Posts etiquetados ‘Thriller’

Perdida

Publicado: noviembre 15, 2014 de LaSoPhi en Película
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<<¿Ande tas metido?>>

Así me encontraba yo cuando salí del cine de ver la película que da nombre a esta entrada, y os digo la verdad.. no sabía si era por la historia que acaba de ver, por el cambio del tiempo, o por que era la tarde del domingo lo que conlleva que acabaría el fin de semana y en unas cuantas horas empezaría una nueva semana que sería aparentemente igual que la anterior.

Lo malo de ver una película en la que has puesto grandes expectativas, que tiene buenas críticas y de la que todo hijo de vecino te ha hablado tan bien, es que siempre esperas más de lo que hay. Y esto es lo que me ha pasado a mi, esperaba ver una idea original, una gran trama o un final apoteósico, y me he encontrado con un telefilm de sobremesa con actores caros, pero eso sí, con un final que me sorprendió gratamente, ya que ha sido lo único original de toda la película. El argumento, no sé por qué (o quizá sí) me ha recordado a la película “Frenético” de Roman Polansky, solo que ésta última desarrolla una trama típica de los años 80 y quizá con un argumento menos rebuscado que el qué nos ha traído hasta estas líneas, pero el comienzo es el mismo, “la desaparición de la esposa del protagonista”. Pero que le ha pasado ¿ha huido? ¿la han secuestrado? ¿ha muerto? ¿ha sido asesinada? ¿le ha tocado el euro-millón?

“El enigma del año”, la han titulado algunas revistas. No quiero desvelar nada del guion que la propia Gillian Flyn, autora del best-seller en el que está basado la película, ha escrito, aunque el desenlace es diferente parece que en ambos la historia se centra en el perfecto matrimonio Dunne, el cual recordará para siempre el día de su aniversario, y no porque a uno de los dos se le haya olvidado, sino por la desaparición de Amy (cuántos de vosotros no os levantáis con ese deseo todas las mañanas) dejando nada más que unos indicios de lo que parece ser un asesinato o un secuestro, y a un marido que no queda claro si se alegra o se horroriza de encontrarse en esa situación.

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<<¿Estás seguro que somos hermanos? ¿Y gemelos?>>

Os vuelvo a repetir, nada nuevo que no hayáis visto en alguna “tv movie”. Como buena gran producción estadounidense que se precie, nada es lo que aparenta ser, la historia da diversos giros para que vayas empatizando con uno u otro personaje. Dos horas y media preguntándote ¿dónde está Amy Dunne? y al final lo único que está claro es que el Sr. Nick Dunne es la única víctima de esta trama. No podría terminar sin incluir algún “detalle pifioso”, ya que aunque es ficción, hay que intentar dar el mayor realismo a las situaciones (siempre que no se trate de una invasión extraterrestre claro está..) por lo que señores guionistas, no se puede dar una rueda de prensa aunque sea dentro de un hospital, con todo el cuerpo lleno de sangre…”y hasta ahí puedo leer”.

Quiero resaltar el papel de Rosamund Pike (chica bond en el 2002), ha sido todo un acierto la elección de esta actriz inglesa para dar vida a la Sra. Dunne y su actuación es de lo mejor de la película. Tiene esa belleza fría y esa mirada sobria que puede dar vida a un personaje complicado, a la vez que parece una esposa perfecta, mejor hija y estupenda amiga, pero en el fondo esconde una psicótica lunática, concienzuda y quizá un poco malvada, que consigue hacerte creer lo que quiera. Por último hacer mención al director, David Fincher, que en su día también consiguió “erizarnos los vellos de la nuca” con su película “Seven”.

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Non-stop

Publicado: agosto 26, 2014 de josemasaga en Película
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Buen espóiler en el cartel, sí señor

Buen espóiler en el cartel, sí señor

Ahhh, los aviones. El medio de transporte que hemos aprendido a odiar. Tras un año especialmente fatídico en el que hemos visto tres accidentes aéreos (bueno, uno ni sabemos qué pasó con él), vuelven al panorama cinematográfico las dicharacheras pelis de catástrofes aéreas, ese sub-género que lo petó en los setenta. Supongo que ya se puede empezar a explotar el tema, supuestamente superado el trauma del 11-S; no hay nada que el capitalismo no pueda aprovechar.

El tema empieza mal. Liam Neeson, el héroe sexagenario de la peli, encarna a un cliché con patas: un ex-policía alcohólico originario de Irlanda del Norte con un pasado familiar trágico, metido a Inspector de vuelos en EEUU. Sí, lo habéis leído bien. Creo que nunca me había enfrentado a nada tan ridículo en mi vida como este personaje. Lo curioso es que viaja en un vuelo de 150 escasos pasajeros a Londres (y en primera, para qué escatimar gastos) junto con otro inspector (¿dos polis en un vuelo? Casi ni me creo que vaya uno). Me encanta el nombre de la compañía: British Aqualantic. Suena deliciosamente infantil.

En fin, que junto con esto se nos muestra una selección limitada de pasajeros para que sepamos que algo chungo va a ocurrir (nos ha jodido, si no vaya pérdida de tiempo ver el film). Aquí se nos empieza a tratar como si fuéramos monguers, algo muy común en el cine de acción estadounidense. Los elegidos son los típicos sospechosos habituales – un par de negros, un musulmán (que luego resulta ser un doctor en neurobiología, malpensados racistas), dos tíos blancos con pinta de patibularios… la cámara básicamente no se despega del prota, la sub-prota femenina (más sobre ella en seguida), la azafata y los citados sospechosos.

Porque sí, no puede faltar la mujer destinataria de las rudas afecciones del héroe de acción. Julianne Moore, que está envejeciendo fatal, la pobre, es el red herring durante parte de la cinta, para que no os confiéis demasiado, tontos. Junto con la niña que viaja sola son el lado tierno y el descanso del guerrero del audaz macho. recursos tan patéticos que pensaba que ya no se usaban en este siglo… pero helos ahí. Redondeando el conjunto, una azafata con un descocadísimo uniforme (algo he viajado en avión y en mi vida los he visto así), confirmándonos en nuestra teoría de que las mujeres son meras comparsas.

"¿Hay algún guionista en el avión, por favor? Se nos terminan las ideas"

“¿Hay algún guionista en el avión, por favor? Se nos terminan las ideas”

El nudo central de la trama (o lo que sea) es el envío anónimo de mensajitos de guasap a Neeson (sí, es cierto, ya se puede hacer esto hasta en el aire) informándole de que va a empezar a palmar peña. Por cierto, el aspecto visual de este intercambio de mensajes entre poli y malote (los globos de la conversación salen en el aire) ha sido copiado sin ningún tipo de vergüenza de Sherlock (la serie británica). El pérfido plan del villano es que parezca que es el buen Liam el que está amenazando el vuelo; otro resorte tan manido que se cae a pedazos. De todas formas, así como por descuido, pide 150 millones de dólares para que pare la fiesta.

Ya os podéis imaginar lo que sigue: carreritas arriba y abajo del avión, la famosa pelea en el lavabo (dos tiarrones como armarios roperos abiertos dándose de piños en el minúsculo espacio), paranoias y acusaciones cruzadas varias, motín de pasajeros y destape final del malo.

Por desgracia, aunque el desarrollo del film es bastante comedido teniendo en cuenta que es un blockbuster (con muertos por cerbatana al más puro estilo Fu-Manchú, qué giro más viejuno y encantador), en el final se va de madre, con peleíta en gravedad cero/cabina despresurizada incluida (y tiro entre ceja y ceja) y rescate en el último momento de la niña. El móvil (no el aparato electrónico, si no la razón para desatar toda la pirotecnia) es tan inverosímil que despierta ternura. El director, un catalán afincado en Hollywood, le ha cogido cariño a Neeson, y ya es la segunda película que hace con él, igual de repleta de testosterona y ambigüedades en el protagonista (que al final, por supuesto, resulta ser un buen hombre y un héroe).

Solo espero que tengan la vista de no ponerla en algún vuelo…

Imágenes obtenidas de allmovie.com

Divergent

Publicado: abril 10, 2014 de josemasaga en Película
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"¿Vienen los indios o no?"

“¿Vienen los indios de una vez o qué?”

Se aprovechan.

Se aprovechan de mi debilidad por el cine post-apocalíptico, de ciencia ficción. Por futuros distópicos, por sistemas sociales y políticos rarunos pero plausibles. Por ciudades estadounidenses en ruinas.

Es cierto que la publicidad funciona. Los muy mamones saben a quién dirigirla y cómo hacerlo; no en vano llevan décadas (véase Mad men) con el tema y billones gastados en ello. A mí me ha bastado ver un trailer y leer la sinopsis para tener ganas de ver la película; y mira que mi sentido crítico, ese pepito grillo con esteroides, no ha dejado de mofarse y darme collejas, pero nada. He caído y la he visto. Tó pa ná.

Este infraproducto estadounidense basado en la primera novela de (¡oh, sorpresa!) una trilogía de una tal Veronica Roth cuenta cómo, por enésima vez, Estados Unidos se va al garete (y el mundo a su alrededor, claro; si ellos caen, arrastran al resto… ¿quieren decirnos algo?) y en Chicago surge una nueva sociedad estratificada, organizada en torno a castas o maneras de ver la vida y ser útiles en el conjunto. No pienso ni de coña desgranar las pueriles facciones y sus funciones o motivaciones; cualquier adulto que se vista por los pies podría llegar a enumerarlas sin despeinarse, aun sin haber oído nada de este film.

La protagonista, una pan sin sal del quince, decide hacerse la guay y elegir en el día de su graduación una facción distinta a la de sus padres, en una escena calcada a la elección de casa mágica de Harry Potter. No es la primera influencia u homenaje que la autora fusila despiadadamente, ya que la mayor rémora de esto (se merece el neutro) es ser un puto pastiche hijo de mil perros y perras. El leit motiv de que los protagonistas de las historias tienen que ser los chosen ones, los elegidos, me da náuseas. El proceso de aceptación de la protagonista (he olvidado el nombre, de verdad) en su facción de adopción es previsible y aburrido, con romance con el macizo de turno incluido (muy atormentado y cariacontecido, por supuesto).

"Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original"

“Vamos a ponerle bien de tatus al prota, que queda muy original”

En efecto, este largometraje (sobre todo largo), y por ende la referencia escrita, roba ideas sin pudor de Los juegos del hambre (cojonuda fuente para fijarse, amiga) en cuanto al tono de reality show y via crucis de la prota, aparte de coquetear con la idea de una sociedad estadounidense nueva; The city of Ember y La fuga de Logan, obras que apuntan a la transitoriedad de enclaves creados para sobrevivir a una hecatombe también vienen a la mente; y The forest, puesto que a todo bicho viviente que vea la peli le queda claro que lo que queda más allá de la ciudad no es un infierno, si no una burda prohibición impuesta por los fundadores.

Hay miles, qué digo miles, millones de detalles con los que mofarse. El que más me ha llamado la atención siempre en películas como esta es el atrezzo y el maquillaje. Situémonos en un mundo devastado por una guerra de resultados genocidas: ¿cómo estaría el mobiliario, los edificios, la limpieza? Eso mismo, hecho todo unos zorros. En lugar de ello, nos encontramos con calles bien asfaltadas, limpicas, edificios sin una ventana rota (algún boquete tienen, pero queda hasta mono), y… ¡muebles estilo Bauhaus! No ya ikea, sino de factura reciente, innovadora e impecable. ‘Amos anda.

Lo mismo con el aspecto de las gentes que pueblan el Chicago de posguerra. La primera víctima de la guerra es la inocencia, pero no el rimmel. Todas ellas van maquilladas como puertas, todos ellos depilados y con las cejas perfiladas… y el pelo de la prota, amigos. Para alguien que va a dedicarse a la guerra, a aprender a liarse a piños con sus congéneres, es básico dejarse el pelo como un cepillo (o recogértelo). Pues no. La fiera guerrera lleva su sedosa y planchada melena (pese a que al comienzo nos muestran cómo son los cuartos de baño; mejores los de una estación de autobús) suelta, y se levanta cada mañana, pase lo que pase, con un look pantene.

En definitiva, un artificio pensado para adolescentes con picores (mi alma es joven), con su buena ración de canciones ñoñas que encuadran los momentos clave y que avisan a los incautos de cuándo deben emocionarse, o alegrarse, o enfurecerse, al estilo de las risas enlatadas; y con los típicos mensajes repetidos hasta la náusea de sé tú mismo, dalo todo por el amor verdadero (¿?), si sigues tus sueños el universo conspira para que logres lo que sea (¡!), la familia al final sí que mola. Pongamos la guinda de que, según parece, la autora es un cristiana conversa (cuidadín con los conversos) para darle la puntilla a un montón humeante de guano de murciélago y una pérdida de tiempo y paciencia. No lo miréis ni de reojo.

Imágenes obtenidas de imdb.com y allmovie.com

True detective

Publicado: marzo 10, 2014 de josemasaga en Serie
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No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

No hacen falta ni caretos, ni paisajes, ni ná

Calentito lo traigo, oiga. Acabo de ver el último capítulo de la primera temporada (y, mucho me temo, última) de esta serie, y jo-der. Qué putada que se hayan sacado de la manga esto al inicio del año, ahora ya todo lo que venga después nos parecerá un mojón.

He tenido la rara suerte de cazar una serie al vuelo, justico cuando la están emitiendo. Os diréis, ¿y esto es una ventaja? Pues sí, os digo. Permite apreciar el ritmo de una obra televisiva de forma pausada, reflexiva, con el justo componente de ganicas de ver el próximo episodio, dejando que se vaya creando un mono acorde con el nivel de expectación creado. Esto, como podéis imaginar es a todas luces imposible con series ya emitidas, en cuyo caso el visionado se convierte en una orgía-ágape romano, de esos en los que se provocaban el vómito para seguir comiendo más.

No sé si hace falta, pero allá va una pequeña sinopsis totalmente libre de calorías, azúcares y espoilers o destripes. Rust y Marty, interpretados que-te-cagas por Harrelson y McConaughey (que junto su papel en Dallas buyers’ club está haciendo penitencia por toda la mierda que antes protagonizó), son los típicos polis de homicidios que se encuentran con un caso con un alto componente psychokiller. Casi veinte años después, y mucha lluvia caída, se vuelven a encontrar para continuar con el caso.

No parece muy novedoso, ¿verdad? Pues exactamente, no lo es. Es la forma de enfocarlo y el carisma de sus personajes y del ambiente utilizado el que se lleva de calle la personalidad de esta serie. Como si de Don Quijote y Sancho Panza se trataran, los dos detectives son dos arquetipos diametralmente opuestos, con un Rust-McConaughey nihilista, negativo, obsesivo y fríamente inteligente frente a un Marty-Harrelson pasional, intuitivo, tradicional y demasiado humano. La Louisiana que sirve más que de telón de fondo, sopa en la que se zambullen los dos polis, se muestra como un estado atrasado, corrupto, y brillantemente oscuro, con esas ya míticas extensiones de bayou y bosques anegados de mosquitos, caimanes y paletos degenerados.

Los protas, en harina

Los protas, en harina

Como genial obra de arte del género negro o policíaco, nos encontramos con una historia que nos habla más y mejor de la naturaleza humana, de sus miserias y sus desgracias, de lo que ningún filósofo podrá nunca disertar. La negra visión vital que Rust escupe con parsimonia a lo largo de los ocho episodios resuena a sabiduría callejera, resaca de alcohol barato y ceniceros rebosantes de colillas, pero también a sesudos ensayos; la réplica de su compañero pone en más de una ocasión al atormentado poli con los pies en el suelo y otorga un contrapunto prosaico y de currito al que le gusta la pesca, el fútbol y unas cervezas con los amigotes.

Aunque he prometido no meter el cazo, sólo resaltaré con respecto a la trama del asesinato que tiene revolucionado al mundillo más gafapastil por las referencias a cierta literatura que el guionista se ha sacado de la chistera. Echando mano a la típica vertiente ritual y cuasi-satánica, el homicidio alrededor del que gira la investigación deriva después a una especie de culto que venera al Rey de amarillo, el cual supuestamente habita en Carcosa, la ciudad alienígena bajo estrellas negras junto al lago Hali. ¿Qué es este galimatías? Es uno de los mitos fundacionales del corpus creativo de H.P. Lovecraft, autor de terror sin par y para muchos el padre del horror contemporáneo. Lovecraft adoptó esta historia de Robert Chambers, el cual a su vez la desarrolló a partir de un cuento corto de Ambrose Bierce. Como se puede observar, es una idea que ha impactado a varios autores de renombre; el Rey de amarillo es de hecho, en las historias recopiladas y aumentadas, una obra de teatro que enloquece a quien la lee.

Ninguna reseña sin unas pocas puñaladas, claro. Por un lado, a mí me ha gustado más la primera mitad del serial, el correspondiente al prolongado flashback que nos transporta a los años noventa y al inicio del caso. Aunque el recurso del pasado tormentoso de Rust parece un poco bastante forzado en el episodio donde revive sus momentos de poli de incógnito, la primera mitad de la serie es un tour de force de revelaciones, confesiones a corazón abierto y momentazos televisivos. Por otro lado, el tema del lado más maloliente de los estados sureños empieza pues eso, a oler. Ya he visto en decenas de novelas, películas y cómics lo hediondos que son los pantanos y lo negro que tienen el corazón sus habitantes, los retorcidos retoños surgidos del incesto y el vudú que se resiste a desaparecer. Estados Unidos es muy grande, a ver si nos enseñan otros rincones, copón ya.

Veredicto: Muy pocas veces se puede recomendar una obra maestra; da mucho gustico hacerlo. Y como decía un buen amigo con respecto a una serie que me recomendó y él ya había disfrutado, “qué suerte tienes, todavía no la has visto”. Aprovechad.

Banshee

Publicado: febrero 4, 2014 de josemasaga en Serie
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Un día normal en Banshee, Pennsylvania

Un día normal en Banshee, Pennsylvania

(Cuartel general de Cinemax, productora de televisión, durante la sesión de brainstorming de la que surgió la serie Banshee)

Guionista 1: Pues estaba ayer en el baño, y tuve una inspiración.
Productor: Ahórranos los detalles escatológicos.
G1: No, estaba en la ducha. La cuestión es que pensé “¿y si un ex-convicto, de turbio pasado, se hiciera pasar por el nuevo sheriff de un pequeño pueblo aprovechando que éste ha muerto sin que nadie le viera el jeto?”
Guionista 2: ¿Una serie del oeste, entonces? Porque el temita original no es demasiado, majo… es el arquetipo de sheriff, un tipo de dudoso pasado que decide ponerse al otro lado de la ley; y la línea es tan fina…
P: Tiene que ser en Pennsylvania. Mi primo es de allí. Hay amish e indios con casinos.
G1: Yo había pensado en Arizona… (cambia de idea al ver la mirada del productor). Pues nada, en Pennsylvania.
G2: Vamos a meter algo de la mafia, que viste mucho. Los rusos están muy sobados, los italoamericanos ni hablamos… propongo la mafia ucraniana, que tienen pinta de chungos y así podemos poner a gente con acentos fingidos espantosos.
P: Tiene que haber como mínimo, os lo digo desde ya, una escena de sexo explícito, otra de persecuciones y otra de hostias como panes con sangre salpicando en cada capítulo. Exigencias de la empresa.
G2: Fácil y muy novedoso: el prota es un cañón de tío que con sólo mirar a una tía se le caen las bragas. Ya me pilláis: entra en un bar y se tira a la camarera; mata al marido de una y luego se la beneficia; se enrolla con una amish díscola que no aparenta ni dieciocho… lo normal, vamos.
P: (Apuntando en una pizarra blanca). He puesto una lista de palabras que NO definirán la nueva serie: pudor, contención, humildad, templanza.
G1: (Suspirando). Venga, hagamos un brainstorming para sacar ideas. Vamos con los personajes.
G2: Un drag queen oriental experto en hackear sistemas informáticos.
P: Un mafioso local amish rechazado por su comunidad, dueño de un matadero y que asesina sin ningún tipo de problemillas.
G1: (Jurando por lo bajo). Bueno, yo tenía en mente a su ex-novia, por la que fue al trullo, la hija del jefazo mafioso. Una tiarrona que lo mismo te hace una tarta de manzana que igual te saca el bazo por la boca a hostiazos.
P: Vale, pero que tenga familia, que eso gana muchas simpatías de las madres: además, ¡qué pedazo de idea dramática! Su hijo pequeño tiene problemas pulmonares y parece el joven Darth Vader.

Marineeero... ¿es eso Brummel?

Marineeero… ¿es eso Brummel?

G2: Lo veo, lo veo: y su hija, una adolescente gilipollas que siempre se mete en movidas por ir de malota.
G1: Eh, sí, eh… bueno, pasemos por-favor-os-lo-digo al tema argumento, anda. Yo había pensado en que fuera un thriller psicológico, que el prota esquivara hábilmente la posibilidad de ser descubierto, que…
P: Me abuuurrooo… yo creo que el estilo que nos conviene es una mezcla de Charles Bronson y Harrry el sucio: ¿que un tiparraco viola a una camarera? Pues el sheriff le pega la paliza del siglo. ¿Rehenes en una escuela? El sheriff entra y les hace más agujeros que a la economía española. ¿Moteros macarras que aterrorizan Banshee? No hay nada que no pueda arreglar una palanqueta aplicada al cráneo.
G2: (Fingiendo emoción, mirando al productor). Claaaro, ¡y que el mafioso descubra dónde están los dos y mande a media Ucrania a cepillárselos!
G1: Oye, esto da para cinco temporadas, ¿por qué meter tanta mandanga en diez capítulos? ¿Se va a terminar el mundo, o algo? Además, os recuerdo que es un pueblucho en medio del campo, ¿no es estirar un poco la credibilidad?
P: Hay que hacer competencia a Starz, que con Espartaco dejaron el listón muy alto. Se nos olvida algo, joder, se nos olvida algo…
G1: (Temerosamente). Yo, así en plan parte emocional/sentimental, quería poner flashbacks jugosos… un poco de drama carcelario, la historia de amor con la hija del mafioso que sale mal, ya sabes… todos con una peluca y listos, que no tenemos presupuesto para maquillajes elaborados.
G2: ¿Pues sabes que tenía yo este personaje que me sobró de otra serie, una de cárceles? Un albino enorme, sádico, al que le va más la pluma que el pelo…
P: ¡Cojonudo! Y metemos escena de cuasi-violación en villa barrote; que el prota sufra algo, que le veo muy campechano y fresco, Y que se tire 15 añacos en el trullo.

Mira que quien lo prueba luego repite...

Venga, tonto, que quien lo prueba luego repite…

G1: (Casi llorando). Pues nada, muy bonito todo. El típico anti-héroe que parece el sueño húmedo de todo adolescente, que se toma la justicia por su mano, sigue chanchulleando si puede y hace como si estuviera en la guerra, donde todo agujero es trinchera.
P: ¡Por fin lo pillas! Chaval, tú tienes futuro en esto de la televisión. Me voy a hacer el casting: no quiero ni una sola cara conocida, que luego empiezan a pedir un millón por episodio como los impresentables de Dos hombres y medio.

Las imágenes son de imdb.com y de cinemax.com, la productora de la serie. No se ha maltratado a ningún guionista en la redacción de esta entrada

Sólo Dios perdona

Publicado: enero 8, 2014 de josemasaga en Película
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Ponedme en la portada, que soy el guapetón

Ponedme en la portada, que soy el guapetón

Drive, la anterior película del tándem director/actor protagonista de esta misma, me dejó bastante picueto. Cuánto se puede hacer con bien poquito, oye. Si no la conocéis, os conmino a que le echéis un vistazo, porque de verdad que merece la pena: género gangsteril actual con toques retro, repleto de cagadas monumentales de esas que Tarantino tan bien ha explotado. Veamos si puedo decir lo mismo de esta…

Parece ser que Ryan Gosling, el macizo protagonista (algo en lo que no estoy de acuerdo, por cierto… en lo de prota, no en lo de que esté de buen ver) se está encasillando, el chico. O eso o es que de verdad se pasó con el bótox y no puede sonreír sin que se le levanten los dedos del pie. Sus registros en la peli se limitan a mirar al infinito como si estuviera miope o le hubiera dado un aire, y ya. Algo que en Drive quedaba redondo, en Sólo Dios perdona (ahí, con mayúscula esa alusión a la suma deidad, qué respetuoso el productor y el traductor) pueda llevar a la exasperación, a ganas de darle una colleja a lo monja de colegio de la transición.

La cinta tiene lugar en un Bangkok poco creíble, con el silencio como telón de fondo; no es por tirarme el pliego (o sí), pero he estado allí y si creéis que un bar español es ruidoso, mejor no vayáis. Está claro que es un recurso del director para acentuar el malsano e inquietante ambiente que la permea, pero me rechina por completo. Gosling es el capo de una organización mafiosa que trafica con droga, y que mantiene una tapadera en un gimnasio-ring de Thai boxing. Su hermano es parte del cotarro, hasta que, sin que sepamos a cuenta de qué, le da por asesinar a una chiquilla y quedarse como un pasmarote hasta que le ajusticia el padre de la susodicha. Esto provoca la aparición de la madre de ambos angelitos, una Kristin Scott Thomas en un papel de madre hija de puta totalmente insólito en ella, y que la muy jodía borda. Al contrario de la fama que me he ganado, no desvelaré el final de la historia, pero por supuesto todo va de mal en peor y el baño de sangre resultante es épico.

Dale un besito a mamaíta

Dale un besito a mamaíta

No sé ni por dónde empezar. Por un lado, el papelón del pobre Gosling: vaya mierda de personaje, querido. El auténtico prota es el jefazo del detective Tailandés, que seguramente quería salir en una peli de samuráis pero se conformó con pasear la mini-katana por esta producción. Haciendo alarde de una frialdad brutal, se pasa el exiguo metraje seccionando miembros y torturando a placer, mientras que en escenas aparte se le muestra dándolo todo en un karaoke. Da escalofríos, y simplemente su personaje merece la película. Eso, o se me escapan las implicaciones culturales de este país asiático (que también es posible).

El director hace uso y abuso de la cámara fija, creando más que escenas, fotografías o incluso cuadros (he contado sólo tres escenas en las que hubiera un travelling o movimiento alguno de cámara). Esto, junto con el ritmo lento y las grotescas y extrañas situaciones, le confieren a algunos momentos un aspecto de insólito costumbrismo contemporáneo mezclado con la horterez inherente a la cultura Tailandesa. Sí, lo siento, son horteras a más no poder, incluso en sus demostraciones folclóricas (bueno, como lo son las de todos los países y culturas).

Si a esto le sumamos una banda sonora apabullante, que crea una atmósfera opresiva y agobiante, y la cualidad Lynchiana de la luz, con sus rojizos tonos, sus salones y habitaciones con rincones a oscuras, tenemos que aunque es una historia en apariencia muy realista, a veces parece que estemos contemplando un fragmento de sueño, una fantasía paranoide. Además, algunas escenas juegan con la total ambigüedad de si son provenientes de la imaginación de Gosling, o ensoñaciones, o nada de ello. Cacao maravillao, pero a mí estas rayadas me gustan, qué se le va a hacer.

Por último, esta cinta tiene una característica muy curiosa, algo en lo que no suelo pararme a pensar, pero que en esta ocasión fue patente casi desde el principio: no me sentí identificado con nadie en la peli. Con nadie, repito: ni para bien ni para mal. Son un compendio de seres humanos deplorables, angustiantes, patéticos, sin ninguna cualidad que les pueda redimir. Es que ni la supuesta prostituta cuenta con mi conmiseración o empatía. A ver qué otro director puede conseguir eso; no es moco de pavo, oiga.

De la trastienda: Old boy

Publicado: diciembre 27, 2013 de josemasaga en De la trastienda, Película
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Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos

Un buen día te despiertas en una habitación de hotel muy sui generis, sin saber cómo has llegado allí, sin poder salir, sin contacto con ningún ser humano. Cada día te duermen con un gas soporífero, te dan comida, limpian y abastecen la habitación, te cortan el pelo. No, no es una temporada en un spa, es el punto de arranque de Old boy, cinta Surcoreana del 2004 y que ha alcanzado el etéreo y dudoso estatus de peli de culto.

No nos engañemos, el cine asiático (así, a cascoporro, metiéndolo todo en el mismo saco) no es muy popular en Europa en general y España en particular. Las películas que nos llegan del lejano oriente son las más occidentalizadas, las más similares a nuestros domados y anodinos gustos, y muchas veces están repletas de clichés y lugares comunes. Eso, si no las adaptan del todo haciendo el clásico remake del que tanto y tan bien se alimenta Hollywood. De hecho, esta misma peli cuenta con uno, aunque no tengo ni idea de qué tipo de engendro será.

Volviendo al argumento: Oh Dae-Su (que dudo que sea algo así como Juan o Miguel en castellano, la verdad) se pasa 15 añacos encerrado en una extraña prisión, sin ton ni son, y cuando está a puntito de escapar a través de un túnel penosamente horadado con un palillo (de los de comer, no de los de hurgarse la piñata) es liberado; por si no fuera suficiente, queridos sádicos, se entera de que su mujer ha sido asesinada y de que le han cargado el mochuelo a él. Os reto a encontrar un comienzo de película más intrigante, peregrino y cruel, todo en un cómodo pack. Como podéis imaginar, no corre presto a su oficina del paro más cercana a reinsertarse en la sociedad, si no que sale más bien cabreado y con ganas de decirle un par de cositas al que le ha enviado de vacaciones forzosas una temporada.

"¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!"

“¡Servicio de habitaciones! ¡Tráigame la hoja de reclamaciones!”

Y es que, oiga, quince años dan para mucho si los gestionas bien, y Oh Dae-Su (¿no sería genial tener un amigo con este nombre?) se aplica con tesón a auto-entrenarse y ponerse como un toro para el día en que pueda vengarse. Sí, lo habéis adivinado: la violencia ocupa la mayor parte del tiempo de esta historia, y desde ya os digo que no es la típica violencia a la que estamos acostumbrados por estos pagos. Las pocas películas Surcoreanas que he podido ver han sido las que, con diferencia, más me han impactado en este apartado; tanto la violencia física de chorretones de sangre y hostias como panes como la mental o verbal, de hechos o situaciones límite. No digo más al respecto, porque esta vez no quiero destripar uno de los momentos cumbre de la historia.

Sí puedo mencionar escenas brutales, visualmente perfectas y que dan mil vueltas a supuestos maestros del género occidentales: la pelea al más puro estilo arcade (vista lateral, scroll de izquierda a derecha) de los ’80 en la que el prota se enfrenta en un estrecho pasillo, martillo en ristre, a chorrocientos enemigos armados con palos; el festín de sushi en el restaurante de Mi-Do (la otra prota) con ingestión de pulpo vivito y coleando incluida; la rutina diaria de Oh en esa Lynchiana habitación de hotel durante tres lustros; el persuasivo método de interrogatorio, usando el arranca clavos de un martillo para una poco ortodoxa extracción dental…

Pero claro, lo que como espectador occidental llama poderosamente la atención por su originalidad o carácter atípico también puede llegar a extrañar o aburrir. El ritmo y cadencia del cine oriental son chocantes, con momentos de calma chicha en los que no dejas de mirar el reloj y en los que los minutos se convierten en horas, y otros de total confusión y un tropel de imágenes y situaciones a veces indescifrables. Además, está claro que hay un subtexto, un lenguaje corporal, un doble sentido que se nos escapa; un tratamiento del humor y el drama que a mis ojos parece infantil o forzado o marciano; y unos diálogos o ausencia de estos que en apariencia no tiene sentido. Hay una diferencia cultural, no se puede negar.

En definitiva, un film muy recomendable para ampliar fronteras y realidades cinéfilas, con un desarrollo y un desenlace completamente inesperados, con personajes complejos y oscuros, una estética dura, cruda, y muy poco común y una auténtica montaña rusa de sensaciones y emociones. Eso sí, tómate un café o un Red bull, porque son dos horas como dos soles; es lo que tiene el estándar occidental de la hora y media escasa, que nos ha malacostumbrado.

Imágenes obtenidas de allmovie.com y imdb.com