en un karaoke. Da escalofríos, y simplemente su personaje merece la película. Eso, o se me escapan las implicaciones culturales de este país asiático (que también es posible).

El director hace uso y abuso de la cámara fija, creando más que escenas, fotografías o incluso cuadros (he contado sólo tres escenas en las que hubiera un travelling o movimiento alguno de cámara). Esto, junto con el ritmo lento y las grotescas y extrañas situaciones, le confieren a algunos momentos un aspecto de insólito costumbrismo contemporáneo mezclado con la horterez inherente a la cultura Tailandesa. Sí, lo siento, son horteras a más no poder, incluso en sus demostraciones folclóricas (bueno, como lo son las de todos los países y culturas).

Si a esto le sumamos una banda sonora apabullante, que crea una atmósfera opresiva y agobiante, y la cualidad Lynchiana de la luz, con sus rojizos tonos, sus salones y habitaciones con rincones a oscuras, tenemos que aunque es una historia en apariencia muy realista, a veces parece que estemos contemplando un fragmento de sueño, una fantasía paranoide. Además, algunas escenas juegan con la total ambigüedad de si son provenientes de la imaginación de Gosling, o ensoñaciones, o nada de ello. Cacao maravillao, pero a mí estas rayadas me gustan, qué se le va a hacer.

Por último, esta cinta tiene una característica muy curiosa, algo en lo que no suelo pararme a pensar, pero que en esta ocasión fue patente casi desde el principio: no me sentí identificado con nadie en la peli. Con nadie, repito: ni para bien ni para mal. Son un compendio de seres humanos deplorables, angustiantes, patéticos, sin ninguna cualidad que les pueda redimir. Es que ni la supuesta prostituta cuenta con mi conmiseración o empatía. A ver qué otro director puede conseguir eso; no es moco de pavo, oiga.

Breaking Bad

Publicado: noviembre 10, 2013 de josemasaga en Serie
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Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo.

Primera temporada: somos normales, pero no por mucho tiempo

¿Por qué nos atrae tan poderosamente el mundo del crimen? ¿Por qué se han transformado en auténticas estrellas mediáticas mafiosos, ladrones de bancos, políticos corruptos, asesinos en serie, dictadores y gentuza similar? ¿Por qué seguimos fielmente sus andanzas, ya sea en forma de serie, película, novela o serial radiofónico? ¿Podría ayudarnos aquí un loquero, por favor?

Advertencia: aunque no pienso contar el final de esta serie, sí que voy a incurrir en lo que ya avisamos en la descripción de este blog: destripe puro y duro, charcutería de los entresijos de este serial. Como le encanta decir a mi madre, el que avisa no es traidor.

Porque en el fondo, todos querríamos romper. Porque queramos o no, seguimos siendo depredadores mantenidos a duras penas a raya mediante promesas de una vida tranquila, fácil, sin sobresaltos. Porque esa mentira no nos la creemos ni nosotros.

Antes de ponerme más intenso, recapitulemos: un profe de instituto, de esos que ni han hecho el CAP, que para complementar su mísero (en el estándar estadounidense) sueldo trabaja en un garito de lavacoches. Esta perfecta vida se ve interrumpida por la gran C: cáncer. A ti o a mí se nos hubiera ocurrido dejarlo todo y pirarnos de viaje, o acudir a un curandero de la tribu Calusa, o practicar esos deportes de riesgo que suelen terminar con alguien recogiéndote con un rascador y varias bolsas negras. La solución para Walter White es más original y propia de macho proveedor para su familia: sintetizar la mejor metanfetamina de la historia, acumular más pasta que Rato, y dejar a los suyos con el riñón bien forrado antes de cascarla. Todo ello con la inestimable ayuda de un antiguo alumno suyo, el bala perdida Jesse Pinkman, uno de los mejores ejemplos de white trash que he visto en mi vida como espectador, con su mimetismo con la cultura rapera y todo.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido.

¿Has visto a este hombre? Pues te puedes dar por jodido

Imaginad que los Cohen escribieran y dirigieran una serie (ojalá): en esa realidad alternativa, este sería el resultado. Las andanzas de esta Quijotesca y Panzesca pareja, un dúo de criminales amateur a los cuales les crecen continuamente los enanos, bascula continuamente entre el patetismo, el drama, la tragicomedia y el horror. Creo firmemente que estrena un nuevo subgénero, con fuerza apabullante: el family noir. Me encanta el género negro, ya sea en literatura, cine, o televisión, y en este nuevo siglo está evolucionando de diversas y curiosas formas. En este caso, al submundo criminal y terrenos colindantes (policía, leguleyos, etc.) se le suma la también complicada realidad de la familia. Se puede argumentar que, por ejemplo, en la célebre Los Soprano esta también juega un papel fundamental, pero aquí la familia es la excusa, la razón, el vehículo, y el desenlace: los lazos familiares y de amistad, y qué suponen cuando alguien decide transformarse por completo, sin contar con ellos.

Los elementos son sencillos, casi de ideal minimalista, y acentúan la valía de un guión magistral, perfectamente engarzado y enhebrado, en el que nada sobra o falta. Un entorno desértico y parco (el sudoeste estadounidense, Nuevo México), los variados laboratorios ilegales (la autocaravana, la lavandería industrial, las casas en proceso de fumigación), un círculo limitado de familiares (esposa, hijo, hija recién nacida, cuñados), los aliados y enemigos criminales (el grandísimo abogado Saul, el arreglador Mike, el cártel mejicano, los colegas reclutados para ser camellos, el capo dueño de restaurantes de pollo frito, la banda neonazi), los agentes de la DEA (el cuñado, su compañero/mejor amigo). Casi se podría llevar al teatro. De verdad.

¿Cómo redondearlo todo? Con uno de los mejores repartos de la historia. Desde Bryan Cranston como Walter White, al que de verdad no se le puede llegar a odiar por muchas atrocidades que cometa, al que se le compadece tras cada decisión desastrosa o cada acto brutal, cuando su cara muestra la frustración, la incapacidad de compaginar su cara amable de buen padre y esposo y la de implacable drug lord de sobrenombre Heisenberg; siguiendo con Aaron Paul como Jesse Pinkman, escudero y socio de Walter, el auténtico damnificado de toda la historia, el que con todas sus fuerzas quería ser malo y descubre que es muy frágil, que se hace añicos una y otra vez; pasando por Bob Odenkirk como Saul Goodman, que se come al resto cuando aparece en pantalla, el epítome de abogado corrupto y carente de cualquier tipo de moral pero poseedor de una sabiduría casi sobrenatural; y mi favorito, sin lugar a dudas, Jonathan Banks como Mike, el personaje más creíble que jamás he visto de un posible arreglador de una organización criminal, que a fuerza de ser lo más anodino pero acojonantemente efectivo al mismo tiempo queda grabado a fuego en el imaginario colectivo de tipos desesperadamante cool.

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

La Santa Muerte: los santos mejicanos nunca aburren

En algún momento de nuestra historia colectiva dejamos de crear sagas y ciclos legendarios; parece ser que la pantalla mató esa expresión del sublime ideal que toda sociedad atesora, ese compendio de virtudes y defectos encarnados en una figura heroica, usualmente un guerrero cachas. Creo que, por fin, tenemos el medio heredero de las leyendas de antaño (las serie televisivas), y el gran sucesor de esos antihéroes de antaño: Heisenberg, el alter ego de Walter White. Él, más que nadie, muestra el viaje interno y externo del héroe, todo por lo que pasa para, a su juicio, alcanzar su personal Ítaca, su grial, su anillo de los nibelungos. Su transformación, su evolución como personaje ocurre como el crecimiento de las plantas: día a día, casi sin que te des cuenta; de repente, tienes delante de ti a un ser completo, crecido, que no tiene por qué ser bonito o lo que esperabas de él. Su historia es una auténtica epopeya que termina como tiene que terminar todo mito, y que nos deja algunas de las imágenes más evocadoras de los últimos años: los peregrinos en procesión a la capilla de la Santa Muerte; los restos del accidente aéreo en la piscina; la descomunal pila de dinero en un trastero de alquiler; las coreografías de Walter y Jesse cocinando la metanfetamina; la masacre de la banda neonazi; y un tan largo etcétera…

No creo que haya habido mejor publicidad en los últimos años para ninguna temporada final de una serie: rezaban los anuncios de la quinta Remember my name, Recuerda mi nombre. Creo que se recordará el alias elegido por Walter, Heisenberg (en honor a Werner Heisenberg, principal promotor de la teoría cuántica, la de la incertidumbre, y partícipe de experimentos para desarrollar la energía nuclear en la Alemania de la II guerra mundial), que como él cambió de alguna manera y de forma irreversible la forma que tenemos de entender una parte del mundo; en este caso, la ficción audiovisual. Y es que al fin a y al cabo, es bien cierto: todo es química.

Imágenes obtenidas de la página de la productora, amctv.com